Sunday, March 21, 2010

YA EN DVD



PARIS

Cédric Kaplish sigue siendo una “rara avis” en el cine francés contemporáneo y dentro del cine europeo en general. Autor de comedias dramáticas originales como y dotadas de indiscutible frescura como “Cada uno busca su gato”, y de películas tirando a banales y preferentemente destinadas al público y a la taquilla como su saga de “El albergue español”, se adentra en esta ocasión, con brío y desiguales resultados, en el drama humano e intimista y en la ópera social y el drama costumbrista. “Paris” es la historia de una ciudad, mitificada donde las haya, observada con un tono a la vez grave, irónico, distanciado, humano y colorista. El eje de la historia es la enfermedad grave de Pierre (Romain Duris) quien, creyéndose a punto de morir, se convierte en un observador pasivo de los encantos y miserias de una ciudad caleidoscópica y llena de contrastes. El desapego existencial, la melancolía y su hundimiento emocional de Pierre nos recuerdan la mirada tierna y lúcida de algunos personajes de Francois Ozon o Eric Romer aunque la aproximación de Kaplish es más despreocupada y mucho menos honda. Entre los muchos -tal vez excesivos- temas del filme, encontramos el desamor, las relaciones familiares, la búsqueda de la dignidad y la estabilidad económica y la infinita soledad que se dejan sentir en el seno de una ciudad bulliciosa que resulta para unos un paraíso de colores y mezcla de culturas y para otros una trampa o un lugar inhóspito y lleno de dolor y de heridas abiertas por el paro, la inmigración, la infelicidad, los prejuicios raciales, los dilemas familiares y la virulenta escisión entre la realidad y las apariencias.


“Paris” es un filme tentado por la grandilocuencia y que abarca demasiadas historias y “vidas cruzadas”, demasiados temas y nudos dramáticos planteados con cierta fuerza y realismo, pero que o bien no se resuelven de modo satisfactorio o, sencillamente, no se resuelven. El filme se apoya en una espléndida Juliette Binoche que ha alcanzado una madurez interpretativa encomiable, aunque abuse de recursos dramáticos y matices que ya ha utilizado para otros personajes en filmes de Techiné u Oliver Assayas. El tono del filme resulta algo frío e insincero a pesar de la eficacia y sobriedad con la que Kaplish se acerca a sus criaturas que siguen viviendo, trabajando y amando pese a las heridas intimas y la incertidumbre colectiva que parece haberse adueñado de una ciudad luminosa presentada en tonos grises, filmada con cierto amor, pero también con algo de tristeza y desencanto. Así, nos vamos encontrando con la enfermedad de Pierre y la soledad afectiva de Elise (Binoche) que trata de fingir entereza ante circunstancias cada vez más adversas, la búsqueda del éxito profesional de un locutor de televisión o un profesor de universidad, el viaje desesperado de un inmigrante procedente de Camerún, etc.. Un relato balzaciano con ecos del neorrealismo italiano tardío y del cine francés social, algo devaluado por la necesidad de contar demasiadas historias y de cautivar al espectador con escenarios variopintos, planos enfáticos o motivos visuales que chocan violentamente entre sí.

Kaplish logra un filme interesante y lleno de buenos momentos, en particular gracias a la eficacia de actores y actrices y a la fuerza de los personajes, pero mezcla demasiados temas como si quisiera contarlo todo sobre una ciudad desbordante a través de la historia demasiado compleja de personajes desamparados a los que describe de una forma eficiente pero algo apresurada, tópica y superficial. Estamos, pues, ante un filme apreciable y ante un director al que hay que seguir la pista, pero también ante un melodrama romántico y una comedia satírica algo ampulosa donde Kaplish se decanta por una mirada epidérmica y deshilvanada sobre conflictos graves que traza con brío para después pasar de puntillas sin llegar nunca al fondo del asunto.

Thursday, March 18, 2010

ELOISE


Recién estrenada en DVD, "Eloise" es una agradable sorpresa en el desértico panorama del cine lésbico de producción española. Dirigida por el catalán Jesus Garay- realizador mal conocido donde los haya- "Eloise" es una historia de amor imposible entre dos chicas jóvenes de caracteres muy diferentes y que, aparentemente, están destinadas a no encontrarse. Narrada como un largo flash-back, "Eloise" destaca más por su universo visual que por su dramaturgia algo trillada. Con ecos del clásico "When night is falling" de Patricia Rozema y también con imágenes más propias del universo crispado y malsano del director de "Manderlay" o "La bañera", "Eloise" es una hermosa fábula romántica algo estropeada por un guión algo altisonante y unos personajes que, en algunos momentos. se acercan al estereotipo.
Eso no me impide disfrutar de las imágenes llenas de gancho de esas dos chicas que se unen en un momento crucial de sus vidas. Hay sexo, erotismo y sensibilidad en "Eloise" al contrario que en otras de historias de amor entre mujeres del cine reciente y hay también una violenta requisitoria contra una sociedad hipócrita y machista, dominada por la envidia, el tradicionalismo, la avaricia, la ñoñería y el odio a todo lo diferente. Garay logra gracias a una puesta en escena meticulosa que entremos en un universo donde nada es lo que aparenta. Solo el innecesario tono elegiaco, fatalista y el aparatoso final estropean el disfrute de una película rodada con afecto, delicadeza e interpretada de manera más que digna. Eloise y Asia son dos nombres femeninos que junto con Jesus Garay ya forman parte de la "otra historia del cine catalán". Villaronga, Garay, Jordá, Marta Balletbó-Coll , Marc Recha, Ventura Pons, Chus Gutierrez se han abierto ya camino entre la incomprensión y la estulticia. Un filme no estrenado comercialmente en Burgos y que tampoco veremos ya que el Aula de Cine y Circo de la Ubu esta más corrompida que la calle Génova, Gurtel, etc. Pero como diría Almodovar "Ese melón mejor no abrirlo..."

Monday, January 18, 2010

RECOMENDACIÓN DVD





Hoy me hacen feliz las sábanas de la vida.
Enjuagué las sábanas de la cama.
Tendí las de la cama y las contemplé
dar palmadas y alzarse como gaviotas.
Cuando estuvieron secas las descolgué
escondí mi cabeza entre ellas.
Todo el oxígeno del mundo estaba en ellas.
Todos los pies de bebés del mundo,
Todas las ingles de los ángeles del mundo,
todos los besos matinales estaban en ellas.
Todos los juegos a la pata coja en las aceras,
Todos los ponis de trapo estaban en ellas.

De modo que esto es la felicidad,
ese jornalero


Anne Sexton


TAKING WOODSTOCK de Ang Lee


Tras sus poderosas y desgarradas "Deseo, peligro" y "Brokeback mountain", Ang Lee nos ofrece una apuesta aparentemente más modesta, cálida e intimista acordándonos a la historia de un festival de música y baile mítico en la historia de los EEUU del pasado siglo. Aparentemente estamos más cerca del mundo de "La tormenta de hielo" y la radiografía de un microcosmos en crisis y una sociedad cambiante aunque su "Taking Woodstock" nos sitúa en un universo más plácido y unos personajes aparentemente más sencillos.


De nuevo, su apuesta rezuma sabiduría, inconformismo, serenidad y juventud y Lee demuestra que dirige con igual maestría a actores y actrices en situaciones de drama y de comedia. En su último filme encontramos intimismo, nostalgia y sinceridad audiovisual en una propuesta pequeña pero llena de vida, ritmo y color.


Una película sensible y tierna que se aleja del documental colosalista y mistificadora del evento musical en favor de un formato a la vez realista, irónico y sensual. Dividendo la pantalla, mezclando formatos, dosificando los tiempos, las canciones y los espacios, conjugando cotidianeidad, hedonismo y espectáculo , Lee ha conseguido otro fresco a la vez tierno e implacable de un mundo que, al mismo tiempo, le sorprende, indigna y fascina. La llegada de los jóvenes inconformistas de finales de los sesenta a un mundo provinciano invadiendo cuerpos y mentes, removiendo pasiones, intereses y conciencias esta observada con tenue nostalgia y cierto distanciamiento. Ambivalente añoranza del pasado y búsqueda incierta de la renovación en una sincera, vitalista y más que apreciable muestra de cine independiente. A destacar el fantástico trabajo actoral de Henry Goodman como Elliot, un joven que no se arredra ante circunstancias adversas y cuyo mundo interior entra en conexión con la eclosión de una sociedad en crisis.

