Wednesday, September 30, 2009

EL TIEMPO QUE QUEDA







LE TEMPS QUI RESTE (EL TIEMPO QUE QUEDA)
¿La mirada inocente?







“(…) Unas veces son imágenes subjetivas, recuerdos de infancia, sueños o fantasías auditivos y visuales donde el personaje no actúa sin verse actuar, espectador complaciente de el rol que él mismo desempeña..
Gilles Deleuze “La imagen-tiempo. Estudios sobre cine II”





La muerte y su aceptación. La memoria y la herida. El egocentrismo y la entrega. La desdicha y la felicidad. La juventud y la vejez. La playa y la muerte. Las fotos como retratos superficiales de realidades físicas artificiales o como desvelamiento de aspectos ocultos del “alma” humana. La imagen y el espejo. La pérdida y la separación. La huida y el reencuentro. La familia y la soledad. La disputa y la reconciliación. El tiempo que pasa irremisiblemente. La historia que puede, y no, cambiarse. La mirada hacia atrás y hacia adelante. Los seres queridos, los no tan queridos, los recuperados. El estrellato y la cotidianidad. Las miserias íntimas. La ternura íntima. El encuentro con la muerte y el miedo a ésta y a la vida. Homo y bisexualidad. Descendencia y permanencia. Amor a dos y a tres bandas. Padres e hijos. Matrimonios heterosexuales y esterilidad. Trabajo y arte. Homosexualidad y procreación.




Ozon dentro de la tragedia -abordada, como veremos, de un modo harto singular- incluye una de sus características situaciones que, sin parecerlo, resultan divertidas o cuando menos estrafalarias, provocando una mezcla de empatía y distanciamiento en el espectador/a. Me estoy refiriendo naturalmente a la secuencia del ménage à trois con el que Romain deja embarazada a la camarera del bar de carretera (encarnada por Valeria Bruni-Tedeschi, la protagonista femenina de “5x2” y realizadora y estrella absoluta del simpático filme francés “Es más fácil para un camello…”) Al principio Romain había rehusado la petición de ésta y su marido: “no quiero tener hijos” afirma Ya hemos visto, en una de las primeras secuencias del filme, cómo no congenia demasiado con sus sobrinos, no porque no le gusten los niños, según manifiesta con inusitada dureza, sino más bien porque son los hijos de su hermana con la que mantiene una tensa relación. Romain hasta el final se resiste a hacer fotos a los suyos.






El niño que fue, con su intensa, tierna y a la vez hierática y escalofriante mirada, aparece de modo esporádico en la imaginación del protagonista y a los ojos de los espectadores, sobre todo ante el espejo, o en los recuerdos que le suscita el bosque donde va a buscar a su abuela anciana. Cuando, abriéndose de un modo particular al mundo, en su proceso de aceptación de la muerte, de su propia ausencia en un entorno en el que hasta entonces era una especie de estrella, el protagonista accede a inseminar a la mujer, El director sitúa al matrimonio y al joven fotógrafo en una pequeña habitación en la que ella aparece tumbada en la cama, en una posición de espera casi mortuoria, vestida únicamente con ropa interior. El marido parece que va a limitarse a mirar. Es una situación a la vez terriblemente incómoda y divertida. Ozon hace que el marido -para facilitar la excitación de Romain que es gay- acabe participando activamente en ese coito en el que lo que se pretende es la fecundación de la esposa, ya que él es estéril. Ozon parece reírse por un momento de la seriedad con la que ha abordado la tragedia de este joven fotógrafo condenado a morir, que, a priori y a pesar de su dolorosa situación, no es simpático al público, pero al que éste termina comprendiendo y hasta amando. Recordemos, en un tono mucho más irreverente, la secuencia en la que los cuatro malavenidos protagonistas de la fassbinderiana tragedia de “Gotas de agua sobre piedras calientes” se arrancan a bailar y cantar, sin ningún sentido del ridículo, una ensayada pero torpemente ejecutada coreografía al son de una famosa canción de Rafaela Carrá (¡cantada en alemán!) o las escenas a tres, a cuatro o a ocho de otros filmes del realizador francés. Ozon nunca renuncia del todo, incluso en sus filmes más graves y serios- y estamos ante una tragedia en toda en regla-, al humor corrosivo y la extravagancia; a cierta ironía negra, a cierto bretchiano distanciamiento, a cierto gusto por la hipérbole que lo había caracterizado sobre todo en sus primeros filmes. Alcanza, en cambio, un momento de enorme gravedad cuando Romain y su abuela (una envejecida e intensa Jeanne Moreau, que renuncia a cualquier tipo de glamour y embellecimiento) intercambian confidencias. Ella, recluida en una casa de campo, es un personaje femenino plenamente ozoniano, con su reclusión espiritual, su alejamiento del mundo, su satisfecha soledad y su dificultoso pasado, una suerte de hada buena recluida en esos bosques por donde han paseado tantos personajes de su cine.. Ella encarna una fuerza positiva en el mundo, físico y espiritual del protagonista masculino que se derrumba.. La anciana es el único personaje del filme, aparte de los dispositivos médicos, al que Romain confía su grave secreto- enfermedad (el cáncer que se ha apoderado de su cuerpo joven ) y ambos entablan un diálogo interesante y desgarrador sobre la soledad, el amor y el egoísmo. Una relación intimista en la que algunos comentaristas han querido ver ciertos rasgos incestuosos.




“Le temps qui reste” ha sido inoportunamente comparado con la mediocre, falócrata y efectista “Las noches salvajes”, dirigida y protagonizada por Cyril Collard, o con la mucho más descarnada y ascética “Son frère”, notable obra del todavía aquí mal conocido Patrice Chereau ( realizador que ya se dio a conocer con “L´homme blessé” igualmente lúcida y pesimista). Pero por ahora hay que verla como un eslabón coherente e importante en la obra del realizador parisino, capaz de sorprendernos en sus cambios de registro temático que no rompen su trayectoria estilística, su inventiva plástica- aquí plasmada en un elegante formato alargado- y su particular visión de las debilidades humanas. La deriva espiritual de Romain, su huida de una cotidianeidad que ya ve de otro modo, se plasma en la deliberada tensión que pone en su reencuentro, después de recibir la noticia de su incurable enfermedad y de rechazar la quimioterapia, en una agresiva actitud hacia su hermana o en la tensa escena de sexo con su joven amante, donde Ozon reproduce una situación de desigualdad dentro de una pareja pues el protagonista, gracias a su éxito profesional, mantiene económicamente a un chico más joven que él. La oscuridad, la tensión sexual y los estadillos de violencia física o verbal presiden estos encuentros que ponen al espectador, durante el primer cuarto del filme, en su contra o al menos en guardia con respecto al carácter del protagonista, aunque se le haya concedido el privilegio de conocer su terrible secreto.




Como en “5x2”, Ozon disecciona de un modo poco convencional un drama privado, íntimo, a la vez que plantea desde su personalísimo punto de vista cuestiones que todavía resultan espinosas para la sociedad francesa actual como la homoparentalidad, el sexo fuera del matrimonio, la infidelidad matrimonial, la inseminación, las nuevas formas de relación y la adopción o la ruptura de los lazos afectivos más tradicionales. Aunque “Le temps qui reste” es, a diferencia del puzzle que constituye la arquitectura narrativa ya no tan original de “5x2”, una narración lineal y cronológicamente coherente -salvo los breves y oníricos flash-backs de la niñez de Romain-, resulta una vez más un filme fácilmente divisible en actos. Y también una película en la que se da mucho juego a actores y actrices para el lucimiento, pese a que tengamos, a diferencia de otras obras suyas construidas sobre tríos, bino o polinomios , a un protagonista absoluto. Como en “Sous le sable” (otro filme sobre el luto, en este caso el de un ser querido) o como en “5x2”, un drama sarcástico sobre “la muerte del amor”, la acción concluye en la playa, a la orilla del mar. Pero, si en las imágenes finales de los trabajos citados se nos transmitía un raro optimismo y una extraña calidez, en este caso se trata de un final melancólico- con ecos viscontinianos- para una historia trágica que, no obstante, pretende en el fondo contener un mensaje de esperanza y redención.“Le temps qui reste” es, seguramente, y a pesar de sus imperfecciones y ambigüedades éticas, uno de los filmes mejor rodados de Ozon, si no el mejor (junto con “Swiming pool”), con una maravillosa fotografía, utilizando con inteligencia por primera vez el formato panorámico y logrando un extraordinario contraste entre luz natural, artificial y oscuridad sólo comparable a la sinfonía cromática que componía, en un tono mas tenue, otro filme suyo sobre el la pérdida, el duelo y la melancolía: “Sous le sable”.




Muchos críticos, un tanto apresuradamente, han visto la sombra del SIDA planeando sobre el último trabajo de este director, que obtuvo la espiga de Plata en Festival de Cine de Valladolid, y Ozon tuvo que aclarar, con inteligencia, que aquí el tema es otro y que realizar un filme sobre el VIH está entre sus proyectos, pero aún no se siente preparado para hacerlo. Se le han adelantado, de diferentes formas, Patrice Chereau con la agria “Son frére” y sobre todo el cálido André Téchiné de “Les témoins”, pero sin duda la propuesta del joven parisino – si llega- tendrá un carácter personalísimo.

