Tuesday, January 31, 2012

TIMIDO VIAJE AL CORAZÓN DE LA BESTIA










J.EDGAR

Construida con buen pulso y a través de alambicados saltos espacio temporales “J. Edgar”; excesivamente discursiva, no es la mejor película de Clint Eastwood, pero si aquella en la que -quizás debido al guión de Dustin Lace Blank “ Mi nombre es Harvey Milk”- el director de “El intercambio” da su visión más pesimista de la vida estadounidense y sus costumbres. Arropada nuevamente en una minuciosa reconstrucción de la época y en una contrastada iluminación de Tom Stern, “J. Edgar” se apoya demasiado en la individualidad de un personaje antipático para retratar la historia de los EEUU desde los años treinta hasta el mandato de Nixon y, con algunas pinceladas aceradas y otras algo almibaradas, nos da una visión caleidoscópica de la vida privada y pública del jefe del FBI.









El fascismo y la paranoia instaladas en la sociedad estadounidense están en el trasfondo de “J. Edgar”, pero Eastwood suaviza las aristas de su narración con su habitual canto al individualismo, sus apuntes sentimentaloides y su amor incondicional a las pequeñas virtudes que, a pesar de las grandes manchas de su historia, atribuye a los EEUU, que -a pesar de sus páginas más vergonzosas- parece ser el único modelo posible de organización sociopolítica. Así el filme apoyado en el que es sin duda el mejor trabajo de Leonardo Di Caprio hasta la fecha, logra un sólido y mordaz fresco histórico y nos acerca a uno de los personajes más lúgubres y contradictorios de la historia del siglo pasado. Un hombre que persiguió a las minorías, silenció a las mayorías y dio la espalda a todos en aras de todos sus intereses y de los suyos, pero también un hombre abatido por sus propias contradicciones, secretos y su desmedida egolatría. Estamos ante un filme interesante aunque desigual que, debido a su excesiva longitud y al notorio protagonismo de Di Caprio, ensombreciendo incluso a Judi Dench y Naomi Watts, nos da una visión algo blanda, pero bastante completa y documentada, del lado oscuro del establishement norteamericano: la delación, la competititividad, la doble moral, el heroísmo y la falta de escrúpulos de un personaje que llegó a obtener un inmenso poder convirtiéndose en el brazo derecho de los filibusteros y retrógrados que todavía pululan por la grandes esferas de la política internacional.










Una película necesaria y llena de pequeños grandes momentos en la que, a pesar de su estructura novelística y excesiva morosidad, no llega al fondo del corazón de la bestia y se limita a dar severas, inteligentes pero titubeantes e irregulares pinceladas sobre la “pesadilla norteamericana”.

Thursday, January 05, 2012

SEGUNDA PIEL






LA PIEL QUE HABITO




ALMODOVAR Y LOS GENEROS




“Los sueños de la ciencia producen monstruos”






“El cine de terror no es que represente nuestros miedos pero si presenta la parte más oscura del ser humano, algo muy específicamente humano. Un tipo de cine de terror trabaja, como lenguaje, casi exclusivamente con el cuerpo humano, pero se lo digo en un sentido como lo entendería un surrealista: al cuerpo humano se le ataca, se le trocea, casi es el principal paisaje donde sucede todo”
Frederic Strauss “Pedro Almodóvar, Un cine visceral, 1995.






Precedida de cierta polémica, desconcierto y división de opiniones, “La piel que habito” resulta finalmente la mejor película de Pedro Almodóvar desde “La mala educación”. Aunque se comenta que el realizador ha recibido – por parte de un sector enfadado del público- comics, pelucones y hasta bolsas de cocaína para que vuelva al terreno de la comedia satírica y de situaciones que tantos y tantas adeptos le ha proporcionado, la crítica internacional y buena parte de la española han puesto sus ojos desorbitados en la última producción de El Deseo firmada por su creador. Un Almodóvar que efectivamente da la espalda a los admiradores de su lado más frívolo y cercano a la comedia sucia, gamberra y punk de “Pepi, Luci…” o “Laberinto de pasiones” , a los que lo conocen como cronista de la llamada “movida madrileña”, o como autor de la comprometida “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” y de la blanca, amable y postmoderna “Mujeres…” acercándose -desde una mayor madurez estilística- a sus trabajos más turbios y más próximos a los códigos del cine negro: “Carne Trémula·”, basada en la novela homónima de Ruth Rendell, “La ley del deseo” o “Hable con ella”. Esto, unido a la presencia del ya hollywoodiense Banderas -rescatado para esta interpretación por quien fue su descubridor- ha hecho que los premios de Hollywood vuelvan a fijar su atención en el director de la sobrevalorada u taquillera “Volver”. Nuevamente la música y las canciones comentan y acompañan la acción y hacen referencia a paisajes claves de una obra saturada de dobles sentidos y una despiadada ironía a la hora de acercarse a personajes complejos o simples. Críticos como Alberto Mira[i] se han referido a la persistente pereza intelectual de un sector de la crítica española (liderado por Carlos Boyero) a la hora de aproximarse a las claves de los filmes del realizador manchego. Crítica que cobra especial relevancia cuando se trata de sus filmes más crípticos e iconoclastas como el que nos ocupa, o “La mala educación”, dotados ambos de una construcción espacio-temporal que requiere la atención del espectador y la deconstrucción de un espacio saturado de chistes privados y públicos.
