Saturday, November 28, 2009

KISS ME DEADLY. Un clásico a rescatar.



Recuérdame después de haberme ido
cuando, bajo la tierra silenciosa
no me alcance tu mano temblorosa
ni pueda desandar lo recorrido.

Recuérdame sin más cuando perdido
el sueño que soñaste, cual la rosa,
se deshoje, pues ya ninguna cosa,
promesa o ruego, llegará a mi oído.

Mas si me olvidas por un tiempo, amado,
al reparar en ello no te aflijas.
Si la muerte y los vermes han dejado

algún vestigio de mi pensamiento,
prefiero que me olvides si contento
estás a que me evoques y te aflijas

Cristina Rosetti.

Thursday, November 05, 2009

VAMPIROS NÓRDICOS







DEJAME ENTRAR





Director: Tomas Alfredson



Guión: John Ajvide Lindqvist



Intérpretes: Kåre Hedebrant, Lina Leandersson, Per Ragnar.





“Déjame entrar” ha sido saludada como una bocanada de aire fresco sobre el cine de terror contemporáneo, en concreto, sobre uno de sus subgéneros o corrientes más denostados: el cine de vampiros. Tras el éxito de taquilla de sagas infumables como “Crepúsculo” nos llega de un pequeño y algo destartalado lugar de Noruega una peculiar historia de amor, "no muertos" y sangre protagonizada por dos niños: Oskar –que sufre la violencia de los matones de su clase y la indiferencia de sus padres- y Eli, una joven vampira adolescente de aspecto pálido y macilento pero mirada cálida e intensa.



En esos fríos bloques de apartamentos, en esas escuelas desangeladas, en esos hospitales gigantescos, en esos bosques eternamente nevados transcurre la acción de “Déjame entrar”, una mirada a la vez respetuosa e iconoclasta al género fantástico insertado en un contexto social rancio en costumbres y carente de expectativas personales, profesionales y vitales. Matrimonios mal avenidos, hombres mayores que se juntan en la taberna, profesores grises y lugares tirando a inhóspitos son el telón de fondo en el que se encuentran Eli- sedienta de sangre y amor- y Oskar –sediento de amor y venganza-, dos criaturas aparentemente retraídas y solitarias pero llenas de vida y fuego interno. “Déjame entrar” es un filme sobre la incomunicación , la búsqueda del amor en un mundo adormecido por la rutina, una historia de “amour fou” que se desmarca de cualquier pretensión efectista característica del cine fantástico en favor de planos largos, composiciones cuidadas, interpretaciones contenidas y cierto realismo al mostrar el surgimiento de una fuerza atávica en una comunidad provinciana y adormecida. No hay apuntes de psicología barata, ajos, redención ni más truculencia que la necesaria para dar sentido a la historia de dos soledades, de dos lenguajes que se encuentran y chocan con violencia en contra de un mundo atemorizado antes y después de su llegada. Un filme algo descompesado y tramposo en su resolución pero apasionante por su modestia narrativa y una factura visual inusitada en el cine de terror de los últimos años.



“Déjame entrar”, con su bellísima fotografía en colores apagados, con sus tristes paisajes invernales, su ritmo lánguido y su ambigüedad sexual ha obtenido ya una notable repercusión en nuestras salas y está destinada a convertirse en un clásico de culto, uno de esos que nos reconcilian con un subgénero maltratado donde los haya.

Saturday, October 17, 2009

BLUES Y OTROS POEMAS



BLUES Y OTROS POEMAS
Autor: Iñaki Echarte Vidarte
Editorial: Sitio de Fuego

“Blues y otros poemas” es una buena muestra de que la gran literatura se esconde nuevamente en formatos pequeños y se edita sin ningún tipo de bombo y platillo. Recuerdos íntimos, heridas observadas con saludable distancia e ironía, historias de amor y desamor, búsqueda de una identidad, la pequeña epopeya de una y mucha juventudes…Iñaki Echarte Vidarte, escritor de pura cepa, editor, inquieto removedor del mundo literario de jóvenes y no tan jóvenes autores, nos muestra que su talento dista mucho de la altisonancia sino que se esconde en frases modestas, delicadas, cuentos y poemas en prosa sin grandes pretensiones, aparentemente triviales pero de apabullante sinceridad y belleza formal. La pátina del malditismo se diluye a favor de una mirada tierna y llena de brío sobre personajes cercanos, urbanitas o enfermos de alma, solitarios o cosmopolitas.
Historias de amor, homoerotismo, recuerdos de infancia, amistad entre hombres y mujeres con los barrios de Madrid como telón de fondo, hay en el libro Iñaki una clara influencia de los clásicos de la llamada “literatura moderna” (con un título que evoca a Jack Kerouak) pero una mirada intimista, a la vez fresca y delicada que lo hacen absolutamente personal. Es difícil destacar un relato sobre los demás porque todos son diferentes y esconden sus propias perlas pero podemos resaltar la madurez narrativa de “Amed y Hugo en Lavapiés” en un libro de historias de afecto y desencuentros que es sí mismo una historia de amor al mundo desde una mirada lúcida, en ocasiones pesimista y lánguida y en otras llena de fuerza, calidez y optimismo. Un libro a descubrir y recomendar.


Blues y otros poemas.

Autor: Iñaki Echarte Vidarte.

Editorial: Sitio de Fuego/92

Wednesday, September 30, 2009

EL TIEMPO QUE QUEDA







LE TEMPS QUI RESTE (EL TIEMPO QUE QUEDA)
¿La mirada inocente?







“(…) Unas veces son imágenes subjetivas, recuerdos de infancia, sueños o fantasías auditivos y visuales donde el personaje no actúa sin verse actuar, espectador complaciente de el rol que él mismo desempeña..
Gilles Deleuze “La imagen-tiempo. Estudios sobre cine II”





La muerte y su aceptación. La memoria y la herida. El egocentrismo y la entrega. La desdicha y la felicidad. La juventud y la vejez. La playa y la muerte. Las fotos como retratos superficiales de realidades físicas artificiales o como desvelamiento de aspectos ocultos del “alma” humana. La imagen y el espejo. La pérdida y la separación. La huida y el reencuentro. La familia y la soledad. La disputa y la reconciliación. El tiempo que pasa irremisiblemente. La historia que puede, y no, cambiarse. La mirada hacia atrás y hacia adelante. Los seres queridos, los no tan queridos, los recuperados. El estrellato y la cotidianidad. Las miserias íntimas. La ternura íntima. El encuentro con la muerte y el miedo a ésta y a la vida. Homo y bisexualidad. Descendencia y permanencia. Amor a dos y a tres bandas. Padres e hijos. Matrimonios heterosexuales y esterilidad. Trabajo y arte. Homosexualidad y procreación.




Ozon dentro de la tragedia -abordada, como veremos, de un modo harto singular- incluye una de sus características situaciones que, sin parecerlo, resultan divertidas o cuando menos estrafalarias, provocando una mezcla de empatía y distanciamiento en el espectador/a. Me estoy refiriendo naturalmente a la secuencia del ménage à trois con el que Romain deja embarazada a la camarera del bar de carretera (encarnada por Valeria Bruni-Tedeschi, la protagonista femenina de “5x2” y realizadora y estrella absoluta del simpático filme francés “Es más fácil para un camello…”) Al principio Romain había rehusado la petición de ésta y su marido: “no quiero tener hijos” afirma Ya hemos visto, en una de las primeras secuencias del filme, cómo no congenia demasiado con sus sobrinos, no porque no le gusten los niños, según manifiesta con inusitada dureza, sino más bien porque son los hijos de su hermana con la que mantiene una tensa relación. Romain hasta el final se resiste a hacer fotos a los suyos.