Sunday, August 30, 2009

CURRICULUM OCULTO. Un artículo rescatado.













LA MASCULINIDAD ALMODOVARIANA

Y SUS LÍMITES EN "LA MALA EDUCACIÓN"

















"Enrique, creo que lo conseguí..."







No soy un devoto incondicional del cine de Almodóvar, aunque considero que hasta en sus peores películas hay aspectos interesantes para los que nos dedicamos a analizar la cultura y el cine teniendo en cuenta las cuestiones de género y diferencia sexual. "La mala educación" al contrario que sus dos anteriores filmes ha sido recibida con cierta frialdad por gran parte del público y la crítica especializada. El director de mujeres de "Que he hecho yo para merecer esto" o "La flor de mi secreto" vuelve a abordar una historia de hombres tras varios años de filmes consagrados a los retratos femeninos (si exceptuamos, en parte, esa fascinante rareza que es "Hable con ella"). No son tantas las ocasiones en que Almodóvar ha tenido protagonistas masculinos y - a pesar de las lecturas camp, de la estética equívoca y los aspectos “perversos” de todos sus filmes, - es la segunda vez que realiza un filme sobre las relaciones amorosas y sexuales entre hombres gays. De nuevo como ya ocurriera en "La ley del deseo", un filme estrechamente ligado a "La mala educación" en más de un aspecto, el resultado causa más desconcierto que entusiasmo entre sus seguidores con la particularidad de que la representación más o menos explícita de la homosexualidad en el cine español ha dejado de ser tan novedosa como cuando surgió su "Law of desire" , perdiendo, de en consecuencia, parte de su atractivo trasgresor.






La película aporta, no obstante, un enfoque nuevo al incorporar los temas de los colegios religiosos (el nacionalcatolicismo de la España tardofranquista, vigente en los últimos años de la vida del dictador e incluso después, la derecha española y sus secretos de alcoba ) y los abusos a menores- bien tapados- por parte del sacerdocio. Pero las expectativas creadas en torno a estas temáticas quedan frustradas si se espera algún tipo de denuncia, profundización, alegato o sincera autobiografía ya que ni la infancia ni la homosexualidad son el eje del relato sino dos elementos más. Elementos que quedan aún más distorsionados por lo rocambolesco de la trama y el tratamiento irónico y distanciado del director.




Las relaciones masculinas en el cine de Almodóvar, al contrario que muchas de las relaciones entre mujeres que aparecen en sus filmes, suelen estar marcadas por la competitividad, el recelo y las relaciones de poder (véase "Matador" o "Carne trémula") . En "La ley del deseo" la relación entre el personaje de Eusebio Poncela y sus dos amantes es la relación de un demiurgo con sus criaturas, de un creador ególatra que se sabe con talento hacia dos chicos desorientados a los que posee más que ama. Al rescribir las cartas de amor que éstos le envían nos demuestra su propia incapacidad para mostrar sentimientos de verdadero afecto hacia ellos. En "La mala educación" la vanidad del director y el actor chocan en varias ocasiones y las relaciones sexuales no surgen de la compenetración tanto como de la rivalidad, la autoafirmación, la vampirización o el deseo ocasional. La dependencia, los (re)celos, la inmadurez afectiva y la búsqueda de un lugar en el sol enturbian lo que puede haber de auténtico en su acercamiento mutuo. Mención aparte merecerían los papeles de Javier Cámara en "Hable con ella", Eloy Azorín "Todo sobre mi madre" y Tamar Novas en "Los abrazos rotos" tres hombres heterosexuales que no lo parecen bien sea por sus gustos, su delicadeza o por su forma obtusa de acercarse a la sexualidad considerada "normal"






El director de "Hable con ella" parece sentirse más suelto ante los personajes femeninos, más dispuestos a interactuar y a resolver las situaciones complejas sin tantos momentos de violencia soterrada o abierta hostilidad entre sí. La rivalidad entre mujeres parece, casi siempre, poder resolverse mientras que los varones almodovarianos, recluidos en su torre de marfil o simplemente a la deriva y en búsqueda de una identidad perdida, suelen acabar condenados a la soledad.

La figura del "travesti" que aparece ya desde sus primeros filmes no supone realmente una alternativa a la masculinidad hegemónica (con alguna excepción como la transexual Agrado de "Todo sobre mi madre") sino una imitación de una feminidad grotesca tomada del melodrama, el vodevil y cercana al estereotipo. Así personajes como el Miguel Bosé de "Tacones lejanos" (serio juez de día y rutilante estrella nocturna) debe conformarse con aproximarse a modelos femeninos prefabricados limitando su capacidad performativa en aras de una idealización esencialista de “mujeres reales”. El personaje de Gael García Bernal decide tomar "clases de pluma" con la ayuda de un/a imitador/a de Sara Montiel pero no parece mostrar mas afinidad con su personaje que la de recrear una ficción imposible, la de encarnar a su hermano/a muerto, la de continuar un engaño, la de conseguir el éxito y a la vez limpiar su conciencia.






El camp y el kitch, algunos de los elementos más destacados por los críticos anglosajones, aparecen en esta ocasión unidos a la memoria cinéfila en la que se mezclan las estrellas de Hollywood con sus imitadoras en el cine de español franquista (“que guapa es Sara” dice uno de los niños en el cine al ver a Sara Montiel en uno de sus rancios musicales con pretensiones). Así la iconografía escapista de Hollywood se mezcla con la imaginería religiosa de las escuelas represivas y con la cutrez de una España oscurantista que sigue pesando sobre el presente y el futuro de los protagonistas en los años ochenta. “La basura está en alza” dice Ignacio al sacerdote, amenazándole con revelar a los medios de comunicación de masas los abusos de los que fue objeto en su infancia. Y, aunque añade “Ahora se valora más mi libertad que su hipocresía”, tenemos la sensación de que expresa más un deseo incumplido que la constatación de un profundo cambio social. Al presentar los abusos sexuales como desencadenantes de la crisis de identidad y de las diferentes trayectoria de los dos alumnos Almodóvar se muestra más comprometido que en otras ocasiones pero de nuevo simplifica a unos protagonistas que no dejan, por momentos, de rozar el estereotipo. Lo más meritorio de sus caracterizaciones es la mezcla de frialdad y vulnerabilidad que intuimos, a ratos, en el personaje de Fele Martínez y la capacidad camaleónica de Gael García Bernal, una acertada elección si tenemos en cuenta que se trata posiblemente del más cotizado y admirado galán en alza del cine latinoamericano reciente.






Como en "La ley del deseo" el tono de la narración es sombrío, el reencuentro entre los dos antiguos compañeros está lejos de ser feliz y la suplantación de identidades conduce a enredos que se alejan del tono de comedia sofisticada con tintes hollywoodienses de "Mujeres al borde de un ataque de nervios" . La muerte y la soledad planean sobre todo el filme, la muerte por accidente (otra coincidencia con el citado filme de 1987) o por un asesinato que parece o se hace parecer un accidente. El humor, en ocasiones esperpéntico, se ve agriado por las siniestras implicaciones de las acciones u omisiones de los personajes. Como en "La ley del deseo" un personaje transexual vuelve a una iglesia para visitar a su sacerdote-“educador” lo que reafirma el interés del director por hermanar estéticas a la vez opuestas y complementarias, mundos antagónicos pero secretamente interrelacionados. La iconografía católica tiene un gran juego para el director de "Entre tinieblas" aunque parece más interesado por su lado ornamental que por sus implicaciones ideológicas. Si comenzaba "Átame" con la imagen de una estampa del Sagrado Corazón y concluía "La ley del deseo" con una recreación homerótica de “La Piedad”, en "La mala educación" el colegio religioso es un rito de paso traumático pero también un lugar donde conjugar el kitch con el tradicionalismo hispánico. Así el cine se erige como lugar de escapismo, de reconstrucción de una identidad tullida a partir de las imágenes inalcanzables de las glamurosas estrellas femeninas.






La confusión entre realidad y ficción es una de las bazas más criticadas del filme en base a un guión algo confuso donde se entremezclan ambos planos. Algo que Almidonar ya experimentó en otros filmes donde no faltan las citas cinéfilas y los homenajes. Si en "Todo sobre mi madre" hay referencias a "Un tranvía llamado deseo" y "Eva al desnudo" que se insertan en la narración (dos clásicos y dos clásicos campy reapropiados por el publico gay-lésbico) aquí los referentes se encuentran en el propio filme, en el juego de cajas chinas entre la realidad vivida, los recuerdos novelados (un relato breve titulado “La visita”) y la película que ruedan a partir de ese relato. Varios flashbacks salpican el filme que concluye con una serie de incómodos letreros que nos explican lo que sucedió con los personajes “después de...”. Como en "Tacones lejanos" o "Todo sobre mi madre" Almodóvar trata de llevar hasta sus últimas consecuencias la máxima wildeana de que “La vida imita al arte” planteando una confusión lúdica entre ambas.