Se nos ofrece en esta ocasión un complejo relato gótico lleno de guiños cinéfilos, de Georges Franju (Les yeux san visage) al doctor Frankenstein, pasando por el Hitchcock más romántico de “Vértigo”-otro filme sobre el “amor de un loco” o “Rebeca” que evoca una vez más la partitura evanescente de Alberto Iglesias. Un relato que, sin embargo, el controvertido realizador ha conseguido hacer suyo al conseguir una abstracción y un refinamiento estético difíciles de superar, aun sin abandonar sus constantes: la codicia, la posesión, los celos, el odio, la traición, el rencor y el sexo. Sirviéndose de una adaptación libérrima y nada fiel de la novela de Thierry Jonquet “Tarántula”, el director de “Todo sobre mi madre” vuelve a enredarnos en un argumento alambicado, imposible y difícil de tomar en serio todo el tiempo, pero urdido con astucia y que, en más de un momento, logra llegar a las tripas del espectador gracias a la fuerza que desprende el duelo interpretativo entre un hierático, entonado y terrorífico Antonio Banderas, como el “cirujano de moda”, enloquecido y encerrado en su mundo, y una entregada y esforzada Elena Anaya, la victima que él esconde en ese ominoso caserón toledano lleno de secretos del pasado.











Hay mucho humor, o más bien mucha ironía y sarcasmo , en los entresijos de “La piel que habito” y es probable que su mezcla de goticismo, experimento visual, suspense y postmodernidad, sus coqueteos con el melodrama familiar y el cine de horror científico provoquen el rechazo de más de un fino paladar, pero nuevamente el director subyuga a través de sus formas audiovisuales, su banda sonora, su falta de vértigo y su manera de lograr personajes intensos y hacer creíble y cercano lo más inverosímil, arremetiendo de paso contra la «clase médica», su altivez y sus miserias como no lo hacía desde “Hable con ella”. Y, tal vez, resulte ser ése el filme de Almodóvar más próximo en sus escenarios al mundo febril, deshumanizado, claustrofóbico y surrealista en el que luchan sin tregua los y las protagonistas de “La piel que habito”. Un mundo a la vez reconocible y fantasioso, opresivo y elegante, aséptico, cristalino y sucio, donde se mezclan sobremanera los ensueños totalitarios de la ciencia con la lucha entre los géneros sexuados y los géneros cinematográficos como el melodrama en su vertiente gótica , la comedia ácida y negra y el suspense de raíces psicológicas.






Es un trabajo libre, aunque trazado con precisión que puede verse como una comedia negrísima, una fantasía irónica acerca del cuerpo y el sexo o un melodrama romántico con ecos de los clásicos del cine fantástico como fantástica es la división entre lo masculino y lo femenino, entre la ciencia y la superstición, entre la risa y el miedo. Aunque en algunos pasajes Elena Anaya parezca superada por las muchas aristas de su personaje y no sea del todo creíble la naturalidad psicológica con la que asume el “cambio de sexo” a la fuerza (una vaginoplastia realizada en el quirófano de una mansión-clínica sacada de los archivos del cine de miedo) , la película está llena de instantes cautivadores en los que lo visual y lo narrativo se pelean y se enredan para goce de los que admiramos la caligrafía a la vez refinada y tosca de un director que, mientras homenajea a los maestros del suspense psicológico, vuelve a cuestionar algunas verdades aceptadas sobre las formas de dominación, sometimiento y maneras amar, odiar y sentir de los seres humanos. Hay en el filme momentos en que los personajes se ríen de su situación y otros en que la tragedia, casi goyesca, inunda la pantalla al igual que las referencias a los clásicos del cine fantástico, a la escultura andrógina y el cuerpo deshecho y a los bustos informes de Louise Bourgeois, o al propio Almodóvar de “Átame” donde ya había logrado otra interpretación colosal de un Banderas mucho más joven y simpático , aquí inquietante maestro de una ceremonia descabellada en la que la venganza, el “amour fou”, la transexualidad, la vampirización del “otro” , el peso del pasado sobre el presente, los miedos ancestrales a la locura, la pérdida, el dolor, las heridas físicas y psicológicas[ii], la muerte y las fronteras entre la masculinidad y la feminidad se con-funden de forma, si no genial, al menos asombrosa.