El niño que fue, con su intensa, tierna y a la vez hierática y escalofriante mirada, aparece de modo esporádico en la imaginación del protagonista y a los ojos de los espectadores, sobre todo ante el espejo, o en los recuerdos que le suscita el bosque donde va a buscar a su abuela anciana. Cuando, abriéndose de un modo particular al mundo, en su proceso de aceptación de la muerte, de su propia ausencia en un entorno en el que hasta entonces era una especie de estrella, el protagonista accede a inseminar a la mujer, El director sitúa al matrimonio y al joven fotógrafo en una pequeña habitación en la que ella aparece tumbada en la cama, en una posición de espera casi mortuoria, vestida únicamente con ropa interior. El marido parece que va a limitarse a mirar. Es una situación a la vez terriblemente incómoda y divertida. Ozon hace que el marido -para facilitar la excitación de Romain que es gay- acabe participando activamente en ese coito en el que lo que se pretende es la fecundación de la esposa, ya que él es estéril. Ozon parece reírse por un momento de la seriedad con la que ha abordado la tragedia de este joven fotógrafo condenado a morir, que, a priori y a pesar de su dolorosa situación, no es simpático al público, pero al que éste termina comprendiendo y hasta amando. Recordemos, en un tono mucho más irreverente, la secuencia en la que los cuatro malavenidos protagonistas de la fassbinderiana tragedia de “Gotas de agua sobre piedras calientes” se arrancan a bailar y cantar, sin ningún sentido del ridículo, una ensayada pero torpemente ejecutada coreografía al son de una famosa canción de Rafaela Carrá (¡cantada en alemán!) o las escenas a tres, a cuatro o a ocho de otros filmes del realizador francés. Ozon nunca renuncia del todo, incluso en sus filmes más graves y serios- y estamos ante una tragedia en toda en regla-, al humor corrosivo y la extravagancia; a cierta ironía negra, a cierto bretchiano distanciamiento, a cierto gusto por la hipérbole que lo había caracterizado sobre todo en sus primeros filmes. Alcanza, en cambio, un momento de enorme gravedad cuando Romain y su abuela (una envejecida e intensa Jeanne Moreau, que renuncia a cualquier tipo de glamour y embellecimiento) intercambian confidencias. Ella, recluida en una casa de campo, es un personaje femenino plenamente ozoniano, con su reclusión espiritual, su alejamiento del mundo, su satisfecha soledad y su dificultoso pasado, una suerte de hada buena recluida en esos bosques por donde han paseado tantos personajes de su cine.. Ella encarna una fuerza positiva en el mundo, físico y espiritual del protagonista masculino que se derrumba.. La anciana es el único personaje del filme, aparte de los dispositivos médicos, al que Romain confía su grave secreto- enfermedad (el cáncer que se ha apoderado de su cuerpo joven ) y ambos entablan un diálogo interesante y desgarrador sobre la soledad, el amor y el egoísmo. Una relación intimista en la que algunos comentaristas han querido ver ciertos rasgos incestuosos.




“Le temps qui reste” ha sido inoportunamente comparado con la mediocre, falócrata y efectista “Las noches salvajes”, dirigida y protagonizada por Cyril Collard, o con la mucho más descarnada y ascética “Son frère”, notable obra del todavía aquí mal conocido Patrice Chereau ( realizador que ya se dio a conocer con “L´homme blessé” igualmente lúcida y pesimista). Pero por ahora hay que verla como un eslabón coherente e importante en la obra del realizador parisino, capaz de sorprendernos en sus cambios de registro temático que no rompen su trayectoria estilística, su inventiva plástica- aquí plasmada en un elegante formato alargado- y su particular visión de las debilidades humanas. La deriva espiritual de Romain, su huida de una cotidianeidad que ya ve de otro modo, se plasma en la deliberada tensión que pone en su reencuentro, después de recibir la noticia de su incurable enfermedad y de rechazar la quimioterapia, en una agresiva actitud hacia su hermana o en la tensa escena de sexo con su joven amante, donde Ozon reproduce una situación de desigualdad dentro de una pareja pues el protagonista, gracias a su éxito profesional, mantiene económicamente a un chico más joven que él. La oscuridad, la tensión sexual y los estadillos de violencia física o verbal presiden estos encuentros que ponen al espectador, durante el primer cuarto del filme, en su contra o al menos en guardia con respecto al carácter del protagonista, aunque se le haya concedido el privilegio de conocer su terrible secreto.




Como en “5x2”, Ozon disecciona de un modo poco convencional un drama privado, íntimo, a la vez que plantea desde su personalísimo punto de vista cuestiones que todavía resultan espinosas para la sociedad francesa actual como la homoparentalidad, el sexo fuera del matrimonio, la infidelidad matrimonial, la inseminación, las nuevas formas de relación y la adopción o la ruptura de los lazos afectivos más tradicionales. Aunque “Le temps qui reste” es, a diferencia del puzzle que constituye la arquitectura narrativa ya no tan original de “5x2”, una narración lineal y cronológicamente coherente -salvo los breves y oníricos flash-backs de la niñez de Romain-, resulta una vez más un filme fácilmente divisible en actos. Y también una película en la que se da mucho juego a actores y actrices para el lucimiento, pese a que tengamos, a diferencia de otras obras suyas construidas sobre tríos, bino o polinomios , a un protagonista absoluto. Como en “Sous le sable” (otro filme sobre el luto, en este caso el de un ser querido) o como en “5x2”, un drama sarcástico sobre “la muerte del amor”, la acción concluye en la playa, a la orilla del mar. Pero, si en las imágenes finales de los trabajos citados se nos transmitía un raro optimismo y una extraña calidez, en este caso se trata de un final melancólico- con ecos viscontinianos- para una historia trágica que, no obstante, pretende en el fondo contener un mensaje de esperanza y redención.“Le temps qui reste” es, seguramente, y a pesar de sus imperfecciones y ambigüedades éticas, uno de los filmes mejor rodados de Ozon, si no el mejor (junto con “Swiming pool”), con una maravillosa fotografía, utilizando con inteligencia por primera vez el formato panorámico y logrando un extraordinario contraste entre luz natural, artificial y oscuridad sólo comparable a la sinfonía cromática que componía, en un tono mas tenue, otro filme suyo sobre el la pérdida, el duelo y la melancolía: “Sous le sable”.




Muchos críticos, un tanto apresuradamente, han visto la sombra del SIDA planeando sobre el último trabajo de este director, que obtuvo la espiga de Plata en Festival de Cine de Valladolid, y Ozon tuvo que aclarar, con inteligencia, que aquí el tema es otro y que realizar un filme sobre el VIH está entre sus proyectos, pero aún no se siente preparado para hacerlo. Se le han adelantado, de diferentes formas, Patrice Chereau con la agria “Son frére” y sobre todo el cálido André Téchiné de “Les témoins”, pero sin duda la propuesta del joven parisino – si llega- tendrá un carácter personalísimo.

Sunday, August 30, 2009

CURRICULUM OCULTO. Un artículo rescatado.













LA MASCULINIDAD ALMODOVARIANA

Y SUS LÍMITES EN "LA MALA EDUCACIÓN"

















"Enrique, creo que lo conseguí..."







No soy un devoto incondicional del cine de Almodóvar, aunque considero que hasta en sus peores películas hay aspectos interesantes para los que nos dedicamos a analizar la cultura y el cine teniendo en cuenta las cuestiones de género y diferencia sexual. "La mala educación" al contrario que sus dos anteriores filmes ha sido recibida con cierta frialdad por gran parte del público y la crítica especializada. El director de mujeres de "Que he hecho yo para merecer esto" o "La flor de mi secreto" vuelve a abordar una historia de hombres tras varios años de filmes consagrados a los retratos femeninos (si exceptuamos, en parte, esa fascinante rareza que es "Hable con ella"). No son tantas las ocasiones en que Almodóvar ha tenido protagonistas masculinos y - a pesar de las lecturas camp, de la estética equívoca y los aspectos “perversos” de todos sus filmes, - es la segunda vez que realiza un filme sobre las relaciones amorosas y sexuales entre hombres gays. De nuevo como ya ocurriera en "La ley del deseo", un filme estrechamente ligado a "La mala educación" en más de un aspecto, el resultado causa más desconcierto que entusiasmo entre sus seguidores con la particularidad de que la representación más o menos explícita de la homosexualidad en el cine español ha dejado de ser tan novedosa como cuando surgió su "Law of desire" , perdiendo, de en consecuencia, parte de su atractivo trasgresor.






La película aporta, no obstante, un enfoque nuevo al incorporar los temas de los colegios religiosos (el nacionalcatolicismo de la España tardofranquista, vigente en los últimos años de la vida del dictador e incluso después, la derecha española y sus secretos de alcoba ) y los abusos a menores- bien tapados- por parte del sacerdocio. Pero las expectativas creadas en torno a estas temáticas quedan frustradas si se espera algún tipo de denuncia, profundización, alegato o sincera autobiografía ya que ni la infancia ni la homosexualidad son el eje del relato sino dos elementos más. Elementos que quedan aún más distorsionados por lo rocambolesco de la trama y el tratamiento irónico y distanciado del director.