De colores saturados y tonos chillones que refuerzan la sensación de irrealidad que se desprende del relato, con algunos interesantes movimientos de cámara y un tono pausado poco habitual en su filmografía, "La mala educación"- virulento análisis de la represión, la codicia y la pérdida de la estabilidad- es otra muestra de las posibilidades y limitaciones del cine de Almodóvar, de su intento de apropiación de la cultura popular y las estrategias del folletín y de su tan comentada como superficial desestabilización de los géneros y de las identidades sexuales. Lo sacro y lo profano, lo masculino y lo femenino, lo homo y lo hetero, la realidad y la ficción.

Tuesday, August 18, 2009

EL NIÑO PEZ




“El niño pez” es la segunda película de la realizadora Lucía Puenzo tras su sonado debut con “XXY”, un filme más valorado por su temática (el hermafroditismo) que por sus desiguales resultados artísticos. Con “El niño pez” Puenzo se consolida como una directora inquieta y dispuesta a hurgar en los misterios de la feminidad juvenil, de la sexualidad fuera de la norma, y en las tripas mismas de la sociedad argentina. De nuevo la protagonista es Inés Efrón, una joven actriz de limitados recursos, que da lo mejor de sí misma interpretando a Lala, una muchacha de la alta burguesía del país, locamente enamorada de la Guayi, que trabaja como criada en su casa familiar . Una historia de amor interclasista e interracial tratada en clave de fábula onírica, tal vez lastrada por el excesivo amor de la directora por las metáforas de su original literario, pero salvada por la forma de acercarse a las actrices, tratar con sinceridad los aspectos más espinosos del relato y no abusar de escenarios ni personajes.



“El niño pez” es la historia de un “amour fou” que parece condenado al fracaso cuando Lala asesina a su padre y decide vender sus bienes, pero es salvada por la directora a través de una pirueta narrativa bastante lograda en la que se nos muestra que la sociedad en la que viven y se aman Lala y la Guayi sigue siendo una sociedad dominada por el machismo y la corrupción en todos los estratos. Lucía Puenzo se arriesga al unir a dos personajes diferentes en una relación extrema tratada con una mezcla de naturalidad y fantasía y, aunque no escatima frases cursis, encuadres rebuscados ni algunas imágenes relamidas, aprovecha de forma inteligente esos tonos apagados y esa fotografía a la vez bella y tenebrista que ya utilizó para contarnos la odisea de la protagonista de “XXY”. Maltratada por la crítica, “El niño pez” es quizá un filme imperfecto pero está lleno de pequeños logros que nos acercan a la vida, el sexo, la familia, el dinero, el amor y la muerte de una forma peculiar y arriesgada.

Friday, July 10, 2009

EL PATINADOR Y LA MUERTE





PARANOID PARK





Con casi dos años de retraso y precedida por el relativo éxito de “Mi nombre es Harvey Milk” llega a las carteleras españolas “Paranoid Park”, una de las películas en las que el director de “Mala noche” se adentra nuevamente por los senderos de la experimentación lingüística y el retrato de una juventud desorientada. Incluida, algo a la ligera, en el bloque de obras que forman “Elephant”, “Last Days” y “Gerry” -todas realizadas con pocos actores y presupuesto- “Paranoid Park” es, seguramente, la más brillante de todas en su disección de los males que acechan a la sociedad estadounidense contemporánea y en el equilibrio entre sus ambiciones y logros artísticos . De nuevo, un escenario muy querido por Van Sant: los institutos de enseñanza media donde esos jóvenes mimetizan los peores valores de una sociedad enferma, y nuevamente una propuesta formal anti-narrativa apoyada en un esquema argumental más o menos coherente (aquí basado en una novela policiaca de Blake Nelson), que se desorganiza para que el relato adquiera su forma obsesiva y logre su sentido dentro de la mente de los actores. En esta ocasión el protagonista absoluto es Alex, un joven Squater, hijo de padres divorciados, que ve su vida solitaria desbaratada cuando mata accidentalmente a un guarda de seguridad después de una noche de juego.



Van Sant de nuevo combina imágenes hiperrealistas con otras de carácter onírico, aunque su apuesta es más contenida que en otras ocasiones y logra hacer un nudo en la garganta del público con ese diario íntimo de un adolescente embotado intentando dar sentido a un suceso que marcará su vida para siempre, pero que él no puede contar a nadie. Nadie está dispuesto a escucharle, todo sucede en tu interés . La cámara se encandila por igual con las imágenes semidocumentales de esos jóvenes patinadores en acción que con el deambular de Alex por las casas, los caminos, los parques de cemento y los pasillos del colegio donde estudia y descubre el sexo y la muerte con una extraña frialdad y desapego. La incomunicación, la pandilla, la búsqueda de afecto y la violencia soterrada en la sociedad norteamericana contemporánea son algunos de los temas de esta pequeña, pero bella y estremecedora, fábula sobre el asilamiento espiritual, la alienación y la pérdida de la inocencia.

Thursday, April 09, 2009

DE HERMANO A HERMANO





"Nuestras ciudades están increíblemente faltas de amor"

James Baldwin

Wednesday, December 17, 2008

EVENING



EL ATARDECER



“Se un hombre, escandaliza a tus padres”
Anne (Claire Dannes)



“Ni Wittgenstein ni la clase de filosofía ¿que hay para comer?
Buddy(Hugh Dandy)




“El atardecer” de Lajos Koltai recupera el valor en alza como guionista del novelista Michael Cunningham autor de “Las horas” y “Una casa en el fin del mundo”. Bellamente rodada y con un impresionante plantel de actrices de todas las edades, “Evening” no ha tenido la repercusión de los otros filmes en los que ha participado Cunningham a pesar de incidir en las mismas constantes: la familia y sus roles, el paso del tiempo, la muerte, la sexualidad, cómo se determinan el pasado y el presente y una reflexión ambivalente sobre los sueños incumplidos. “El atardecer” comparte con “Las horas” un impresionante reparto coral femenino y con “Una casa en el fin del mundo” una reflexión -menos importante, pero más acerada aún - sobre la imposibilidad de vivir la homosexualidad en EEUU en épocas de constricción moral y cortapisas espirituales.


El filme transcurre a lo largo de la agonía de Anne (Vanessa Redgrave). Recuerda ésta su juventud, en particular la ocasión en que se enamoro localmente de un hombre llamado Harris (Patrick Wilson) durante la boda de su mejor amiga en una lujosa mansión de Newport. Harris era idolatrado por todas las chicas del lugar, y aunque estaba enamorado de “Anne joven” (interpretada por Claire Dannes) se casó con una enfermera, tras esa larga boda que acabó convertida en tragedia. Una trama folletinesca salvada por esos elementos de modernidad y delicadeza que Cunningham y Koltai ponen a la novela original de Susan Minot, coguionista del filme.

Algunas imágenes de postal, remedos del melodrama clásico forzados y varios trucos característicos del cine de Hollywood no impiden que “Evening” sea un filme hermoso, una bella tragedia sobre los errores del pasado y la cobardía ante la autenticidad y de la dificultad de ser uno mismo ante un mundo patriarcal y asfixiante en el que las mujeres y los gays fueron educados en la renuncia. Hay varios protagonistas en un relato coral que, a pesar de la vitalidad de algunos momentos, deja un poso de languidez y amargura. Uno es Anne, otro es su hija Nina (Toni Colette), enfrentada a su embarazo, y Harris, pero desatasca la figura de Buddy al que da vida con intensidad Hugh Dancy -secretamente enamorado de Harris-, un personaje que parece salido de la pluma de Tennesse Williams. Destacable es un gran cameo: el de Meryl Streep como Lila, aquella chica que se casó con un hombre al que no quería.

Algunas de sus imágenes nos recuerdan a los melodramas de los años cincuenta, algunos recursos visuales son algo acaramelados y hay instantes algo convencionales pero otros están dotados de una extraña fuerza dramática: particularmente aquellos en que el director enfrenta a las dos hijas de Anne (Toni Colette y Natacha Richardson) o en los que encara-con mayor pasión aun- a “Anne Joven” con Buddy, sorteando la verdad, “guardando las apariencias”. La vitalidad de Redvrage y Dannes hacen creíble un personaje femenino complejo que mientras delira en su agonía hurga en las heridas de su pasado al tiempo que recuerda momentos felices como aquel en el que canta con felicidad y pasión en la boda de su amiga.


“Evening” es, como “Las horas”, una historia sobre la frustración de las mujeres del pasado vista por las mujeres del presente y “el futuro” y a la vez la historia de un personaje gay que se destruye por ser incapaz de enfrentarse a un mundo anticuado y varonil. El mismo mundo que retrata Cunningham en sus novelas y que han retratado con desiguales pero interesantes resultados Stephen Daldry, Nicholas Meyer y Lajos Koltai.