Mascaras, caretas, uniformes, vestidos, carnaval, géneros difusos y fusión de géneros cinematográficos. Pocas veces estuvo Almodóvar tan cerca de las modernas teorías sobre el género y la sexualidad como constructos sociales. Tenemos algo del panóptico de Foucault, el quirófano de Butler, el cuerpo sin órganos de Deleuze, el ropero de Joan Riviere, algo del sadomasoquismo de Pulet o Califia y las prótesis de Preciado, Bourcier o Hallberstram. Y hasta una sobredosis de armarios reales y simbólicos que harían las delicias de la recién desparecida E.K. Sedwigk.










“La piel que habito” es la historia de un secuestro, un rapto brutal, pero también la historia de un cuerpo, de mentes enfermas y seres que mutan, de criaturas al límite, que se odian o que fingen amarse para poder escapar. La imagen de Elena Anaya contemplada por Antonio Banderas en una gigantesca pantalla “en la habitación contigua” nos recuerda a la de José Luis Gómez espiando a una alterada Penélope Cruz en una pantalla en “Los abrazos rotos” y a ese hospital lleno de intrigas donde se debaten entre la vida y la muerte una pálida joven bailarina (Leonor Watling) y una morena, neurótica e inconstante torera de éxito (Rosario Flores), agonizando ambas, como princesas del hospital, en sendas habitaciones en “Hable con ella”. Como esa bella durmiente que es “Normita” (Clara Sánchez), la hija del médico completamente medicalizada (normativizada) y traumatizada por el trágico suicidio de su madre, que intenta salir de su fobia social y solo encuentra figuras masculinas confusas y contradictorias que aunque parecen querer rescatarla la hunden más en su extraña depresión. O esa oveja negra disfrazada de tigre que resulta ser Secca (Roberto Álamo) el hijo de Marisa Paredes y la cara opuesta de su hermano Robert (Banderas). Un toque de humor carnavalesco para un filme sobre la piel y el disfraz, sobre la cirugía y la violencia fundacional sobre los cuerpos, los géneros y la sexualidad.
El filme nos habla también -como otros- del miedo a la locura y de la obsesión, convirtiéndose Robert en uno de esos personajes quiméricos de la obra almodovariana cuyo maquiavelismo (como el de los protagonistas de “La mala educación”, “Átame”, “Kika” o “Matador”) no conoce límites, pero que a la vez se vuelve increíblemente vulnerable cuando los seres que cree controlar se comportan de forma diferente a la esperada.








El terror en Almodóvar es más conocido a través de su faceta de autor de comedias descabelladas o filmes sexualmente valientes como una forma de profundizar en los recovecos del melodrama clásico llevándolo cerca del grand guignol, al tiempo que explora la materialidad y la fisicidad, el cuerpo herido o mancillado, el cuerpo sexuado, el cuerpo quemado, el cuerpo disciplinado, el cuerpo marcado por violencia real o simbólica, muestra evidente de hasta qué punto el cuerpo puede ser un disfraz o un vestido. La delicadeza y el amor por la ropa “femenina” que transmite el personaje de Jean Cornet (creando uno de los jóvenes “heteros delicados” más logrados de la filmografía de Almodóvar) contrasta con la figura de madraza antigua, ama de llaves de “Rebeca” y estirada sirvienta que encarna Marisa Paredes e incluso con la energía viril de Elena Anaya enfundada en un “body” negro. El personaje se vuelve más activo y luchador cuando se convierte en mujer. Robert (Banderas) es un médico que, al igual que el doctor Frankenstein, ha creado una criatura que escapa a su control cuando cree vengar la violación de su hija Normita a quien él mismo y una desastrosa historia-trayectoria familiar han convertido en una chica con “fobia social” y con tendencia a esconderse en el armario de una clínica mental para huir de la ominosa presencia paterna. Normas sociales contra impulsos sexuales y también contra y con fantasías de dominación y totalitarismo, fobias personales y terror a los seres humanos. La misma fobia social que trata de inculcar a una chica fuerte -que fue un chico “poco común”- y tiene ahora las facciones de su mujer, pero no cumple una promesa de fidelidad hecha por un estamento y un hombre que, a pesar de su resistencia ancestral, hoy no son tomados en serio por todo el mundo y que, en cierto sentido, al igual que otras instituciones inherentes a nuestro universo simbólico , empiezan a pertenecer al pasado.


O como cantaría Buika algo perdida en un bodorrio que es también un "baile de zombies":



"A esta la olvido, yo la olvido, cada dia, mas y mas..."






[i] Mira. Alberto. Miradas insumisas. Gays y lesbianas en el cine. Editorial Egales, Madrid-Barcelona, 2011

[ii] Como señala Alberto Expósito “el cuerpo, la textura corporal es el mundo en el que habita gran parte de la narrativa almodovariana, así como su proximidad al cine de terror como género donde el cuerpo descuartizado o mancilladlo se vuelve objeto de interés y fascinación morbosa. Martínez Expósito, Alberto. Escrituras torcidas. Ensayos de críticas de queer. Editorial Laertes, 2007. Rey de Bastos.