Las relaciones masculinas en el cine de Almodóvar, al contrario que muchas de las relaciones entre mujeres que aparecen en sus filmes, suelen estar marcadas por la competitividad, el recelo y las relaciones de poder (véase "Matador" o "Carne trémula") . En "La ley del deseo" la relación entre el personaje de Eusebio Poncela y sus dos amantes es la relación de un demiurgo con sus criaturas, de un creador ególatra que se sabe con talento hacia dos chicos desorientados a los que posee más que ama. Al rescribir las cartas de amor que éstos le envían nos demuestra su propia incapacidad para mostrar sentimientos de verdadero afecto hacia ellos. En "La mala educación" la vanidad del director y el actor chocan en varias ocasiones y las relaciones sexuales no surgen de la compenetración tanto como de la rivalidad, la autoafirmación, la vampirización o el deseo ocasional. La dependencia, los (re)celos, la inmadurez afectiva y la búsqueda de un lugar en el sol enturbian lo que puede haber de auténtico en su acercamiento mutuo. Mención aparte merecerían los papeles de Javier Cámara en "Hable con ella", Eloy Azorín "Todo sobre mi madre" y Tamar Novas en "Los abrazos rotos" tres hombres heterosexuales que no lo parecen bien sea por sus gustos, su delicadeza o por su forma obtusa de acercarse a la sexualidad considerada "normal"






El director de "Hable con ella" parece sentirse más suelto ante los personajes femeninos, más dispuestos a interactuar y a resolver las situaciones complejas sin tantos momentos de violencia soterrada o abierta hostilidad entre sí. La rivalidad entre mujeres parece, casi siempre, poder resolverse mientras que los varones almodovarianos, recluidos en su torre de marfil o simplemente a la deriva y en búsqueda de una identidad perdida, suelen acabar condenados a la soledad.

La figura del "travesti" que aparece ya desde sus primeros filmes no supone realmente una alternativa a la masculinidad hegemónica (con alguna excepción como la transexual Agrado de "Todo sobre mi madre") sino una imitación de una feminidad grotesca tomada del melodrama, el vodevil y cercana al estereotipo. Así personajes como el Miguel Bosé de "Tacones lejanos" (serio juez de día y rutilante estrella nocturna) debe conformarse con aproximarse a modelos femeninos prefabricados limitando su capacidad performativa en aras de una idealización esencialista de “mujeres reales”. El personaje de Gael García Bernal decide tomar "clases de pluma" con la ayuda de un/a imitador/a de Sara Montiel pero no parece mostrar mas afinidad con su personaje que la de recrear una ficción imposible, la de encarnar a su hermano/a muerto, la de continuar un engaño, la de conseguir el éxito y a la vez limpiar su conciencia.






El camp y el kitch, algunos de los elementos más destacados por los críticos anglosajones, aparecen en esta ocasión unidos a la memoria cinéfila en la que se mezclan las estrellas de Hollywood con sus imitadoras en el cine de español franquista (“que guapa es Sara” dice uno de los niños en el cine al ver a Sara Montiel en uno de sus rancios musicales con pretensiones). Así la iconografía escapista de Hollywood se mezcla con la imaginería religiosa de las escuelas represivas y con la cutrez de una España oscurantista que sigue pesando sobre el presente y el futuro de los protagonistas en los años ochenta. “La basura está en alza” dice Ignacio al sacerdote, amenazándole con revelar a los medios de comunicación de masas los abusos de los que fue objeto en su infancia. Y, aunque añade “Ahora se valora más mi libertad que su hipocresía”, tenemos la sensación de que expresa más un deseo incumplido que la constatación de un profundo cambio social. Al presentar los abusos sexuales como desencadenantes de la crisis de identidad y de las diferentes trayectoria de los dos alumnos Almodóvar se muestra más comprometido que en otras ocasiones pero de nuevo simplifica a unos protagonistas que no dejan, por momentos, de rozar el estereotipo. Lo más meritorio de sus caracterizaciones es la mezcla de frialdad y vulnerabilidad que intuimos, a ratos, en el personaje de Fele Martínez y la capacidad camaleónica de Gael García Bernal, una acertada elección si tenemos en cuenta que se trata posiblemente del más cotizado y admirado galán en alza del cine latinoamericano reciente.






Como en "La ley del deseo" el tono de la narración es sombrío, el reencuentro entre los dos antiguos compañeros está lejos de ser feliz y la suplantación de identidades conduce a enredos que se alejan del tono de comedia sofisticada con tintes hollywoodienses de "Mujeres al borde de un ataque de nervios" . La muerte y la soledad planean sobre todo el filme, la muerte por accidente (otra coincidencia con el citado filme de 1987) o por un asesinato que parece o se hace parecer un accidente. El humor, en ocasiones esperpéntico, se ve agriado por las siniestras implicaciones de las acciones u omisiones de los personajes. Como en "La ley del deseo" un personaje transexual vuelve a una iglesia para visitar a su sacerdote-“educador” lo que reafirma el interés del director por hermanar estéticas a la vez opuestas y complementarias, mundos antagónicos pero secretamente interrelacionados. La iconografía católica tiene un gran juego para el director de "Entre tinieblas" aunque parece más interesado por su lado ornamental que por sus implicaciones ideológicas. Si comenzaba "Átame" con la imagen de una estampa del Sagrado Corazón y concluía "La ley del deseo" con una recreación homerótica de “La Piedad”, en "La mala educación" el colegio religioso es un rito de paso traumático pero también un lugar donde conjugar el kitch con el tradicionalismo hispánico. Así el cine se erige como lugar de escapismo, de reconstrucción de una identidad tullida a partir de las imágenes inalcanzables de las glamurosas estrellas femeninas.






La confusión entre realidad y ficción es una de las bazas más criticadas del filme en base a un guión algo confuso donde se entremezclan ambos planos. Algo que Almidonar ya experimentó en otros filmes donde no faltan las citas cinéfilas y los homenajes. Si en "Todo sobre mi madre" hay referencias a "Un tranvía llamado deseo" y "Eva al desnudo" que se insertan en la narración (dos clásicos y dos clásicos campy reapropiados por el publico gay-lésbico) aquí los referentes se encuentran en el propio filme, en el juego de cajas chinas entre la realidad vivida, los recuerdos novelados (un relato breve titulado “La visita”) y la película que ruedan a partir de ese relato. Varios flashbacks salpican el filme que concluye con una serie de incómodos letreros que nos explican lo que sucedió con los personajes “después de...”. Como en "Tacones lejanos" o "Todo sobre mi madre" Almodóvar trata de llevar hasta sus últimas consecuencias la máxima wildeana de que “La vida imita al arte” planteando una confusión lúdica entre ambas.






De colores saturados y tonos chillones que refuerzan la sensación de irrealidad que se desprende del relato, con algunos interesantes movimientos de cámara y un tono pausado poco habitual en su filmografía, "La mala educación"- virulento análisis de la represión, la codicia y la pérdida de la estabilidad- es otra muestra de las posibilidades y limitaciones del cine de Almodóvar, de su intento de apropiación de la cultura popular y las estrategias del folletín y de su tan comentada como superficial desestabilización de los géneros y de las identidades sexuales. Lo sacro y lo profano, lo masculino y lo femenino, lo homo y lo hetero, la realidad y la ficción.

Tuesday, August 18, 2009

EL NIÑO PEZ




“El niño pez” es la segunda película de la realizadora Lucía Puenzo tras su sonado debut con “XXY”, un filme más valorado por su temática (el hermafroditismo) que por sus desiguales resultados artísticos. Con “El niño pez” Puenzo se consolida como una directora inquieta y dispuesta a hurgar en los misterios de la feminidad juvenil, de la sexualidad fuera de la norma, y en las tripas mismas de la sociedad argentina. De nuevo la protagonista es Inés Efrón, una joven actriz de limitados recursos, que da lo mejor de sí misma interpretando a Lala, una muchacha de la alta burguesía del país, locamente enamorada de la Guayi, que trabaja como criada en su casa familiar . Una historia de amor interclasista e interracial tratada en clave de fábula onírica, tal vez lastrada por el excesivo amor de la directora por las metáforas de su original literario, pero salvada por la forma de acercarse a las actrices, tratar con sinceridad los aspectos más espinosos del relato y no abusar de escenarios ni personajes.