Friday, October 31, 2008

¿SEGUIMOS EN EL DESIERTO?






“Media hora más contigo” de Donna Deitch sigue maravillosamente en pie, gracias a la fuerza de la construcción dramática de un relato que oscila entre el cine clásico y el cine provocador e independiente. Una pequeña obra maestra de la que, aún hoy, no me explico por qué es tan borroso el recuerdo de la primera vez que la vi ni por qué los espectadores de uno y otro lado del mundo no le han otorgado el lugar que merece en el la historia séptimo arte.

Parece como si Cay (Patricia Charbonneau) nunca hubiera subido a ese tren y los espectadores se hubieran quedado en Reno dándole vueltas al asunto, escuchando la música del rancho, jugando en el casino o haciendo de sheriff del condado. “Desert Hearts” supuso una bocanada de aire fresco en el cine del momento protagonizado por mujeres y no digamos ya en el aún más exiguo cine realizado por mujeres.

“Media hora más contigo” contiene algunos recursos narrativos característicos del momento como la cortinilla, los lugares idílicos y asfixiantes o los secundarios definidos con trazo grueso, pero estos elementos -aparentemente molestos- están utilizados con notable inteligencia al igual que su construcción en sólidos episodios narrativos y sin ningún tipo de aspaviento visual. Estamos ante el transcurrir implacable de una fábula que a la vez parece lánguida y acelerada, tierna y dura, suave y dolorosa.

La escena central de la película es una de las secuencias de amor mejor rodadas de la historia del cine con un empleo asombroso del fundido encadenado y un sobrio juego con los colores encendidos y apagados, una variedad cromática que han presidido toda la narración.

Jane Rule, autora de la novela original y coguionista del filme, desafió a la sociedad estadounidense de los ochenta de forma más lúdica y menos pesimista de lo que lo ha hecho Annie Proulx recientemente con “Brokeback moutain”. A diferencia de la historia de Jack y Ennis, la de Cay y Viven tiene un final feliz y sus secuencias de erotismo no muestran ningún tapujo. Aún hoy sirven de modelo para actrices que dudan como interpretar una secuencia de amor entre mujeres. El sentimiento de culpabilidad y el desconcierto se diluyen y aparece la dicha. Aunque su construcción es la de un drama familiar, coral y se enmarca en una microcomunidad que pretende ser el reflejo de un universo aparentemente convencional, la fuerza que adquieren los personajes de Cay y Vivien y la inversión final de sus papeles logran un broche de oro para un trabajo que destila a la vez vitalidad y melancolía.


Tuesday, September 02, 2008

WALK ON WATER





El espía que ¿me amó?


Hansel y Gretel están vivos y bien
Y residen en Berlín
Ella es camarera y sirve cócteles
Él participó en una película de Fassbinder
Y ahora, de noche, se sientan juntos
A tomar Schapps y Gin
Y ella dice: Hansel, de veras me deprimes
Y ella responde: Gretel, de veras puedes ser una perra
Y continúa: he malgastado mi vida en tu tonta leyenda
Cuando mi único y verdadero amor
Fue la malvada bruja
Y él le responde: la historia es un ángel
Obligado a avanzar de espaldas al futuro
Y él ángel quiere regresar y arreglar las cosas
Reparar lo que fue destruido
De espaldas al futuro
Y a esa tormenta, a esa tormenta
la llaman
Progreso.

Laurie Anderson (“El sueño previo”)


Un asesinato al borde del mar. Un agente de la Mossad en busca de dos hermanos. Él guarda un secreto pero también ellos esconden los suyos propios. Del contacto mutuo ninguna de las dos partes puede salir indemne. Hansel y Gretel se han refugiado en Israel, su felicidad no es del todo completa, ya que Gretel-Pía sabe más que Hansel-Axel sobre las zonas oscuras del pasado familiar y casi tanto como Eyal, el agente justiciero “venido del pasado”.
La tierra prometida donde los dos hermanos quieren olvidar el pasado y encarar el futuro no es una tierra plácida, como nos indican esos atentados suicidas, que aquí resuenan como un eco en las noticias y que serán el eje temático de “The Bubble”, el último trabajo de Fox.


“Caminar sobre las aguas” es un filme amable y de visionado gratificante si lo comparamos con “Yossi & Jagger” o “The Bubble”, pero las cuestiones heredadas del uno (las sexualidades en un mundo militarizado, jerarquizado o en conflicto) y las que se pondrán de relieve en el último (el conflicto palestino-israelí, la frontera, los nuevos modelos de familia, el choque de culturas, la salida del armario) ya aparecen apuntadas en su hábil construcción dramática, donde no obstante, Fox y Uchovsky quieren ganarse al público internacional con una apuesta más apacible y, al menos en apariencia, más convencional.
Este es su primer filme rodado en inglés y el que les ha abierto definitivamente las puertas al mercado internacional, estrenándose en las salas comerciales de muchos países. Y ello pese a que la película contiene- en una de sus secuencias de acción, la más tensa del filme- una de las declaraciones políticas más violentas de Fox cuando Axel lamenta que Eyal no haya disparado sobre la banda de neonazis que los asaltan a la salida del metro y los golpean al verlos junto con un grupo de gays, travestís y transexuales, visibles… Estamos lejos del ascetismo, la sobriedad y la radicalidad ética y estética de Gitai o Avi Mogravi, pero a cambio tenemos una mirada fresca, joven u desinhibida sobre los mismos temas y algunos más.





El ángel de la muerte encarnado por Eyal (Lior Ashkenazi) encarna una masculinidad fálica, retrógrada, monolítica, inseparable de su pistola, incapaz de derramar una lágrima, carencia que él achaca a un trauma de nacimiento. Un ser que representa un papel y que busca venganza. Eyal ha provocado indirectamente el suicidio de la mujer que lo amó y ahora busca obsesivamente encontrar y asesinar al abuelo -un antiguo nazi escondido- de esos dos hermanos que, en cambio, van a conducirlo por terrenos desconocidos.

La sombra del pasado es como un fantasma impreciso que pesa en todo el filme sobre la vida de dos jóvenes aficionados a la música y el baile; que buscan encarar el presente y dejar atrás un pasado familiar sombrío, materializado en ese agente disfrazado de guía turístico, un varón de maneras corteses e intenciones homicidas . El segundo largo de Fox es un filme más digerible que “Yossi & Jagger”, o al menos no tan extremo, con un final más optimista y plácido y sus hábiles puntos de giro argumentales. Esta vez el conflicto bélico Israel-Palestina se encarna sobre todo en la furia vengadora de un agente secreto, un hombre que va a encontrarse con muchos secretos que acabarán enfrentándolo a su propia y fracturada identidad. Eyal monta en cólera cuando Axel se pregunta por las motivaciones de los terroristas palestinos, “por lo desesperada que tiene que estar esa gente…”. En cierto modo Fox está anunciándonos el tema de su siguiente largo, donde va a implicarse de lleno en el conflicto que sigue sacudiendo su país.





Una de los principales objetivos de “Walk on water” es mostrar cómo el amor, no sexual pero sí extremadamente sensual entre Eyal y Axel va a cambiar al primero, haciéndole abandonar la idea de matar. "Matas todo lo que amas" le dice , a la manera wildeana, su novia antes de suicidarse. Fox de nuevo interpela a las gentes de su país, hace un "tímido canto pacifista", aunque no llegue al desgarrado alegato antibelicista y la reflexión sociopolítica sobre el conflicto de “The Bubble”. El novio palestino de Axel está encarnado por Yousef Yoed Seid el mismo actor árabe que cobrará un trágico y romántico protagonismo en “The Bubble”, y a pesar de su presencia fugaz en el filme su frase lapidaria “los judíos estáis obsesionados con lo que os hicieron y no os molestáis en ir más allá…” resuena en todo el filme. Pero habremos de esperar al filme siguiente de Fox-Uchovsky para que la frase se materialice en una historia verdadera y en unas imágenes de amor y dolor, en las que la tragedia palestina aparece como la sombra de un nuevo tipo de holocausto, tal vez más sutil pero no menos devastador.

La reacción homófoba de Eyal cuando descubra el secreto de Axel (Axel es gay) será extrema porque en los rituales homosociales que han compartido- mear juntos, ducharse y bañarse juntos en el mar- Axel no ha revelado “su secreto”- no ha hablado lo bastante- pero Eyal, en esos mismos momentos de contacto físico y humano, ha compartido una parte íntima de sí mismo e incluso ha comenzado a dejar salir sus sentimientos . Cuando por primera vez falla en las pruebas de tiro, Eyal lo achaca directamente “al exceso de cantantes femeninas”. Cuando frente al Muro de las Lamentaciones el arrogante Eyal se muestra indignado por todo lo que se le ha ocultado, la desgarrada y algo arrogante Pía (Carolina Peters) no le da una respuesta fácil. Para ella su hermano Axel, su comportamiento y su sexualidad -de la que se pavoneaba de adolescente- tampoco es un tema fácil, como tampoco lo es el hecho de encarar que su abuelo siga con vida, manchando su presente y la relación con sus padres. La relación entre Axel y Pía es a la vez tensa, cariñosa y con un punto incestuoso que pertenece, sin duda, a la cultura alemana. Hansel y Gretel también salieron de plumas germánicas. Y es en Berlín, en la mansión de lujo donde ocultan al antiguo miembro de las SS, donde este ángel-demonio herido aprende a llorar en los brazos de Axel, siendo Axel quién ponga fin a la vida de su abuelo nazi.