Friday, December 30, 2011

CAFE CON MALA LECHE









Hace frio. Me he levantado empalmado La niebla me pisa los talones. Café en la estación de autobuses. Hoy hay Hospital de Día. Mejor, gente con la que hablar, no tengo que estudiar sin estudiar. Ayer estaba el Cívico lleno. Me senté en una mesa, vacío, esperando la inminente llegada de los loqueros, pero están de vacaciones. Me baje a fumar, esperando a la pasma, pero estaban celebrando la navidad, ebrios de champín. Mi madre ve el discurso del Rey. Que muermo. A ves cuando cita a Undargarín que hace negocios con de los médicos para sacar libros de autoayuda. Estoy de un humor de perros. No me tome el Seroquel y vi una película de miedo que se me quedó pequeña, como la pantalla del ordenador, cada vez mas parecida al color blanco de un comprimido, o al negro de una noche en blanco. Hoy Blanche du test y Borja Kowalski se han peleado por el frío, las ventanas y yo ha protestado por la medicación que nunca hace el efecto esperado. Quiero que me metan la nicotina, el café y el valium por la vena. Ester se ha quedado con mi picho para que no me chute una peli mientras el aburrimiento pasa de largo por este Hospital a medio gas. Café, cognitiva con azúcar. Hoy me han sacado la crítica en el periódico. Soy el crítico peor pagado del mundo. Me acusan de robar a los ladrones, hasta los musulmantes en Guatanamo se hubieran rebelado. Nos ponen de fondo a Antonio Flores pero yo prefiero los gritos de Nika Costa, estrella fugaz, con camisa de fuerza. Mientras sonreímos a la galería mientras en brillante Víctor vende periódicos bajo la nieve. Yo un poco pedófilo escucho a Nika Costa “Tell me truth, Help me, Need you” Ayer estaba de mal humor y le dije a mi madre “No quiero ser el chico que duerme en el cajero con el mejor saco porque me lo has comprado en las Rebajas”. Mari Carmen se fue en busca del chico de sus sueños tras siete años de espera. Yo vivo las tardes como sangrientas pesadillas.

-Si tuvieras un porro no necesitarías Seroquel -dice Allen Ginsberg

-Pinta temporalmente - dice Amparo

-Ábrete a la gente, a los amigos, sonríe -dice el doctor Mateos

-Estudia-dice Pepito Grillo

-Drogadicto-grita mi hermana

-Chupame la polla- dice Cesar

Sube el periódico, baja las escaleras, ordena los apuntes, monstruo arrogante, otro café de máquina y vuelta a empezar.

TAXI AL INFIERNO






DRIVE





“Drive” es un elaborado thriller con pretensiones apoyado en un notable trabajo actoral de Ryan Golsing. No obstante, el filme de Nicolas Winding Refn (“Fear X”) se resiente de un desarrollo de policiaco truculento en detrimento de sus tímidos pero intensos apuntes sobre la soledad, la doble vida, las segundas oportunidades y, sobre todo, deja a medias la historia de amor del atribulado protagonista con Irene ( desvaida Carey Mulligan) en un personaje femenino tan desdibujado como el estilo entre áspero, crispado y poético del deambular por las carreteras de este hombre que lleva al volante todas las facetas de su oscura personalidad. El filme explota demasiado el poder del protagonista pero apenas se detiene en sus debilidades.

Robos, grandes mafias, sacrificio y heroísmo aparecen y desaparecen en un filme que destaca por la iluminación nocturna, su lírica sordidez y la cuidadosa ambientación, ya que sus personajes se ahogan en una trama de tiros, sangre, venganza y codicia. Así, las mejores secuencias del filme son las más modestas y aquellas en las que el realizador nos acerca –sin demasiado éxito- a un estilo de vida propiciado por una sociedad que se basa en las apariencias, el dinero y la especulación. Lo que podría haber sido un “hermoso cuento triste y urbano” acaba convirtiéndose en un policiaco cruel y alambicado en el que sobra oficio, pero falta riesgo a la hora de profundizar en las aristas del relato. Cuando la trama se complica el estilo se vuelve más prosaico, artificioso y se ven las costuras del guión.

Una historia de motines personales y grupales, aislamiento, encuentros fortuitos, perdedores y gánsteres de opereta que parece temer perder la taquilla y desaprovecha la esencia de la narración malgastando incluso el indiscutible esfuerzo de Golsing por construir un personaje sólido y contradictorio, un antihéroe con corazón y arrojo envuelto en una selva de engaños e intereses.