“El niño pez” es la historia de un “amour fou” que parece condenado al fracaso cuando Lala asesina a su padre y decide vender sus bienes, pero es salvada por la directora a través de una pirueta narrativa bastante lograda en la que se nos muestra que la sociedad en la que viven y se aman Lala y la Guayi sigue siendo una sociedad dominada por el machismo y la corrupción en todos los estratos. Lucía Puenzo se arriesga al unir a dos personajes diferentes en una relación extrema tratada con una mezcla de naturalidad y fantasía y, aunque no escatima frases cursis, encuadres rebuscados ni algunas imágenes relamidas, aprovecha de forma inteligente esos tonos apagados y esa fotografía a la vez bella y tenebrista que ya utilizó para contarnos la odisea de la protagonista de “XXY”. Maltratada por la crítica, “El niño pez” es quizá un filme imperfecto pero está lleno de pequeños logros que nos acercan a la vida, el sexo, la familia, el dinero, el amor y la muerte de una forma peculiar y arriesgada.

Friday, July 10, 2009

EL PATINADOR Y LA MUERTE





PARANOID PARK





Con casi dos años de retraso y precedida por el relativo éxito de “Mi nombre es Harvey Milk” llega a las carteleras españolas “Paranoid Park”, una de las películas en las que el director de “Mala noche” se adentra nuevamente por los senderos de la experimentación lingüística y el retrato de una juventud desorientada. Incluida, algo a la ligera, en el bloque de obras que forman “Elephant”, “Last Days” y “Gerry” -todas realizadas con pocos actores y presupuesto- “Paranoid Park” es, seguramente, la más brillante de todas en su disección de los males que acechan a la sociedad estadounidense contemporánea y en el equilibrio entre sus ambiciones y logros artísticos . De nuevo, un escenario muy querido por Van Sant: los institutos de enseñanza media donde esos jóvenes mimetizan los peores valores de una sociedad enferma, y nuevamente una propuesta formal anti-narrativa apoyada en un esquema argumental más o menos coherente (aquí basado en una novela policiaca de Blake Nelson), que se desorganiza para que el relato adquiera su forma obsesiva y logre su sentido dentro de la mente de los actores. En esta ocasión el protagonista absoluto es Alex, un joven Squater, hijo de padres divorciados, que ve su vida solitaria desbaratada cuando mata accidentalmente a un guarda de seguridad después de una noche de juego.



Van Sant de nuevo combina imágenes hiperrealistas con otras de carácter onírico, aunque su apuesta es más contenida que en otras ocasiones y logra hacer un nudo en la garganta del público con ese diario íntimo de un adolescente embotado intentando dar sentido a un suceso que marcará su vida para siempre, pero que él no puede contar a nadie. Nadie está dispuesto a escucharle, todo sucede en tu interés . La cámara se encandila por igual con las imágenes semidocumentales de esos jóvenes patinadores en acción que con el deambular de Alex por las casas, los caminos, los parques de cemento y los pasillos del colegio donde estudia y descubre el sexo y la muerte con una extraña frialdad y desapego. La incomunicación, la pandilla, la búsqueda de afecto y la violencia soterrada en la sociedad norteamericana contemporánea son algunos de los temas de esta pequeña, pero bella y estremecedora, fábula sobre el asilamiento espiritual, la alienación y la pérdida de la inocencia.

Thursday, April 09, 2009

DE HERMANO A HERMANO





"Nuestras ciudades están increíblemente faltas de amor"

James Baldwin

Wednesday, December 17, 2008

EVENING



EL ATARDECER



“Se un hombre, escandaliza a tus padres”
Anne (Claire Dannes)



“Ni Wittgenstein ni la clase de filosofía ¿que hay para comer?
Buddy(Hugh Dandy)




“El atardecer” de Lajos Koltai recupera el valor en alza como guionista del novelista Michael Cunningham autor de “Las horas” y “Una casa en el fin del mundo”. Bellamente rodada y con un impresionante plantel de actrices de todas las edades, “Evening” no ha tenido la repercusión de los otros filmes en los que ha participado Cunningham a pesar de incidir en las mismas constantes: la familia y sus roles, el paso del tiempo, la muerte, la sexualidad, cómo se determinan el pasado y el presente y una reflexión ambivalente sobre los sueños incumplidos. “El atardecer” comparte con “Las horas” un impresionante reparto coral femenino y con “Una casa en el fin del mundo” una reflexión -menos importante, pero más acerada aún - sobre la imposibilidad de vivir la homosexualidad en EEUU en épocas de constricción moral y cortapisas espirituales.


El filme transcurre a lo largo de la agonía de Anne (Vanessa Redgrave). Recuerda ésta su juventud, en particular la ocasión en que se enamoro localmente de un hombre llamado Harris (Patrick Wilson) durante la boda de su mejor amiga en una lujosa mansión de Newport. Harris era idolatrado por todas las chicas del lugar, y aunque estaba enamorado de “Anne joven” (interpretada por Claire Dannes) se casó con una enfermera, tras esa larga boda que acabó convertida en tragedia. Una trama folletinesca salvada por esos elementos de modernidad y delicadeza que Cunningham y Koltai ponen a la novela original de Susan Minot, coguionista del filme.

Algunas imágenes de postal, remedos del melodrama clásico forzados y varios trucos característicos del cine de Hollywood no impiden que “Evening” sea un filme hermoso, una bella tragedia sobre los errores del pasado y la cobardía ante la autenticidad y de la dificultad de ser uno mismo ante un mundo patriarcal y asfixiante en el que las mujeres y los gays fueron educados en la renuncia. Hay varios protagonistas en un relato coral que, a pesar de la vitalidad de algunos momentos, deja un poso de languidez y amargura. Uno es Anne, otro es su hija Nina (Toni Colette), enfrentada a su embarazo, y Harris, pero desatasca la figura de Buddy al que da vida con intensidad Hugh Dancy -secretamente enamorado de Harris-, un personaje que parece salido de la pluma de Tennesse Williams. Destacable es un gran cameo: el de Meryl Streep como Lila, aquella chica que se casó con un hombre al que no quería.

Algunas de sus imágenes nos recuerdan a los melodramas de los años cincuenta, algunos recursos visuales son algo acaramelados y hay instantes algo convencionales pero otros están dotados de una extraña fuerza dramática: particularmente aquellos en que el director enfrenta a las dos hijas de Anne (Toni Colette y Natacha Richardson) o en los que encara-con mayor pasión aun- a “Anne Joven” con Buddy, sorteando la verdad, “guardando las apariencias”. La vitalidad de Redvrage y Dannes hacen creíble un personaje femenino complejo que mientras delira en su agonía hurga en las heridas de su pasado al tiempo que recuerda momentos felices como aquel en el que canta con felicidad y pasión en la boda de su amiga.


“Evening” es, como “Las horas”, una historia sobre la frustración de las mujeres del pasado vista por las mujeres del presente y “el futuro” y a la vez la historia de un personaje gay que se destruye por ser incapaz de enfrentarse a un mundo anticuado y varonil. El mismo mundo que retrata Cunningham en sus novelas y que han retratado con desiguales pero interesantes resultados Stephen Daldry, Nicholas Meyer y Lajos Koltai.

Friday, October 31, 2008

¿SEGUIMOS EN EL DESIERTO?






“Media hora más contigo” de Donna Deitch sigue maravillosamente en pie, gracias a la fuerza de la construcción dramática de un relato que oscila entre el cine clásico y el cine provocador e independiente. Una pequeña obra maestra de la que, aún hoy, no me explico por qué es tan borroso el recuerdo de la primera vez que la vi ni por qué los espectadores de uno y otro lado del mundo no le han otorgado el lugar que merece en el la historia séptimo arte.

Parece como si Cay (Patricia Charbonneau) nunca hubiera subido a ese tren y los espectadores se hubieran quedado en Reno dándole vueltas al asunto, escuchando la música del rancho, jugando en el casino o haciendo de sheriff del condado. “Desert Hearts” supuso una bocanada de aire fresco en el cine del momento protagonizado por mujeres y no digamos ya en el aún más exiguo cine realizado por mujeres.