El guión es habilidoso hasta el malabarismo- mezclando con sabiduría el drama, el "thriller" y la comedia de situación-, pero puede parecernos demasiado alambicado y hasta algo tramposo a quienes admiramos la no menos hábil contención de "Time off" o “Yossi & Jagger”. Sin duda la mano de Uchovsky está más presente en este filme, del que es guionista y no sólo productor. Un trabajo en el que se incide más en la situación actual de Israel que en el machismo y la homofobia del ejercito y donde se nos muestra la vida en un Tel-Aviv moderno y colorista bellamente fotografiado en todos sus escenarios y, de nuevo, acompañado de la música de su inseparable Ivri Lider. La identidad sexual en las fuerzas armadas de su país vuelve, no obstante a estar presente aquí personificado en el personaje que más drásticamente evoluciona, el falsamente hierático y adusto Eyal. Aunque quizá el cambio de Eyal pueda dejarnos insatisfechos porque esperábamos que cayera en los brazos de Axel y cae en los de Pía. Su contacto con el lado femenino es espiritual y carnal y su redención tiene algo de mesiánica. Eyal se convierte en padre. Pero su recuerdo final en la cinta es para Axel y se materializa con un lirismo que no teme rozar la cursilería en esa imagen final en la que ambos caminan sobre el mar de Galilea. No obstante, el filme nos ha planteado complejos interrogantes sobre las identidades que se mezclan, las culturas que chocan y las palabras que se contagian. La curiosidad de Eyal sobre la sexualidad de Axel se encuadra dentro de una política de lo normal que en realidad no acaba de cuajar, a pesar de la placidez del hermanamiento final.

Todas estas cuestiones sobre masculinidad y feminidad se llevan a primera línea en “The Bubble”, otra historia que puede parecernos demasiado rocambolesca pero que mantiene un magnífico equilibrio entre lo descarnado, lo realista, lo romántico y lo poético. En un momento de la cinta uno de los protagonistas de “The Bubble” dice “No empieces con Judith Butler”, una judía también desgarrada por cuestiones de género, raza y sexualidad que está quizás delante -o detrás- del espíritu de estos filmes, por la forma de cuestionar en su obra ensayística la dicotomía masculinidad/feminidad como un producto de las tecnologías de la raza, la nacionalidad y el militarismo o incluso como un abismo que confunde al sujeto entero/hetero en una posición fóbica. Como decía Trevor Hope “La homosexualidad no es la lógica que sostiene al sujeto masculino sino el abismo que lo confunde y lo arroja en su fóbica ex-sistencia”.

Saturday, August 30, 2008

TO DIE FOR






SI QUERÍAS UNA NIÑERA HABERTE CASADO CON MARY POPPINS



“Todo por un sueño” supuso una sorpresa para los compañeros de carretera del irregular francotirador Gus Van Sant. Los que admiraron “Mala noche” y “Drugstore Cowboy” o adoraron “My own private Idaho” o quedaron estupefactos con el efecto lisérgico “Ever Cowgirls get the blues” vieron sin duda un giro decisivo en la carrera de este francotirador del cine independiente, gay e iconoclasta con "Todo por un sueño": la historia de Suzanne Maretto, una presentadora de televisión arribista dispuesta a todo para lograr el éxito personal y profesional. El problema es que Suzanne se ha casado con Larry, un tipo mediocre -al que da vida un Matt Dillon de mirada perruna- que no entra en su mundo, limitado a los rayos catódicos y la búsqueda a toda costa de “un lugar en el sol”. El personaje de Suzanne es una verdadera performance interpretativa de Nicole Kidman que logra uno de los papeles más difíciles de su carrera interpretando a una “mala” llena de gancho que, a pesar de su mezquindad, se gana la simpatía del espectador por la estupidez con la que se conducen todos los que la rodean, particularmente los hombres.




El realizador de "Elephant" y "Last days" articula el camp, la ironía, el humor negro, la mirada homoerótica y el gusto por admirar a una "gran mujer" y a la vez mostrar sin piedad su lado más oscuro y sus artimañas más rastreras. También traza una disección implacable de los mecanismos de ascensión y triunfo en la sociedad occidental en general y en el mundillo de los medios de comunicación en particular. Y también retrata el mundo del que procede: la clase media estadounidense, su falsa inocencia, sus valores nuevos y corsés heredados.

Van Sant se enfrenta a una visión moderna y aparentemente ligera de la “mujer fatal” en un personaje que es un misterio y que desde el principio se nos muestra como una imagen pública que se disuelve gráficamente en "un montón de puntitos". Suzanne es una criatura a la vez monolítica (ciega en sus propósitos) y centrífuga ya que es alternativamente adorada u odiada por aquellos que le rodean, particularmente por la familia de su marido –cercana a la mafia italiana- y por esos tres chicos jóvenes del instituto a los que utiliza en su carrera hacia el estrellato.

¿Por qué, a pesar de todo, nos cae bien Suzanne? Porque utiliza y maneja a seres a los que destamos en la vida común, es decir aquellos que admiran ciegamente a gente como ella y que a la vez fijan sus horizontes vitales en los “familie values” y la estabilidad al uso. Suzanne no encaja en ese puzzle sino que más bien lo desbarata igual que Van Sant desorganiza el relato temporalmente para dar una visión a la vez completa e incompleta, cáustica y devastadora, del personaje y su mundo.

Suzanne es un objeto y un sujeto y también una idea visual que nace de una imaginación saturada por el camp, es decir, por una mirada perversa sobre algo falsamente inocente y lleno de claves, en este caso el atractivo y el garbo de la protagonista para seducir y engañar.


Cuando su marido y la familia de esta instan a Suzanne a convertirse "en madre" ella responde con una sentencia lapidaria: “Si querías una niñera haberte casado con Mary Poppins”. La dama de hielo – como la define su sagaz cuñada- la chica de la portada de las revistas -como diría Addison de Witt-, muestra su lado oscuro y lo hace a través de un giro que tiene mucho de mirada gay, queer e iconoclasta sobre la familia tradicional y los valores tradicionales. Suzanne no es una heroína, y es difícil empatizar con ella, pero gran parte del placer de “To die for” está en compartir con ella determinados gestos, forma de actuar o en admirar como utiliza el rostro, ropas, guiños, maquillaje, artilugios y frases hechas o deshechas para lograr un estilo de vida propio. Apariencia y realidad se confuden con perversidad.

El destino fatal de Suzane no es ejemplificador ya que no puede destruirse del todo algo que no se ha llegado a construir y es que la “chica del tiempo” de la tele es una imagen mental sobre la Norteamérica con mayúsculas y dos de sus pilares más sagrados: la familia núclear y la comunicación audiovisual.

Suzanne seduce a un joven con problemas de adaptación (interpretado por un jovencísimo Joaquin Phoenix), coquetea con una chica con tendencias lésbicas, asesina a su marido cuando se interpone en su camino y, en el fondo, presentimos como desprecia a cuantos le rodean aunque no podemos odiarla del todo por todo ello ya que ella misma parece definirse como el producto de una sociedad y un momento y acaba convirtiéndose en una bomba de relojería sobre el patriarcado tradicionalista y sobre la gente como ella o con sus mismas aspiraciones. Van Sant, como en otras ocasiones roza el moralismo pero cree demasiado en la fuerza de su personaje para emitir un juicio y deja, como siempre, una puerta abierta a la duda , el desasosiego y el desconcierto.

Monday, July 14, 2008

UNA CASA EN EL FIN DEL MUNDO





La familia de Bobby:

A estas alturas no es ningún descubrimiento que Michael Cunningham, autor de “Las horas”, es un novelista solvente y en ocasiones conmovedor. Ya en su primera novela “Una casa en el fin del mundo” -que ahora ha sido objeto de una meramente correcta adaptación cinematográfica por parte del debutante Michael Mayer- veíamos a un escritor profundamente estadounidense pero imbuido de una gran sensibilidad literaria que también remitía a la novela europea (no en vano Virginia Woolf se erige la musa de “The hours”, su libro más popular y fundamento de un importante filme dirigido por Sthepen Daldry).




Cunningham es, sobre todo, un hábil constructor de personajes a los que arrastra por tramas bien construidas pero algo alambicadas y no siempre verosímiles (como ocurre en su último libro, el para mi interesante pero a la vez ambicioso y fallido “Días memorables” donde sustituye a Woolf por Walt Whitman como referente cultural y motor de la trama).