Wednesday, December 28, 2011

HUIS CLOS




UN DIOS SALVAJE

En poco más de una hora Roman Polanski realiza una de sus mejores y más sorprendentes películas adaptando con fidelidad -al texto pero también a su propio estilo y sus obsesiones habituales- la obra de teatro de Yasmina Reza “Carnage”. “Un dios salvaje” como la fallida “Cul de sac” o la incomprendida “El quimérico inquilino” es una comedia, lo que de entrada sorprende algo a los admiradores del director de “La semilla del diablo”, aunque el humor, negro y caústico, la falta de fe en ser humano y la obsesión por los espacios cerrados hayan estado presentes a lo largo de su irregular pero dilatada y fecunda obra. Pero, si Polanski en películas como “La muerte y la doncella” encerraba a sus personajes para hacernos sufrir, en “Un dios salvaje” se decanta por una comedia ácida pero relativamente amable a pesar de las miserias personales que van revelando los cuatro protagonistas (Jodie Foster, John C. Reilly, Christopher Waltz y Kate Wislet) dos matrimonios que se reúnen en casa de uno de los dos bandos para solucionar pacíficamente la “agresión” del hijo de unos al vástago de los otros en un parque, a la salida del colegio. Y, como escolares enfurruñados o encerrados en su mundo, se nos muestran esos dos matrimonios “adultos” que progresivamente revelan sus flaquezas y sus obsesiones.





Podemos decir que no hay demasiadas sorpresas en el transcurso nada apacible de “Un dios salvaje” ya que cada uno de los cuatro protagonistas se comporta tal y como el público espera de ellos, pero si una sabia dosificación de los momentos de humor y crueldad, de reflexión y rabia, de ironía y desastres íntimos. La cámara de Polanski se mueve con soltura e inteligencia en este pequeño piso que da al puente de Brooklyn pero cuyo mensaje (la crítica a lo “políticamente correcto”, las crisis de pareja, la mentira y la violencia soterrada en las relaciones humanas) queda bastante claro al espectador. Y tal vez sea el único fallo de un filme exquisitamente rodado e interpretado con entusiasmo: la falta de zonas oscuras en los cuatro personajes luchando verbalmente hasta la extenuación. Si parece evidente que Wislet le gana la partida a una algo afectada Jodie Foster, de los dos personajes masculinos (un tanto peor parados en esta tragicómica sucesión de pequeños disparates de “clase media” estadounidense llena de aspiraciones, sueños, miserias y complejos) no sabemos si es John C. Reilly o Waltz quien se gana al público con sus personajes -en particular este último- cargados de antipatía.



“Un dios salvaje” es una de las películas más sanas de Polanski porque, aunque se ríe de sus personajes, también se ríe con ellos cuando, inesperadamente, nos vemos reflejados en algunos de los aspectos de su personalidad, de sus acciones o de la situación “absurda” en que se ven envueltos.

Sunday, December 25, 2011

Friday, December 23, 2011

EL TIEMPO ES ORO


IN TIME









Director: Andrew Niccol





Guión: Andrew Niccol





Interpretes: Justin Timberlake, Amanda Seyfried, Vincent Kartheiser, Cillian Murphy,

“El tiempo es oro” parece decirnos el director de “Gattaca” en su desequilibrada “In time”, otra distopia futurista acerca de un mundo donde las monedas no son el euro de Merkel, ni el "Compro oro" de las mafias burgalesas, ni nuestras antiguas pesetas sino los meses, las horas y los minutos. Andrew Niccol es un hábil montador de espectáculos de acción y suspense y el ritmo del filme se sostiene hasta el final, pero falla la elección de los dos protagonistas (Justin Timberlake y Amanda Seyfried) tan seductores de la cámara como carentes de vedadera expresividad o capacidad de conmovernos Asimismo el director y guionista parece más preocupado por los efectos visuales y los vistosos decorados y se muestra incapaz de dar hondura psicológica a estos personajes, que, al contrario de lo que ocurría en “Gattaca”, no alcanzan la entidad humana precisa para enganchar al espectador.

“In time” es un buen espectáculo que parte de una premisa atractiva y que retrata indirectamente un mundo sacudido por la codicia y el engaño sea cual sea la moneda que utilicemos. No obstante, y a pesar de la cuidada ambientación, la fotografía de Roger Deakins y su banda sonora, el filme no levanta el vuelo porque el propio realizador –al contrario de lo que sucedía en “Gattaca”- no muestra demasiado entusiasmo por los aspectos más oscuros, homoeróticos y críticos de una historia de amor amenazada por una troupe de mercenarios del reloj liderados por el casi siempre intenso Cillian Murphy. Robos, atracos, violencia y una endeble y relamida historia de amor entre mundos opuestos son los principales ingredientes de “In time”, un thriller futurista sin la capacidad de seducción o reflexión de otros trabajos de Niccol y que tiende hacia el apresuramiento del comic, de argumento rebuscado pero con personajes de una pieza. Un filme destinado a los sentidos y la imaginación, pero que acaba mostrándose simplista, exclusivamente lúdico y no apenas deja poso.