“Media hora más contigo” contiene algunos recursos narrativos característicos del momento como la cortinilla, los lugares idílicos y asfixiantes o los secundarios definidos con trazo grueso, pero estos elementos -aparentemente molestos- están utilizados con notable inteligencia al igual que su construcción en sólidos episodios narrativos y sin ningún tipo de aspaviento visual. Estamos ante el transcurrir implacable de una fábula que a la vez parece lánguida y acelerada, tierna y dura, suave y dolorosa.

La escena central de la película es una de las secuencias de amor mejor rodadas de la historia del cine con un empleo asombroso del fundido encadenado y un sobrio juego con los colores encendidos y apagados, una variedad cromática que han presidido toda la narración.

Jane Rule, autora de la novela original y coguionista del filme, desafió a la sociedad estadounidense de los ochenta de forma más lúdica y menos pesimista de lo que lo ha hecho Annie Proulx recientemente con “Brokeback moutain”. A diferencia de la historia de Jack y Ennis, la de Cay y Viven tiene un final feliz y sus secuencias de erotismo no muestran ningún tapujo. Aún hoy sirven de modelo para actrices que dudan como interpretar una secuencia de amor entre mujeres. El sentimiento de culpabilidad y el desconcierto se diluyen y aparece la dicha. Aunque su construcción es la de un drama familiar, coral y se enmarca en una microcomunidad que pretende ser el reflejo de un universo aparentemente convencional, la fuerza que adquieren los personajes de Cay y Vivien y la inversión final de sus papeles logran un broche de oro para un trabajo que destila a la vez vitalidad y melancolía.


Tuesday, September 02, 2008

WALK ON WATER





El espía que ¿me amó?


Hansel y Gretel están vivos y bien
Y residen en Berlín
Ella es camarera y sirve cócteles
Él participó en una película de Fassbinder
Y ahora, de noche, se sientan juntos
A tomar Schapps y Gin
Y ella dice: Hansel, de veras me deprimes
Y ella responde: Gretel, de veras puedes ser una perra
Y continúa: he malgastado mi vida en tu tonta leyenda
Cuando mi único y verdadero amor
Fue la malvada bruja
Y él le responde: la historia es un ángel
Obligado a avanzar de espaldas al futuro
Y él ángel quiere regresar y arreglar las cosas
Reparar lo que fue destruido
De espaldas al futuro
Y a esa tormenta, a esa tormenta
la llaman
Progreso.

Laurie Anderson (“El sueño previo”)


Un asesinato al borde del mar. Un agente de la Mossad en busca de dos hermanos. Él guarda un secreto pero también ellos esconden los suyos propios. Del contacto mutuo ninguna de las dos partes puede salir indemne. Hansel y Gretel se han refugiado en Israel, su felicidad no es del todo completa, ya que Gretel-Pía sabe más que Hansel-Axel sobre las zonas oscuras del pasado familiar y casi tanto como Eyal, el agente justiciero “venido del pasado”.
La tierra prometida donde los dos hermanos quieren olvidar el pasado y encarar el futuro no es una tierra plácida, como nos indican esos atentados suicidas, que aquí resuenan como un eco en las noticias y que serán el eje temático de “The Bubble”, el último trabajo de Fox.


“Caminar sobre las aguas” es un filme amable y de visionado gratificante si lo comparamos con “Yossi & Jagger” o “The Bubble”, pero las cuestiones heredadas del uno (las sexualidades en un mundo militarizado, jerarquizado o en conflicto) y las que se pondrán de relieve en el último (el conflicto palestino-israelí, la frontera, los nuevos modelos de familia, el choque de culturas, la salida del armario) ya aparecen apuntadas en su hábil construcción dramática, donde no obstante, Fox y Uchovsky quieren ganarse al público internacional con una apuesta más apacible y, al menos en apariencia, más convencional.
Este es su primer filme rodado en inglés y el que les ha abierto definitivamente las puertas al mercado internacional, estrenándose en las salas comerciales de muchos países. Y ello pese a que la película contiene- en una de sus secuencias de acción, la más tensa del filme- una de las declaraciones políticas más violentas de Fox cuando Axel lamenta que Eyal no haya disparado sobre la banda de neonazis que los asaltan a la salida del metro y los golpean al verlos junto con un grupo de gays, travestís y transexuales, visibles… Estamos lejos del ascetismo, la sobriedad y la radicalidad ética y estética de Gitai o Avi Mogravi, pero a cambio tenemos una mirada fresca, joven u desinhibida sobre los mismos temas y algunos más.





El ángel de la muerte encarnado por Eyal (Lior Ashkenazi) encarna una masculinidad fálica, retrógrada, monolítica, inseparable de su pistola, incapaz de derramar una lágrima, carencia que él achaca a un trauma de nacimiento. Un ser que representa un papel y que busca venganza. Eyal ha provocado indirectamente el suicidio de la mujer que lo amó y ahora busca obsesivamente encontrar y asesinar al abuelo -un antiguo nazi escondido- de esos dos hermanos que, en cambio, van a conducirlo por terrenos desconocidos.

La sombra del pasado es como un fantasma impreciso que pesa en todo el filme sobre la vida de dos jóvenes aficionados a la música y el baile; que buscan encarar el presente y dejar atrás un pasado familiar sombrío, materializado en ese agente disfrazado de guía turístico, un varón de maneras corteses e intenciones homicidas . El segundo largo de Fox es un filme más digerible que “Yossi & Jagger”, o al menos no tan extremo, con un final más optimista y plácido y sus hábiles puntos de giro argumentales. Esta vez el conflicto bélico Israel-Palestina se encarna sobre todo en la furia vengadora de un agente secreto, un hombre que va a encontrarse con muchos secretos que acabarán enfrentándolo a su propia y fracturada identidad. Eyal monta en cólera cuando Axel se pregunta por las motivaciones de los terroristas palestinos, “por lo desesperada que tiene que estar esa gente…”. En cierto modo Fox está anunciándonos el tema de su siguiente largo, donde va a implicarse de lleno en el conflicto que sigue sacudiendo su país.





Una de los principales objetivos de “Walk on water” es mostrar cómo el amor, no sexual pero sí extremadamente sensual entre Eyal y Axel va a cambiar al primero, haciéndole abandonar la idea de matar. "Matas todo lo que amas" le dice , a la manera wildeana, su novia antes de suicidarse. Fox de nuevo interpela a las gentes de su país, hace un "tímido canto pacifista", aunque no llegue al desgarrado alegato antibelicista y la reflexión sociopolítica sobre el conflicto de “The Bubble”. El novio palestino de Axel está encarnado por Yousef Yoed Seid el mismo actor árabe que cobrará un trágico y romántico protagonismo en “The Bubble”, y a pesar de su presencia fugaz en el filme su frase lapidaria “los judíos estáis obsesionados con lo que os hicieron y no os molestáis en ir más allá…” resuena en todo el filme. Pero habremos de esperar al filme siguiente de Fox-Uchovsky para que la frase se materialice en una historia verdadera y en unas imágenes de amor y dolor, en las que la tragedia palestina aparece como la sombra de un nuevo tipo de holocausto, tal vez más sutil pero no menos devastador.

La reacción homófoba de Eyal cuando descubra el secreto de Axel (Axel es gay) será extrema porque en los rituales homosociales que han compartido- mear juntos, ducharse y bañarse juntos en el mar- Axel no ha revelado “su secreto”- no ha hablado lo bastante- pero Eyal, en esos mismos momentos de contacto físico y humano, ha compartido una parte íntima de sí mismo e incluso ha comenzado a dejar salir sus sentimientos . Cuando por primera vez falla en las pruebas de tiro, Eyal lo achaca directamente “al exceso de cantantes femeninas”. Cuando frente al Muro de las Lamentaciones el arrogante Eyal se muestra indignado por todo lo que se le ha ocultado, la desgarrada y algo arrogante Pía (Carolina Peters) no le da una respuesta fácil. Para ella su hermano Axel, su comportamiento y su sexualidad -de la que se pavoneaba de adolescente- tampoco es un tema fácil, como tampoco lo es el hecho de encarar que su abuelo siga con vida, manchando su presente y la relación con sus padres. La relación entre Axel y Pía es a la vez tensa, cariñosa y con un punto incestuoso que pertenece, sin duda, a la cultura alemana. Hansel y Gretel también salieron de plumas germánicas. Y es en Berlín, en la mansión de lujo donde ocultan al antiguo miembro de las SS, donde este ángel-demonio herido aprende a llorar en los brazos de Axel, siendo Axel quién ponga fin a la vida de su abuelo nazi.