“Una casa en el fin del mundo” es una historia estadounidense hasta la médula aunque desafía, eso sí, tímidamente, algunos de sus valores más sagrados: como son la familia nuclear, patriarcal y tradicional heterosexual, a la que propone un modelo alternativo, y echa un vistazo a la era hippie, sus ilusiones de cambio, sus promesas incumplidas y sus fracasos individuales.


Tanto el libro como el filme, como casi todo el universo creado por Cunningham, son melodramas en toda regla, aunque no faltan las situaciones de humor, comedia y una elegante ironía que le sirve para enfrentar a sus personajes- siempre tratados con humanidad- con aquellas situaciones de las que precisamente huyen.



Hay algo en el filme no obstante que defrauda a los admiradores del libro y a los admiradores de los aspectos más transgresores de su prosa que tan acertadamente supo poner imágenes Daldry en “Las horas”, una intensa y original transposición de un libro muy difícil de adaptar, en el que el lesbianismo reprimido salta a primer término en los momentos más perturbadores del relato).



Con situaciones y personajes más cinematográficos Meyer en cambio fracasa en su cuestionamiento de los valores tradicionales y, no sabemos si por culpa de la esforzada pero excesivamente acaramelada composición de Colin Farrell como el angelical Bobby, el filme se me antoja un drama de corte muy clásico, formalmente conservador, con varios momentos de gran belleza pero que, a pesar de los fantásticos trabajos actorales de Naomi Watts y Sissy Spaseck , resulta simplón en el retrato de un cuarteto protagonista que no logra traspasar la cualidad de amables estereotipos: Bobby, el chico diferente que se ha hecho-a sí mismo y que en su temprana orfandad es acogido por la familia de Jonathan; el propio Jonathan tipificado como gay eternamente enamorado de Bobby-amor de adolescencia- y después con una vida promiscua y despreocupada que se identifica como anterior a la era del SIDA que lo acaba atrapando- vaya por Dios-, y la propia Claire que, a pesar del esfuerzo de Watts por trabajar todos y cada uno de los matices del personaje y sus relaciones con los dos chicos , no deja de ser un reflejo de un personaje femenino arquetípico, la buena amiga del homosexual del que está enamorada. Una chica a la vez tradicional y rompedora, o desevuelta en sus formas y conservadora en su corazón. Como interesante y original es la historia “Una casa en el fin del mundo” pero formalmente previsible y acomodaticia es la adaptación de Meyer, no obstante entretenida, cuidadosamente fotografiada y visualmente impecable.





Hay otro excelente libro de Cunningham “De carne y hueso”, otra novela-río familiar, de argumento y personajes fascinantes, si cabe más complejos y atrevidos que el del resto de sus libros. Esperemos que si pasa a la gran pantalla lo haga con las mismas buenas intenciones pero con algo más de garra y audacia fílmicas.

Monday, June 23, 2008

TECHINE RECUPERADO




ALICE Y MARTIN








Alice, Martin y Benjamín





Según Roland Barthes, que como ya he comentado fue buen amigo de Téchiné y el actor Jacques Nolot, sin Edipo y su mitología nos hubiéramos perdido algunas de las narraciones mas interesantes de la literatura clásica, moderna y contemporánea. Y sobre el Edipo y su superación se sustenta, al menos en apariencia, la historia de uno de los filmes más líricos e incomprendidos del director francés: “Alice et Martin”.




Para un completo desconocedor del cine de Téchiné este filme, aparentemente largo pero misteriosamente equilibrado, podría suponer un resumen de las constantes temáticas y estilísticas de este singular epígono de la "nouvelle vague" francesa. En él recoge muchos de sus temas favoritos, no todos, y se rodea de sus colaboradores habituales, como son los guionistas Gillles Tourand y Oliver Assayas y el compositor Phillipe Sarde.




De nuevo un joven protagonista desarraigado, un trío peculiar, un viaje del campo a la ciudad, un trauma, penetración psicológica y belleza formal sin renunciar al naturalismo… La trayectoria de Martin hacia París podría parecer una réplica de la de Pierrot a la misma capital en “J¨embrasse pas” pero es a la vez un viaje opuesto. Si Pierrot abandona el campo para encontrar un entorno urbano hostil, Martin logra triunfar como modelo fotográfico, siendo acogido nada menos que por la firma Armani, en la gran ciudad, vendiendo, si no su cuerpo como Pierre, al menos su imagen. El mismo, aunque contento de poder ganarse con holgura la vida, parece incómodo en una posición de objeto de contemplación que, según sus propias palabras, “lo feminiza”. A diferencia del filme citado, “Alice et Martin” no es un filme lineal sino centrífugo, guarda un secreto y un importante y largo flash-back y contiene los mismos importantes saltos temporales y bloques narrativos diferenciados que caracterizaban una obra como “Los ladrones” donde también el pasado y el presente, en un tono mucho más crispado, se influyen de un modo determinante.




Tras la muerte de su padre, Martin huye por una naturaleza agreste, bellamente fotografiada, convirtiéndose en una especie de animalillo o “enfant sauvage” a pesar de su mayor edad y buen aspecto. Téchiné no desaprovecha ocasión para recrearse en la corporalidad del joven, que escapa por un entorno rural que le ofrece dificultades de supervivencia. Roba huevos en una granja, huye de un lado a otro buscando cobijo y detenido por la policía va a parar finalmente a la casa que comparten en París su hermano Benjamín, empleado en la FNAC aunque deseoso de dedicarse al teatro y Alice, una joven concertista de violín (Juliette Binoche, en un papel hecho a su medida). Alice no lo recibe con especial entusiasmo a diferencia de su hermano Benjamín, un personaje de un optimismo algo forzado, que se muestra siempre bien dispuesto, incluso cuando después de un encuentro sexual esporádico con otro hombre éste le hace una herida en la cabeza con un cenicero. Todos los personajes, en distinta medida tienen sus heridas y, como ocurre tantas veces en Téchiné, adoptan máscaras y tienen dificultades para comunicarse con los otros o consigo mismos. Esto se hace patente en el seguimiento sigiloso que hace el febril Martin de la aparentemente fría Alice por las calles de la ciudad, hasta que ella le cuenta un tristísimo episodio de infancia que parece acercarlos anímicamente.




Pero el protagonista absoluto de la cinta, a pesar de que las interpretaciones de Juliette Binoche y Mathieu Amalric (Benjamín) le roben muchas de las secuencias es Martin (Alexis Loret) y su drama edípico, aunque el personaje de Alice, inicialmente cerrada y algo antipática, y sus dificultades emocionales, su modo de no amar al principio y luego amar locamente al solícito protagonista, van cobrando progresiva relevancia. En uno de los mejores momentos del filme, Alice huyendo de Martin que acaba de declarársele se refugia en el metro pero por los cristales solo puede ver desfilar gigantescos posters en blanco y negro del nuevo Martín, convertido ya estrella de una superficialidad que, no obstante, como en su caso, oculta un fondo atormentado y un pasado que vuelve.




A diferencia de lo que sucede en otros filmes suyos, aquí París muestra un rostro urbano cálido, con un ambiente de cierta comodidad, con calles amplias e iluminaciones alegres (algo así como el reverso de la gran ciudad que veíamos en “Rendez-vous” y “J’embrasse pas”, donde las sombras y la amenaza de la violencia, verbal, física o proveniente de la degradación del entorno, son constantes).




Coproducción franco-española “Alice y Martin”, además de una breve aparición de Carmen Maura como la madre del protagonista -en un personaje con vagos ecos almodovarianos-, incluye un viaje a Granada que tras su apariencia turística sirve para definir con imágenes sensuales la evolución de la pareja protagonista que ha dejado en París a Benjamín, así como nuevas y no siempre cómodas revelaciones. Allí, en el Sur de España, en una casita frente a un mar que cobra una gran relevancia visual y simbólica, afloran los recuerdos y se desencadenan los elementos más sombríos de un relato que puede parecer alargado, pero que visto con la debida atención puede considerarse como una de las obras más completas y poco estudiadas del cine europeo reciente.




Como en otras obras suyas Téchiné aborda aquí el tema de la culpabilidad y la redención, quizás de un modo demasiado pesimista, pero, nuevamente, no juzga a sus personajes sino que trata de comprenderlos y que nosotros lo hagamos con él.

Sunday, May 04, 2008

MI ENTREVISTA EN LA REVISTA MEXICANA SIEMPRE




a cargo de Eve Gil



“Mi pasión por el cine es una pasión que tiene algo de enfermizo —confiesa Eduardo Nabal—. Sé que puede sonar algo tópico pero cuando la vida real no te satisface buscas un sucedáneo, y para mí, al menos, mi infancia y adolescencia fueron los libros y el cine.”Nabal, nacido en Burgos, España, en 1970, es autor del libro El marica, la bruja y el armario (Egales Editorial, Barcelona, 2007), donde se analizan obras cinematográficas desde una perspectiva homosexual y de género y nos brinda, además, una variante de esta confesión, que tiene que ver con la película Thelma & Louise, de Ridley Scout.