Tras un arranque prometedor el videojuego de Niccol se desinfla ante nuestros ojos porque, a pesar de la estudiada planificación, el realizador “no cuenta nada” y los intérpretes solo transmiten una cierta desazón y miedo a las mafias del minutero. El mensaje de diluye y al contrario que en “El señor de la guerra” la crítica social queda reducida a la mínima expresión en favor de un relato de aventuras adolescentes sin más encanto que el de una cuidada producción y unos protagonistas más aptos para anuncios de belleza que para dar vida a dos seres que buscan su identidad en medio del caos de un mundo destruido por la avaricia, la cuenta atrás y la competitividad.

Wednesday, December 14, 2011

DESE ESOVENIA CON AMOR




SLOVENKA




“Slovenka” de Damian Kozole (2008) es un áspero retrato sobre la vida de Alexandra (estupenda Nina Ivanisin-premiada en Venecia-) una joven estudiante de filología inglesa que busca salir adelante a través de la prostitución, en un país devastado por el caos y el contraste entre las apariencias y la realidad urbana. Un personaje contradictorio, a la vez tierno, duro y desgarrado que parece querer realizarse como ser humano al margen de un mundo donde sus pequeñas mentiras y manipulaciones quedan algo ensombrecidas por un paisaje humano desolador donde solo destaca el cariño de su padre frente a la frialdad de una madre a la que detesta y la falta de seguridad que le ofrecen esos hombres celososos de su independencia y que tratan de “redimirla” de su particular “modo de vida” y cada vez más peligrosa “fuente de ingresos”. El director no juzga a la protagonista cuyo comportamiento asimila muchos de los valores machistas y tardocapitalistas que la circundan – sino que retrata un microcosmos en descomposición donde lucha por una vida diferente un ser algo “excepcional”, en medio de la codicia, la monotonía y la burocracia.



Hay pequeñas historias de amor, violencia, odio, explotación y ráfagas de humor y ternura en esta, por otro lado, inquietante historia de una chica que trata de surgir “a su manera” de las cenizas de la ciudad de Liubliana, donde vemos personajes tan diferentes como su “mejor amiga”, un exnovio que trata de convertirse en su “chulo” a la fuerza , su delicioso padre (un director de orquesta “fracasado” pero lleno de vida y afecto por la fortaleza de su hija ) y sobre todo las sombras de un mundo hostil a una chica de 23 años sin demasiados recursos y mas arrojada que valiente. Estamos ante un filme que no da una visión especialmente sórdida de la prostitución sino que trata de aproximarse a las luces y sombras de un personaje singular en una sociedad donde el odio y la avaricia se imponen al amor y la independencia. Una coproducción entre Eslovenia, Alemania, Croacia y Bosnia Herzegovina que nos muestra como la europa del Euro aproxima los aspectos materiales de diferentes culturas a la vez que hace más difícil la comunicación sincera entre las personas.

Tuesday, November 15, 2011

SE FUE EL ENFERMERO DE NOCHE

Hospital de día
Un enfermero de noche busca los pendientes de Angelina Jolie
Entre los escombros de las bombas plúmbeas de Allen Ginsberg
Una jura que se acuerda de cuando Nika Costa cantaba por los pasillos blancos canciones de amor y muerte
Se oyen los gritos de los suicidas frustrados, y de las anoréxicas que lucen panties largos y batas de las SS
Frustradas de no provocarnos demasiado a los maricas con un pierna al otro lado del espejo
Gimnasia
Sonidos fétidos
Tensión
Toma de medicación
Relajación
Heterocharla
Sermones
Escuchamos a James Blunt
mientras la guerra de Irak se libra en nuestros cuerpos
e invaden nuestras mentes como la Tatcher las malvinas
Cognitiva
Dia de las familias
Dia de la madre
Dia del padre ausente
Tosen los muertos y los vivos se ahogan
Solos estamos tu y yo en este desierto cultural
en esta tierra jubilada que un dia quisimos cambiar
y casi nos cambia a nosotras
Duelo al sol, tiernas mujeres que luchan contra la dictadura de la edad
No tengo valores religiosos
grita la psicologa del campo
Me los quitó la policía
respondo yo
mientras me registraba
por devolver películas malrobadas a negocios cada vez mas sucios, trepas, macarras, fascistas,
cahs, ladronzuelos, timadores, de cinturón negro y dependienta gorda
policias sin reciclar, detectives sin cuello que morder
profesores de universidad de que se fuman las clases
medicos que se fuman las terapias
más recortos
devueltas
a mi videoteca que mengua veriginosamente por los recortes de la sanidad
y las concedidas subvenciones del Aula de Circo y al Burgos de las Teatracciones,
se expande el Tontagente en el Espacio
Un poema nace de
la ira, de la rabia,el silencio que grita a la nada
¿Como es posible escribir poesía después de haber sido torturado?, se pregunta Judith Butler

La pregunta debía ser al revés.

