BULLYNG Y HOMOFOBIA EN LAS PANTALLAS

“Deja de imitar a ese marica. Somos el hazmerreír de todos” – le grita con furia Christian a su hermano Zach mientras los compañeros de escuela hacen burla y comentan frente a las ventanas de la casa familiar. Es una secuencia de una película estrenada, con éxito de público y critica, este mismo año: “C.R.A.Z.Y”, pero también podría ser un momento de la vida de muchos adolescentes gays, de ayer y hoy.
Hace al menos un par de décadas que el cine, comercial e independiente, viene incorporando historias acerca de la infancia y adolescencia de gays y lesbianas con sus correspondientes narrativas acerca del “coming out” (salida del armario) ante la familia, la escuela, el entorno social, los amigos… Podríamos decir que este tipo de filmes son ya casi uno de los subgéneros más relevantes dentro del cine LGTB. No obstante ni las calidades son siempre equivalentes ni en todos los casos ni el alcance, social, político o humano de las diferentes propuestas es idéntico. Desde la comedia al melodrama el séptimo arte parece haber incorporado ya a los y las jóvenes que se descubren “raritos”, en este caso ajenos a la norma heterosexual que se inculca desde la más tierna infancia. Algunos de estos filmes también retratan, con más o menos realismo, y con mayor o menor crudeza, el acoso escolar homofóbico, el bullying que sufren estos niños y niñas o adolescentes por mostrarse tal y como son en un entorno en ocasiones hostil. Algunos de éstos son ya señalados- por compañeros o profesores- antes incluso de que lo hayan dicho a nadie: ni a su familia, ni siquiera a sí mismos. El cine español, salvo casos puntuales, ha ido muy a la zaga en este asunto y los primeros ejemplos vienen de otras cinematografías europeas o del cine norteamericano (Canadá, cine independiente estadounidense).
Uno de los filmes más completos sobre el enfrentamiento de un joven a toda una comunidad escolar homofóbica donde, no obstante, su gesto final, un largo y sincero discurso, hace cambiar varias posturas es la deliciosa Get Real, una comedia dramática dirigida por el británico Simon Shore. En ella Steven, el joven protagonista, sufre burlas y ostracismo por parte de los más gallitos del colegio y tiene como única confidente a una chica gordita, tampoco muy bien tratada por el entorno. Su gesto final se ve recompensado por el apoyo de un amplio sector de la comunidad escolar pero durante el filme apreciamos cómo la ausencia de modelos y el machismo circundante lo han convertido en una “oveja negra”, enamorado además de la guapa (y armarizada) estrella del equipo deportivo masculino del instituto. El director de “Cosas que hacer antes de los treinta” logra que su filme, realizado hace ya diez años, sea recordado todavía como un ejemplo de la búsqueda del amor y la necesidad de ser “uno mismo” en entornos donde los modelos de masculinidad y feminidad aparecen claramente remarcados.
De feminidad y masculinidad habla también el delicioso musical Mi vida en rosa, del realizador belga Alain Berlinier. El pequeño Ludovic es un niño que no sólo prefiere disfrazarse de niña ante propios y extraños, lo que ya origina los primeros quebraderos de cabeza en su entorno familiar- sino que se siente niña y se autodefine como tal, desde sus primeras aventuras amatorias infantiles. De la familia al colegio, con la consabida visita al suficiente psicólogo, su resolución de no ajustarse a un modelo binario de género causará situaciones alternativamente divertidas y trágicas y el filme se resuelve en el plano, propio del género musical, de la fantasía onírica.
Las lesbianas también se han enfrentado a la murmuración, el insulto y la sospecha en el colegio, por preferir a otras chicas o amar a una compañera de clase como ocurre en Fucking Amal, un filme en tono ligero realizado por el escandinavo Lukas Moodsyson. A la presión de vivir en un pequeño pueblo, el jodido Amal a que hace referencia el titulo, se suma primero la invisibilización –son sólo amigas- y posterior escarnio – son mucho más que amigas- que padecen Agnes y Elin, dos chicas enamoradas que, a pesar de todo, no se arredran ante las circunstancias.
En todos estos filmes podemos ver la continuidad entre el silencio o la presión familiares, la burla y el desprecio en el medio escolar y las escasas alternativas y modelos a los que pueden agarrarse estos chicos y chicas que en edades tempranas deben ya enfrentarse a la injuria. Lo vemos de un modo muy detallado en la reciente C.R.A.Z.Y del canadiense Jean-Marc Vallèe que inspirándose en la propia infancia, adolescencia y juventud de uno de los guionistas del filme, nos cuenta, con sensibilidad, inventiva audiovisual y toques de humor, la odisea de Zach un muchacho que niega su homosexualidad para no perder el afecto de su padre –machista y egocéntrico- En este caso el entorno escolar no sólo le causa problemas a él sino también a sus hermanos, que sufren ataques y se ven envueltos en peleas con los chicos de su edad.. Zach está a punto de llegar al suicido por empeñarse en cumplir con unos patrones de “normalidad” que se vuelven contra él y que irán mostrando la absurda y cruel sarta de prejuicios-religiosos, culturales etc.- en los que se sustentan.

(Una versión de este artículo apareció en la Revista Zero nº 93)