El trayecto

“Me interesa contar —dice— cómo desde mi posición de espectador gay, saliendo del armario en la época en que me pilló su archipublicitado estreno en 1992, la propuesta funcionó también como una posible fantasía de liberación (o al menos afirmación) gay masculina.”“Yo quería ser cinéfilo y ver que el cine me tratara con dignidad —continúa el crítico y escritor—. Yo quería que ese señor (y casi siempre era un varón, al menos entonces) que hablaba de cine pudiera hablar de gays, lesbianas y transexuales sin paternalismos, exabruptos o subterfugios. En este trayecto sucedió algo doloroso en mi vida: dejé de pertenecer al aula de cine de la Universidad de Burgos por razones injustas, rastreras y mezquinas que no viene al caso mencionar. Así que me puse a escribir una idea que me rondaba por la cabeza… y nació este libro”.El título del libro puede parecernos duro a los mexicanos, pero los términos “marica” y “bruja” han sido acuñados por homosexuales y feministas, respectivamente, transformado en sinónimo de autoaceptación y orgullo. Y si bien ambos grupos han sido aliados en la lucha por el reconocimiento a sus derechos, Eduardo centra su análisis en la misoginia gay y la homofobia femenina, según se ha planteado en el cine de ayer y hoy.



Los insultos



“Queer es un insulto. En inglés significa maricón, bollera, marimacho… El término surge como apropiación de ese insulto para darle la vuelta. Digamos que era el grito de los pobres del mundo gay-lesbiano visible, el grito de los enfermos de sida mal entendido, de las microcomunidades o minorías sexuales peor vistas. Ahora bien, este término ha sido apropiado por muchas personas, entre ellos gente de la academia.”“Es precisamente de las lesbianas y para las mujeres de toda condición de quien surge lo queer —continúa el crítico—. Y sus grandes madres en el mundo son gente como Alice Walker, Gloria Anzaldúa, Cherrie Moraga o incluso diría que Adrienne Rich, muy reivindicadas por el movimiento feminista. También hay jotas. Lo que ocurre es que los varones, de una u otra orientación sexual, tendemos a acapararlo todo, a darnos prioridad. Pero el movimiento feminista tiene una tradición fuerte y la cuestión gay-les-queer es más reciente. Como decía Anzaldúa: «Hay algo irresistible en tener acceso a ambos mundos…»”. Las críticas más ácidas del libro están dirigidas hacia el cine español (hasta la película mexicana "Y tu mamá también" sale más o menos bien librada del despiadado análisis del crítico). Eduardo lamenta que en su país no existan un Eytan Fox, un Ferzan Ozpetek, un Patrice Chereau, o al menos un François Ozon. Si acaso un Almodóvar muy apegado a la tradición oral femenina. “Yo meto mucha caña al cine español porque quiero más de él. Almodóvar es un clásico y hay voces nuevas como Ramón Salazar, Marta Balletbó Coll (directora de la apasionante "Sevigne") Miguel Albadalejo o el controvertido Antonio Hens que se han dado a conocer tratando, entre otras muchas cosas, temas gays o lesbianas. ¿Por qué no hablar en primera persona? ¿Y por qué sus trabajos aquí no tienen tantos seguidores como los de Fox u Ozon en sus respectivos países? Estamos muy adelantados en cuestiones de legislación pero el cambio sociocultural deja mucho que desear. Lo vemos reflejado en las pantallas.”



La bisexualidad de Shakespeare



Respecto a la vigencia que han cobrado William Shakespeare y Oscar Wilde en el cine hollywoodense, “las fuentes históricas de Shakespeare in love —dice el crítico— son imprecisas, pero la bisexualidad de Shakespeare es un hecho conocido y no podemos desligar su vida y su obra, como no lo hacemos cuando hablamos de la vida y los amores de los literatos heterosexuales. Hay que leer entre líneas, como en el caso de Lorca, Cernuda o Cervantes, pero ¡hostia!, que nos lo presenten enamorado y en una gran producción de Hollywood para dejar tranquilo «a no sé quién», me parece muy fuerte. De todas formas el filme que abordo en el libro es Belleza prohibida de Richard Eyre, basada en la obra «Complet female stage beuty», situada en el siglo XVII. Estamos ya más cerca de Virginia Woolf y de Oscar Wilde. Un filme muy hermoso sobre el género como teatro.” Prosigue Eduardo Nabal:“Wilde escribió sobre algo muy intemporal; las apariencias, la hipocresía, criticó con dureza la sociedad de su tiempo y para su desgracia se enfrentó a ella sin las armas que hoy tenemos en algunos países para combatir la homofobia…, ¡pero yo quiero ver una versión nueva de «Dorian Gray» donde se destape la carga homoerótica del original!”.De las películas recientes con temática gay que ha visto Eduardo Nabal, considera que las que más se aproximan a la realidad contemporánea son "Shortbus", de John Cameron Mitchell y "Crazy", del canadiense Jean Marc Vallé. “El primero sería una especie de paraíso de diversidad al que se aspira y el segundo uno de los muchos posibles retratos del mundo del que venimos. .

Saturday, October 13, 2007

LES TEMOINS





LOS TESTIGOS de André Téchiné

“Los testigos”
es la última apuesta fílmica de uno de los grandes autores del cine francés contemporáneo. El otrora epígono de la nouvelle vague André Téchiné, recuperado para el público y la crítica gracias al éxito internacional filmes como “Los juncos salvajes” o “Les voleurs” , se atreve con un tema difícil: el surgimiento de la pandemia del SIDA en la Francia de los primeros años ochenta.

Dividida en tres episodios y estaciones del año: Verano (Los días felices), Invierno (Guerra) Verano (Regreso de la Paz), “Les témoins” está caracterizada por el pulso narrativo de Téchiné, el uso del movimiento y la tensa humanidad de la que dota a sus siempre desconcertantes y contradictorios personajes.



Emmanuel Beart, Michel Blanc nombres consolidados del cine francés del momento y nuevas caras se dan cita en una historia en tres actos en la que los protagonistas se enfrentan a varias pérdidas: la de Manu (Johan Libéreau) un joven gay -caído por la enfermedad- y la de la pédida su propia inocencia que supone también el temor y el desconcierto de los que le rodean. Ya no pueden limitarse a ser meros espectadores, el drama íntimo se ha convertido en un explosión de rabia colectiva. De nuevo el racismo, el mestizaje cultural, la juventud, la sexualidad y la naturaleza se dan cita en “Los témoins” como ya lo hicieron en “Alice et Martin” o incluso en la menos lograda “Otros tiempos”.




Téchiné conserva su juventud interior y soltura narrativas y sus constantes visuales: los cuerpos, el agua, la tensión de los espacios, los rostros, el dolor de la pérdida, el descubrimiento del otro y la música ( de su inseparable Phillipe Sarde) como un eterno contrapunto del silencio. El propio realizador ha señalado no existen el bien o el mal absolutos en su historia pero era necesario incluir la presencia de dos fuerzas que se han impuesto recientemente en nuestras sociedades ante realidades como el SIDA o la inmigración: “la medicina” y “los dispositivos policiales”. Dos fuerzas ominosas que no obstante no tienen respuesta ante una pandemia que pone en evidencia las debilidades humanas y sociales del universo crispado en el que habitamos.




Así el tono luminoso y el hedonismo de su primera parte contrastan con la invasión de la tensión , el silencio o la violencia hasta un final donde el director nos deja de nuevo un rayo de esperanza. “Les temoins” es la prueba de la vitalidad de un realizador que se ha adentrado en las constantes más difíciles del cine y la sociedad francesa en la que vivimos antes que nombres tan importantes como Patrice Chereau y François Ozon.
Esperemos que "Les temoins" no pase desapercibida como lo han hecho otros de sus mejores títulos: "Les innocents", "En la boca, no" o "Rendez-vous", filmes que poco a poco vamos podiendo recuperar en DVD.




"Los testigos" es un filme inabarcable, discutible en algunos de sus planteamientos éticos y estéticos, pero lleno de intensidad, donde es difícil no sentir el dolor y el desgarro, la herida y la cura, al tiempo que nos encandila la desarmante humanidad de la que el autor de “Mi estación preferida” dota a sus criaturas. De nuevo los personajes hablan de sí mismos y de sus circunstancias en un universo donde todavía es difícil mostrarse con autenticidad, donde los nuevos tipos de familia no se reconocen y donde las barreras sociales, sexuales y raciales siguen vigentes.




Estamos ante un filme a la vez terrible y luminoso, sensual y sangrante, vital y dolorido; una invitación a la reflexión íntima desde unas vidas que nunca se detienen. Como esa novela inacabada que reescribe la intensa Sarah (Emmanuel Beart) intentando dar sentido las vidas de unos seres que, a partir de un determinado momento momento, ya no pueden explicarse a sí mismos.



Friday, August 10, 2007

SEVIGNE



En la Costa Brava: SEVIGNE de Marta Balletbó Coll.