Como no escribir algo después de vivir en la ciudad donde el fantasma de Franco sigue de veraneo?

Poesías en vasijas, Euros por pesetas, la ciudad se llena de mendigos con traje y corbata, de especuladores en las listas electorales, de votantes silenciosos y adolescentes que se pelean a la salida de la última cerveza.

El 20 N es la noche de los muertos vivientes en Burgos. Esa tierra "bendita" con veneno en sus arterias, este monstruo de cemento, parques temáticos y comadreos que nos matará lentamente.


las arpías de las oposiciones esconden los resultados, otras tienen la plaza de garaje asegurada

Espumillon sobre nuestros cuerpos castigados, sobre nuestras mentes venidas al mejor postor

No salen las listas, tienen miedo, y los tontos están en el Ayuntamiento, en el TontaTangente, radiando bobadas, comprando periódicos, echando a gente de sus casas

Mientras brilla la maquinaria de Atupuerca y las inauraciones no hay camas en nuestro hogar provisional

En este nido que se cae, y yo con ellos y ellas

mientas yo me mato fumando el alcalde celebra la resurrección de franco con una ralla de coca en su nariz de payaso pueblerino


Carl Solomon! I'm with you in Rockland

where you're madder than I am

I'm with you in Rockland

where you must feel strange

I'm with you in Rockland

where you imitate the shade of my mother

I'm with you in Rockland

where you've murdered your twelve secretaries

I'm with you in Rockland

where you laugh at this invisible humour

I'm with you in Rockland

where we are great writers on the same dreadful typewriter

I'm with you in Rockland

where your condition has become serious and is reported on the radio

I'm with you in Rockland

where the faculties of the skull no longer admit the worms of the senses

I'm with you in Rockland

where you drink the tea of the breasts of the spinsters of Utica

I'm with you in Rockland

where you pun on the bodies of your nurses the harpies of the Bronx

I'm with you in Rockland

where you scream in a straightjacket that you're losing the game of actual pingpong of the abyss

I'm with you in Rockland

where you bang on the catatonic piano the soul is innocent and immortal it should never die ungodly in an armed madhouse

I'm with you in Rockland

where fifty more shocks will never return your soul to its body again from its pilgrimage to a cross in the void

I'm with you in Rockland

where you accuse your doctors of insanity and plot the Hebrew socialist revolution against the fascist national Golgotha

I'm with you in Rockland

where you will split the heavens of Long Island and resurrect your living human Jesus from the superhuman tomb

I'm with you in Rockland

where there are twentyfive thousand mad comrades all together singing the final stanzas of the Internationale

I'm with you in Rockland

where we hug and kiss the United States under our bedsheets the United States that coughs all night and won't let us sleep

I'm with you in Rockland

where we wake up electrified out of the coma by our own souls' airplanes roaring over the roof they've come to drop angelic bombs the hospital illuminates itself imaginary walls collapse O skinny legions run outside O starry-spangled shock of mercy the eternal war is here O victory forget your underwear we're free

I'm with you in Rockland

in my dreams you walk dripping from a sea-journey on the highway across America in tears to the door of my cottage in the Western night

Wednesday, November 02, 2011

UNA GRATA SORPRESA





EVA

“Eva” es la opera prima de Kike Maíllo, un director español que aparentemente ha hecho su película de espaldas al gran público, a Tintín y al cine español del momento. Estamos ante un cuento de ciencia ficción “adulto” protagonizado por una niña y por Alex, un científico desarraigado que vuelve a su lugar de origen en busca de respuestas, recuerdos y amores perdidos. Alex está encarnado por un magnifico Daniel Bruhl en un papel muy lucido que deja en segundo plano a Marta Etura y a Alberto Amman e incluso a un delicioso Lluís Homar en un papel secundario insospechado. Solo el encanto y la fuerza expresiva (algo exagerada) de Claudia Vega - “la niña protagonista” que da título al filme - le roban a Bruhl alguna secuencia.
“Eva” es, como “La piel que habito” de Almovodovar, una variación del cuento de Frankenstein pero aquí en clave tierna, cálida y algo “naif” con una mezcla de austeridad y efectos visuales, robots y seres humanos, candidez, ternura y pesimismo.




Presenta los mismos paisajes helados y la atmosfera triste de “Déjame entrar” y la misma confusión en el comportamiento infantil-adulto y el mismo tono a la vez onírico, algo pretencioso y afectado pero intimista y sensible, atento a la inteligencia del espectador.
“Eva” es una película con trampa y trampas, pero el refinado estilo visual, la dirección artística y el esfuerzo del elenco lo salvan de la mediocridad y lo sitúan en aquellos filmes que nos devuelven la fe en un género tan maltratado como el cine fantástico y en la creatividad de los nuevos realizadores.