El guión es habilidoso hasta el malabarismo- mezclando con sabiduría el drama, el "thriller" y la comedia de situación-, pero puede parecernos demasiado alambicado y hasta algo tramposo a quienes admiramos la no menos hábil contención de "Time off" o “Yossi & Jagger”. Sin duda la mano de Uchovsky está más presente en este filme, del que es guionista y no sólo productor. Un trabajo en el que se incide más en la situación actual de Israel que en el machismo y la homofobia del ejercito y donde se nos muestra la vida en un Tel-Aviv moderno y colorista bellamente fotografiado en todos sus escenarios y, de nuevo, acompañado de la música de su inseparable Ivri Lider. La identidad sexual en las fuerzas armadas de su país vuelve, no obstante a estar presente aquí personificado en el personaje que más drásticamente evoluciona, el falsamente hierático y adusto Eyal. Aunque quizá el cambio de Eyal pueda dejarnos insatisfechos porque esperábamos que cayera en los brazos de Axel y cae en los de Pía. Su contacto con el lado femenino es espiritual y carnal y su redención tiene algo de mesiánica. Eyal se convierte en padre. Pero su recuerdo final en la cinta es para Axel y se materializa con un lirismo que no teme rozar la cursilería en esa imagen final en la que ambos caminan sobre el mar de Galilea. No obstante, el filme nos ha planteado complejos interrogantes sobre las identidades que se mezclan, las culturas que chocan y las palabras que se contagian. La curiosidad de Eyal sobre la sexualidad de Axel se encuadra dentro de una política de lo normal que en realidad no acaba de cuajar, a pesar de la placidez del hermanamiento final.

Todas estas cuestiones sobre masculinidad y feminidad se llevan a primera línea en “The Bubble”, otra historia que puede parecernos demasiado rocambolesca pero que mantiene un magnífico equilibrio entre lo descarnado, lo realista, lo romántico y lo poético. En un momento de la cinta uno de los protagonistas de “The Bubble” dice “No empieces con Judith Butler”, una judía también desgarrada por cuestiones de género, raza y sexualidad que está quizás delante -o detrás- del espíritu de estos filmes, por la forma de cuestionar en su obra ensayística la dicotomía masculinidad/feminidad como un producto de las tecnologías de la raza, la nacionalidad y el militarismo o incluso como un abismo que confunde al sujeto entero/hetero en una posición fóbica. Como decía Trevor Hope “La homosexualidad no es la lógica que sostiene al sujeto masculino sino el abismo que lo confunde y lo arroja en su fóbica ex-sistencia”.

Saturday, August 30, 2008

TO DIE FOR






SI QUERÍAS UNA NIÑERA HABERTE CASADO CON MARY POPPINS



“Todo por un sueño” supuso una sorpresa para los compañeros de carretera del irregular francotirador Gus Van Sant. Los que admiraron “Mala noche” y “Drugstore Cowboy” o adoraron “My own private Idaho” o quedaron estupefactos con el efecto lisérgico “Ever Cowgirls get the blues” vieron sin duda un giro decisivo en la carrera de este francotirador del cine independiente, gay e iconoclasta con "Todo por un sueño": la historia de Suzanne Maretto, una presentadora de televisión arribista dispuesta a todo para lograr el éxito personal y profesional. El problema es que Suzanne se ha casado con Larry, un tipo mediocre -al que da vida un Matt Dillon de mirada perruna- que no entra en su mundo, limitado a los rayos catódicos y la búsqueda a toda costa de “un lugar en el sol”. El personaje de Suzanne es una verdadera performance interpretativa de Nicole Kidman que logra uno de los papeles más difíciles de su carrera interpretando a una “mala” llena de gancho que, a pesar de su mezquindad, se gana la simpatía del espectador por la estupidez con la que se conducen todos los que la rodean, particularmente los hombres.




El realizador de "Elephant" y "Last days" articula el camp, la ironía, el humor negro, la mirada homoerótica y el gusto por admirar a una "gran mujer" y a la vez mostrar sin piedad su lado más oscuro y sus artimañas más rastreras. También traza una disección implacable de los mecanismos de ascensión y triunfo en la sociedad occidental en general y en el mundillo de los medios de comunicación en particular. Y también retrata el mundo del que procede: la clase media estadounidense, su falsa inocencia, sus valores nuevos y corsés heredados.

Van Sant se enfrenta a una visión moderna y aparentemente ligera de la “mujer fatal” en un personaje que es un misterio y que desde el principio se nos muestra como una imagen pública que se disuelve gráficamente en "un montón de puntitos". Suzanne es una criatura a la vez monolítica (ciega en sus propósitos) y centrífuga ya que es alternativamente adorada u odiada por aquellos que le rodean, particularmente por la familia de su marido –cercana a la mafia italiana- y por esos tres chicos jóvenes del instituto a los que utiliza en su carrera hacia el estrellato.

¿Por qué, a pesar de todo, nos cae bien Suzanne? Porque utiliza y maneja a seres a los que destamos en la vida común, es decir aquellos que admiran ciegamente a gente como ella y que a la vez fijan sus horizontes vitales en los “familie values” y la estabilidad al uso. Suzanne no encaja en ese puzzle sino que más bien lo desbarata igual que Van Sant desorganiza el relato temporalmente para dar una visión a la vez completa e incompleta, cáustica y devastadora, del personaje y su mundo.

Suzanne es un objeto y un sujeto y también una idea visual que nace de una imaginación saturada por el camp, es decir, por una mirada perversa sobre algo falsamente inocente y lleno de claves, en este caso el atractivo y el garbo de la protagonista para seducir y engañar.


Cuando su marido y la familia de esta instan a Suzanne a convertirse "en madre" ella responde con una sentencia lapidaria: “Si querías una niñera haberte casado con Mary Poppins”. La dama de hielo – como la define su sagaz cuñada- la chica de la portada de las revistas -como diría Addison de Witt-, muestra su lado oscuro y lo hace a través de un giro que tiene mucho de mirada gay, queer e iconoclasta sobre la familia tradicional y los valores tradicionales. Suzanne no es una heroína, y es difícil empatizar con ella, pero gran parte del placer de “To die for” está en compartir con ella determinados gestos, forma de actuar o en admirar como utiliza el rostro, ropas, guiños, maquillaje, artilugios y frases hechas o deshechas para lograr un estilo de vida propio. Apariencia y realidad se confuden con perversidad.

El destino fatal de Suzane no es ejemplificador ya que no puede destruirse del todo algo que no se ha llegado a construir y es que la “chica del tiempo” de la tele es una imagen mental sobre la Norteamérica con mayúsculas y dos de sus pilares más sagrados: la familia núclear y la comunicación audiovisual.

Suzanne seduce a un joven con problemas de adaptación (interpretado por un jovencísimo Joaquin Phoenix), coquetea con una chica con tendencias lésbicas, asesina a su marido cuando se interpone en su camino y, en el fondo, presentimos como desprecia a cuantos le rodean aunque no podemos odiarla del todo por todo ello ya que ella misma parece definirse como el producto de una sociedad y un momento y acaba convirtiéndose en una bomba de relojería sobre el patriarcado tradicionalista y sobre la gente como ella o con sus mismas aspiraciones. Van Sant, como en otras ocasiones roza el moralismo pero cree demasiado en la fuerza de su personaje para emitir un juicio y deja, como siempre, una puerta abierta a la duda , el desasosiego y el desconcierto.

Monday, July 14, 2008

UNA CASA EN EL FIN DEL MUNDO





La familia de Bobby:

A estas alturas no es ningún descubrimiento que Michael Cunningham, autor de “Las horas”, es un novelista solvente y en ocasiones conmovedor. Ya en su primera novela “Una casa en el fin del mundo” -que ahora ha sido objeto de una meramente correcta adaptación cinematográfica por parte del debutante Michael Mayer- veíamos a un escritor profundamente estadounidense pero imbuido de una gran sensibilidad literaria que también remitía a la novela europea (no en vano Virginia Woolf se erige la musa de “The hours”, su libro más popular y fundamento de un importante filme dirigido por Sthepen Daldry).




Cunningham es, sobre todo, un hábil constructor de personajes a los que arrastra por tramas bien construidas pero algo alambicadas y no siempre verosímiles (como ocurre en su último libro, el para mi interesante pero a la vez ambicioso y fallido “Días memorables” donde sustituye a Woolf por Walt Whitman como referente cultural y motor de la trama).







