¿QUE TENDRÁ LA PRINCESA?

¿QUÉ TENDRÁ LA PRINCESA?
ALEJANDRO MAGNO de Oliver Stone.
Roland Barthes decía que sin Edipo y su mitología no habría narración (literaria, cinematográfica...). El Rey, el padre, la madre, el trono, la sangre. Basta con ver las noticias para saber que la monarquía sigue siendo una fantasía poderosa sobre nuestras vidas de ciudadanos de la polis, una mitología que necesitamos, repudiamos, añoramos o de la que renegamos con furia. La reina (The Queen) de Frears, El Rey Lear, El Rey desnudo, La Malvada Reina… Alejandro fue según la película de Stone algo más que un Rey. Fue un emperador, un semidiós. Si la gran injuria griega fue deshumanizar a Safo, poetisa y musa lesbiana, para convertirla en Diosa, Stone no se ha atrevido ni a desexualizar a Alejandro ni tampoco (taquilla manda, Gran Estudio impera) a convertirlo en “reina” en condiciones. Me explicaré.
Entramos en la Historia con Mayúsculas, tras unos títulos de crédito ampulosos, con una potente banda sonora, que más parecen el comienzo de un filme de ciencia-ficción que de un filme histórico o un peplum ambicioso; pero si a la superproducción la despojamos de mapas amarillentos, de ínfulas imperiales, de largas batallas, sangre, celos y venganza ¿Qué nos encontramos? Con tres escenarios fundamentales en el filme: el lecho materno, el lecho conyugal y el lecho de muerte, todos bellamente fotografiados e iluminados por antorchas. Y ¿en medio de todo? Un príncipe melancólico que reclama el anillo que un día dejó atrás para arrasar a Europa, para conquistar terrenos, para invadir pueblos extranjeros a través del hermanamiento. El amor interracial y el amor incestuoso, la alcoba del rey nos siguen fascinando. Stone ha desexualizado a Hefestión (convertido en un Jared Leto insulso petrificado), a demonizado a Jolie pero Farrell (un actor en alza) rezuma carnalidad por todos los poros en su papel, incluso antes de ser él mismo: Magno Alejandro, en filme. Así su personaje es sobre todo una infancia que va a determinar una toda una vida. Una infancia atormentada y una adolescencia a la nueva usanza que fascinan a Hollywood. Olimpia, Filipo, Edipo, Medea, el caballo, el anillo y las serpientes.
Hay algo de la herencia de Kane-Welles (ciudadano-emperador, de infancia errática y juventud ambiciosa) y algo de irreal en los vericuetos que toma la historia. El filme parece, dotado de varios prólogos, haber sido cortado por muchas partes, oscilar entre un drama delirante, la comedia negra y una pretenciosa reconstrucción histórica. La sexualidad es un tema central y a la vez silenciado en el filme; porque aunque Alex-Farrell conoce “muchas formas de amar y odiar” solo pone algunas en práctica. Bagoas y los muchachos persas, la princesa Roxana de mirada felina piel Oscura, Olimpia esperándolo impaciente desde Atenas , ese padre juerguista y carnicero al que nunca llega a matar del todo, ese Hefestión de mirada insinuante que reclama inútilmente un huequito en su lecho imperial…
Stone intelectualiza el peplum, más que Scott en “Gladiador” y mucho más que Petersen en la también homoerótica “Troya”, casi tanto como Kubrick y “Espartaco”. Pero las voces que lo intelectualizan son voces varoniles y autorizadas, voces en off o en on, que determinarán la vida de Alejandro, que cosifican a Olimpia, que dibujan mapas en la arena.
Aristóteles, pilar de la misoginia y homofobia griegas, Ptolomeo y la “Historia con mayúsculas”; una historia de libros polvorientos frente a esas historias con minúsculas de las imágenes, unas imágenes que rezuman odio, amor celos, crueldad, pasiones insatisfechas. La separación entre lo privado y lo público está presente en la vida de los Grandes Hombres, de las princesas de los cuentos de hadas, de los guerreros y los monarcas.
Alejandro es un gran estratega, un batallador incansable, pero también un rey melancólico, un príncipe triste. La princesa está triste ¿Qué tendrá la princesa?
Alejandro es un gran estratega, un batallador incansable, pero también un rey melancólico, un príncipe triste. La princesa está triste ¿Qué tendrá la princesa?

1 Comments:
No tengo buen recuerto de esta película. Quizás era muchas cosas, muchos temas a desarrollar. Muy confusa. Un guión con muchas lagunas, o una edición coartada por la duración.
REcuerdo además que no me quedé con buen sabor de boca siquiera con lso actores. Ni Jared Leto, que es un actor que me ha gustado siempre hasta físicamente, me llegó. O quizás él menos que ninguno. Y Colin Farrell... tampoco me convenció. Farrell creo que tiene a sobreactuar en muchas ocasiones. Y si no está domado por el director, acaba cansando. Y más en una cinta que, además e larga, son escasas las escenas y planos en los que no sale.
vendió mucho en esta película la relación entre Alejandro y Hefestión. Una relació apenas insinuada. Es más clara casi el deseo de Alejandro hacia alguno de sus sirvientes que hacia Hefestión. Y siempre basado en alguna mirada fugaz, o alguna caricia ligera. Casi en Espartaco, eran más claras esas insinuaciones. Stone sule tener fama de valeinte, pero creo que, en muchas ocasiones, se queda a medio camino. Desde Platoon, creo que no ha sido valiente. Y además, creo que ha perdido la capacidad de llevar el ritmo que, las historias que cuenta, requiere.
Muchos besos.
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