"Cuán feliz era yo cuando era una infeliz."
Madame de Sevigné

Definida un tanto a la ligera como la Woody Allen catalana, Marta Balletbó Coll ha demostrado ser una realizadora intrépida con un universo fílmico propio, femenino y lesbiano, lleno de vida y humor cáustico, pero también de dolor, sentimientos y descubrimientos. Tras el relativo éxito, sobre todo crítico, de "Costa Brava" y el absoluto batacazo de la fallida "Cariño, he enviado a los hombres a la luna…"- que contó con graves problemas de financiación y producción-, se consolida como una autora con "Sevigné", una comedia dramática sobre el mundo del teatro y sobre los sentimientos y las pasiones adormecidas de una mujer.

"Sevigné" cuenta la historia un momento crucial en la vida de Júlia Berkowitz (Anna Azcona), antes actriz y ahora convertida en prestigiosa directora teatral, cuya existencia personal y profesional toma un giro inesperado cuando, a instancias de una misteriosa desconocida que trabaja en la televisión, decide poner en escena una obra sobre Madame de Sevigné.
Casada con Gerardo R. Valcárcel, un vanidoso y algo cínico crítico teatral (con reminiscencias del Addison deWitt de "Eva al denudo"), Julia ve cómo su vida se abre a nuevas sensaciones y sentimientos cuando descubre a Marina, una camaleónica directora y actriz, encarnada por la propia Balletbó, que se aproxima a ella de diferentes formas y a través de los más variopintos caminos.


Como en su primer largo "Costa Brava", el cine de esta realizadora transmite al mismo tiempo una gran necesidad de experimentación lingüística -comparada un tanto a la ligera con el "cine independiente estadounidense"-, y una muy honda y a la vez naturalista apertura al mundo interior de las mujeres y al modo en que éstas encuentran un espacio propio (la "habitación propia" de Woolf) lejos del mundo masculino y sus lugares de palabrería y silencio, un mundo que siempre quiere, y muchas veces logra, imponerse.
Julia está interesada en montar obra que Marina ha escrito sobre los aspectos ocultos de Madame de Sevigné y su relación con su hija, Madame de Guignan: una relación a la vez edípica y llena de secretos como el mundo de misterios que se abre ante ella con la aparición de la parlanchina e incombustible Marina. La joven directora se encontrará con la oposición de su marido, un varonil crítico al que da vida José Maria Pou, quien, llevado por los celos y el temor, no duda en buscar las más viles artimañas para que esa función, que es también una aproximación afectiva y amorosa de su mujer hacia Marina (Coll) no se lleve a efecto, poniendo excusas al principio y finalmente serias trabas, Pero ya esas dos mujeres han iniciado su propia función interior y exterior: una intima relación que se salta todos los obstáculos.Quieren sacar adelante un proyecto vital y escénico en desacuerdo con el ambiente teatral del momento, un mundillo retratado con cierta ironía y crueldad en sus oscuros intereses económicos y de prestigio y su varonil omnipresencia.

La película está narrada con una mezcla de vertiginosidad - saltos temporales, planos congelados, fotografías hermosas y planos acelerados- y una bella lentitud que enfrenta la palabrería altisonante y pretenciosa del mundo teatral à la mode con la sensible aproximación entre dos mujeres aparentemente diferentes que encuentran en un proyecto de trabajo común el comienzo de una vida juntas, en la que importan más las palabras sinceras y los silencios expresivos que los discursos altivos de críticos, jóvenes realizadores y mujeres que se limitan a ser comparsas. Balletbó, como en "Costa Brava", cuenta la historia de amor como la exploración de una mirada de mujer y de lesbiana que tanto en espacios abiertos como cerrados -y aquí se subraya la geométrica soledad de Julia en grandes superficies- no quiere ser cómplice de situaciones competitivas ni de la crispada mirada masculina sobre las relaciones, sean éstas humanas, sentimentales o sexuales. Pero este descubrimiento resulta ser para Julia (Azcona) un trayecto difícil desde el ensimismamiento y las dudas al enamoramiento y la pasión, por cuanto descubrirse a sí misma y descubrir a Marina tiene un alto precio en el mundo del que ella formar parte como prestigiosa directora teatral.

Monday, June 04, 2007

EL AMOR EN ÁRABE







THE BUBBLE

Que el cine de Eytan Fox se caracteriza por su envolvente forma de ganarse al espectador a través del lirismo, la ternura y un amor desbordante hacia sus personajes se hace de nuevo patente en su último trabajo “The Bubble” es su tercer largo y su apuesta más arriesgada hasta la fecha aunque mantiene una clara continuidad temática y estilística con sus dos anteriores filmes.
Incluso los personajes más negativos de sus películas (como el Joel-comandante de “Yossi & Jagger”, los agentes de la Mossad de “Caminar sobre las aguas” o el agrio hermano mayor del protagonista árabe de “The Bubble”) nos resultan increíblemente humanos y nos son mostrados en su cotidianidad por grotesca y destructiva que ésta pueda llegar a ser. En “La Burbuja” Fox da un paso adelante y se implica de lleno en un tema que sólo aparecía de forma tangencial en sus dos anteriores filmes: el conflicto bélico y sociopolítico que sacude su país.
La última película de Fox está destinada a incomodar al público israelí más conservador-criticando el racismo y la indiferencia de muchos de sus coetáneos- y a no satisfacer del todo a los defensores más estrictos de la causa palestina. Aunque su fuerza dramática, su mezcla de comedia y drama, su lirismo, humanidad, agilidad narrativa y su reivindicación sociosexual pueden convertirla en un gran éxito para el público internacional.
“The Bubble” se abre y se cierra con dos secuencias terribles: en la primera mostrada con toda su crudeza, una mujer árabe embarazada es retenida en un puesto de control con trágicas consecuencias; la última, un atentado suicida, está dada con dolor pero también con un toque romántico y cargado de poesía.
Noam (Ohad Kholler), es un joven soldado israelí que abandona el ejército y vuelve a su piso de Tel-Aviv donde vive en un mismo piso con Lulú y Yelli, dos jóvenes llenos de vida que al principio del filme tratan de mostrarse al margen del conflicto que sacude su país. A ese piso llega Ashraf, un joven árabe al quien Noam había conocido en el momento de crispación con el que, en el tono documental de la cámara en mano de un periodista, se abre el filme. Entre ellos se inicia una historia de amor imposible, con ecos evidentes de “Romeo y Julieta” de Shakespeare a la vez que un cambio interior en todos los personajes principales secundarios que inician, como los protagonistas, una cruzada pacifista y de activismo callejero, truncada por un estallido que nos devuelve a la sangrienta realidad de las noticias.
La historia de amor nos muestra cómo la homosexualidad es vivida de manera distinta en las dos culturas enfrentando el hedonista Tel-Aviv con sus bares de ambiente, sus tiendas de discos, sus restaurantes… con mundo empobrecido y amenazado donde ha crecido el joven palestino. De la gran metrópoli israelí conoceremos el mundillo aparentemente despreocupado donde el trío israelí parece desenvolverse con soltura, los bares gays, los lugares de trabajo y ocio, lugares en los que aparecen personajes simpáticos o antipáticos, racistas o integradores.
Al otro lado de la franja se desenvuelve el entorno familiar, patriarcal y asfixiante, que rechaza al joven árabe cuando este “sale del armario” y tratan de obligarle a contraer matrimonio. Las fronteras reales y simbólicas, la burbuja que significa aislamiento y una mezcla de temor y confort, el amor en árabe, las sexualidades interraciales, el hombre bomba y la culpa en hebreo. Esta vez Fox pone toda la carne en el asador y va más lejos al retratar el racismo judío contra los árabes que ya aparecía en algunas secuencias clave de “Caminar sobre las aguas” mostrando con dureza las tropelías cometidas por la armada israelí sobre el lugar al tiempo que muestra los prejuicios del pueblo palestino hacia la homosexualidad. Pero, mientras en “Walk on Water” el final era a la vez melancólico y optimista, en “The Bubble” el director y su marido y guionista Gal Uchovsky se embarcan en una tragedia pesimista y con mayúsculas dada, sin embargo, con la habitual delicadeza, aparente candidez y honda humanidad de todo su cine lo que hace que su relato cautive y emocione por igual.
En “The Bubble” Fox hace pasar al otro lado de la barrera no sólo al joven árabe ilegal sino también a algunos nombres claves de su cine como Ivri Lider, cantando a Gerswhing en un bar gay, o a Lior Azkenazi interpretando “Bent”, el clásico teatral de Martin Sherman, una historia de amor y amistad entre un preso judío y uno gay (triangulo rosa) recluidos en la misma celda de un campo de concentración nazi que sirve de eco de la historia de amor imposible que cuenta el filme. La sombra del holocausto vuelve a aparecer en este filme aunque esta vez Fox se adentra en el holocausto del pueblo palestino a través de una historia que comienza siendo intimista y desenfadada y acaba adquiriendo resonancias de alegoría política que no por obvia y fatalista deja de estar llena de hermosura.