“Una casa en el fin del mundo” es una historia estadounidense hasta la médula aunque desafía, eso sí, tímidamente, algunos de sus valores más sagrados: como son la familia nuclear, patriarcal y tradicional heterosexual, a la que propone un modelo alternativo, y echa un vistazo a la era hippie, sus ilusiones de cambio, sus promesas incumplidas y sus fracasos individuales.


Tanto el libro como el filme, como casi todo el universo creado por Cunningham, son melodramas en toda regla, aunque no faltan las situaciones de humor, comedia y una elegante ironía que le sirve para enfrentar a sus personajes- siempre tratados con humanidad- con aquellas situaciones de las que precisamente huyen.



Hay algo en el filme no obstante que defrauda a los admiradores del libro y a los admiradores de los aspectos más transgresores de su prosa que tan acertadamente supo poner imágenes Daldry en “Las horas”, una intensa y original transposición de un libro muy difícil de adaptar, en el que el lesbianismo reprimido salta a primer término en los momentos más perturbadores del relato).



Con situaciones y personajes más cinematográficos Meyer en cambio fracasa en su cuestionamiento de los valores tradicionales y, no sabemos si por culpa de la esforzada pero excesivamente acaramelada composición de Colin Farrell como el angelical Bobby, el filme se me antoja un drama de corte muy clásico, formalmente conservador, con varios momentos de gran belleza pero que, a pesar de los fantásticos trabajos actorales de Naomi Watts y Sissy Spaseck , resulta simplón en el retrato de un cuarteto protagonista que no logra traspasar la cualidad de amables estereotipos: Bobby, el chico diferente que se ha hecho-a sí mismo y que en su temprana orfandad es acogido por la familia de Jonathan; el propio Jonathan tipificado como gay eternamente enamorado de Bobby-amor de adolescencia- y después con una vida promiscua y despreocupada que se identifica como anterior a la era del SIDA que lo acaba atrapando- vaya por Dios-, y la propia Claire que, a pesar del esfuerzo de Watts por trabajar todos y cada uno de los matices del personaje y sus relaciones con los dos chicos , no deja de ser un reflejo de un personaje femenino arquetípico, la buena amiga del homosexual del que está enamorada. Una chica a la vez tradicional y rompedora, o desevuelta en sus formas y conservadora en su corazón. Como interesante y original es la historia “Una casa en el fin del mundo” pero formalmente previsible y acomodaticia es la adaptación de Meyer, no obstante entretenida, cuidadosamente fotografiada y visualmente impecable.





Hay otro excelente libro de Cunningham “De carne y hueso”, otra novela-río familiar, de argumento y personajes fascinantes, si cabe más complejos y atrevidos que el del resto de sus libros. Esperemos que si pasa a la gran pantalla lo haga con las mismas buenas intenciones pero con algo más de garra y audacia fílmicas.

Monday, June 23, 2008

TECHINE RECUPERADO




ALICE Y MARTIN








Alice, Martin y Benjamín





Según Roland Barthes, que como ya he comentado fue buen amigo de Téchiné y el actor Jacques Nolot, sin Edipo y su mitología nos hubiéramos perdido algunas de las narraciones mas interesantes de la literatura clásica, moderna y contemporánea. Y sobre el Edipo y su superación se sustenta, al menos en apariencia, la historia de uno de los filmes más líricos e incomprendidos del director francés: “Alice et Martin”.




Para un completo desconocedor del cine de Téchiné este filme, aparentemente largo pero misteriosamente equilibrado, podría suponer un resumen de las constantes temáticas y estilísticas de este singular epígono de la "nouvelle vague" francesa. En él recoge muchos de sus temas favoritos, no todos, y se rodea de sus colaboradores habituales, como son los guionistas Gillles Tourand y Oliver Assayas y el compositor Phillipe Sarde.




De nuevo un joven protagonista desarraigado, un trío peculiar, un viaje del campo a la ciudad, un trauma, penetración psicológica y belleza formal sin renunciar al naturalismo… La trayectoria de Martin hacia París podría parecer una réplica de la de Pierrot a la misma capital en “J¨embrasse pas” pero es a la vez un viaje opuesto. Si Pierrot abandona el campo para encontrar un entorno urbano hostil, Martin logra triunfar como modelo fotográfico, siendo acogido nada menos que por la firma Armani, en la gran ciudad, vendiendo, si no su cuerpo como Pierre, al menos su imagen. El mismo, aunque contento de poder ganarse con holgura la vida, parece incómodo en una posición de objeto de contemplación que, según sus propias palabras, “lo feminiza”. A diferencia del filme citado, “Alice et Martin” no es un filme lineal sino centrífugo, guarda un secreto y un importante y largo flash-back y contiene los mismos importantes saltos temporales y bloques narrativos diferenciados que caracterizaban una obra como “Los ladrones” donde también el pasado y el presente, en un tono mucho más crispado, se influyen de un modo determinante.




Tras la muerte de su padre, Martin huye por una naturaleza agreste, bellamente fotografiada, convirtiéndose en una especie de animalillo o “enfant sauvage” a pesar de su mayor edad y buen aspecto. Téchiné no desaprovecha ocasión para recrearse en la corporalidad del joven, que escapa por un entorno rural que le ofrece dificultades de supervivencia. Roba huevos en una granja, huye de un lado a otro buscando cobijo y detenido por la policía va a parar finalmente a la casa que comparten en París su hermano Benjamín, empleado en la FNAC aunque deseoso de dedicarse al teatro y Alice, una joven concertista de violín (Juliette Binoche, en un papel hecho a su medida). Alice no lo recibe con especial entusiasmo a diferencia de su hermano Benjamín, un personaje de un optimismo algo forzado, que se muestra siempre bien dispuesto, incluso cuando después de un encuentro sexual esporádico con otro hombre éste le hace una herida en la cabeza con un cenicero. Todos los personajes, en distinta medida tienen sus heridas y, como ocurre tantas veces en Téchiné, adoptan máscaras y tienen dificultades para comunicarse con los otros o consigo mismos. Esto se hace patente en el seguimiento sigiloso que hace el febril Martin de la aparentemente fría Alice por las calles de la ciudad, hasta que ella le cuenta un tristísimo episodio de infancia que parece acercarlos anímicamente.




Pero el protagonista absoluto de la cinta, a pesar de que las interpretaciones de Juliette Binoche y Mathieu Amalric (Benjamín) le roben muchas de las secuencias es Martin (Alexis Loret) y su drama edípico, aunque el personaje de Alice, inicialmente cerrada y algo antipática, y sus dificultades emocionales, su modo de no amar al principio y luego amar locamente al solícito protagonista, van cobrando progresiva relevancia. En uno de los mejores momentos del filme, Alice huyendo de Martin que acaba de declarársele se refugia en el metro pero por los cristales solo puede ver desfilar gigantescos posters en blanco y negro del nuevo Martín, convertido ya estrella de una superficialidad que, no obstante, como en su caso, oculta un fondo atormentado y un pasado que vuelve.




A diferencia de lo que sucede en otros filmes suyos, aquí París muestra un rostro urbano cálido, con un ambiente de cierta comodidad, con calles amplias e iluminaciones alegres (algo así como el reverso de la gran ciudad que veíamos en “Rendez-vous” y “J’embrasse pas”, donde las sombras y la amenaza de la violencia, verbal, física o proveniente de la degradación del entorno, son constantes).




Coproducción franco-española “Alice y Martin”, además de una breve aparición de Carmen Maura como la madre del protagonista -en un personaje con vagos ecos almodovarianos-, incluye un viaje a Granada que tras su apariencia turística sirve para definir con imágenes sensuales la evolución de la pareja protagonista que ha dejado en París a Benjamín, así como nuevas y no siempre cómodas revelaciones. Allí, en el Sur de España, en una casita frente a un mar que cobra una gran relevancia visual y simbólica, afloran los recuerdos y se desencadenan los elementos más sombríos de un relato que puede parecer alargado, pero que visto con la debida atención puede considerarse como una de las obras más completas y poco estudiadas del cine europeo reciente.




Como en otras obras suyas Téchiné aborda aquí el tema de la culpabilidad y la redención, quizás de un modo demasiado pesimista, pero, nuevamente, no juzga a sus personajes sino que trata de comprenderlos y que nosotros lo hagamos con él.