Entre los guionistas aparecen nombres como el del dramaturgo Sergi Belbel (habitual colaborador del realizador catalán Ventura Pons) que añaden algo de acidez y sabiduría a los diálogos de un filme, tal vez, demasiado dominado por lo audiovisual, algo tentado por la cursilería.

La inteligencia, el lirismo e ironía de los diálogos y el respeto con el que trata al espectador, a pesar de los efectos visuales y los robots que aparecen, hacen de “Eva” una disfrutable rareza que colma las expectativas visuales y narrativas de un espectador cada vez menos acostumbrado a los filmes donde el entrenamiento y la hondura no se dan, en absoluto, la espalda.


Friday, September 02, 2011

LA PIEL QUE HABITO









DIOSES Y MONSTRUOS









“La piel que habito” es la mejor película de Pedro Almodóvar desde “La mala educación”. Un cuento gótico lleno de guiños cinéfilos (de Georges Franju al doctor Frankenstein) que, sin embrago, el controvertido realizador ha conseguido hacer suyo alcanzando una abstracción y un refinamiento estético difíciles de superar aunque manteniendo sus constantes: la codicia, la posesión, los celos, el odio, la traición, el rencor y el sexo. Es una adaptación libérrima de la novela de Thierry Jonquet “Tarántula”, en la que el director de “Todo sobre mi madre“ vuelve a enredarnos en un argumento imposible y difícil de tomar en serio todo el tiempo, pero que en más de un momento logra llegar a las tripas del espectador gracias a la fuerza que desprende el duelo interpretativo entre un hierático. entonado y terrorífico Antonio Banderas, como un cirujano enloquecido, y Elena Anaya, la victima que esconde en ese ominoso caserón gallego. Hay mucho humor o más bien mucha ironía en “La piel que habito” y es probable que su mezcla de goticismo, experimento visual y postmodernidad, sus coqueteos con el melodrama familiar y el cine de horror científico provoquen el rechazo de más de un paladar, pero nuevamente el director subyuga a través de sus formas visuales, su banda sonora y su manera de lograr personajes intensos, y hacer creíble y cercano lo más inverosímil, arremetiendo de paso contra la «clase médica» y sus miserias como no lo hacía desde “Hable con ella”. Y tal vez resulte ser este filme el más próximo en sus escenarios al mundo febril, deshumanizado, claustrofóbico y surrealista donde luchan sin tregua los y las protagonistas de “La piel que habito”.
Un trabajo libre que puede verse como una comedia negrísima o como un melodrama romántico con ecos de los clásicos del cine fantástico. Aunque en algunos pasajes Elena Anaya parezca superada por las aristas de su personaje, la película está llena de instantes cautivadores donde lo visual y lo narrativo se pelean y se entremezclan para goce de los que admiramos la caligrafía a la vez refinada y tosca de un director que aquí homenajea a los maestros del suspense psicológico al tiempo que vuelve a cuestionar algunas verdades aceptadas sobre las formas de dominación, sometimiento y maneras amar y sentir de los seres humanos. En el filme hay momentos en los que los personajes se ríen de su situación y otros en los que la tragedia casi goyesca inunda la pantalla igual que las referencias a clásicos del cine, a la escultura de Louise Bourgeois o al propio Almodóvar de “Átame” donde había logrado otra interpretación colosal de Banderas, inquietante maestro aquí de una ceremonia descabellada y donde la venganza, el “amour fou”, la transexualidad, la materialidad de los cuerpos, los miedos ancestrales a la locura, la pérdida, el dolor y la muerte y las fronteras entre la masculinidad y la feminidad se difunden de forma si no genial al menos asombrosa.

“La piel que habito” es la historia de un secuestro, pero también la historia de un cuerpo, de mentes enfermas y cuerpos que mutan, de seres que se odian o que fingen amarse para poder escapar. La imagen de Elena Anaya contemplada por Antonio Banderas en una gigantesca pantalla nos recuerda a la de José Luis Gómez espiando a Penélope Cruz en “Los abrazos rotos” en una gigantesca pantalla privada, al igual que los médicos arrogantes y el estado y el espacio febriles donde se debaten entre la vida y la muerte una pálida joven bailarina (Leonor Watling) y una morena e inconstante torera de éxito (Rosario Flores) agonizando en “Hable con ella”









Como en muchas de otras películas suyas, Almodóvar nos presenta heteros femeninos (en este caso el personaje interpretado con una extraña dulzura por Jean Cornet, no casualmente trabajando en una tienda de ropa femenina - esa ropa que luego Vera hará trizas en su jaula de oro-) cuya posición en el filme contrasta con las de sus compañeros de juerga. Escribir sobre “La piel que habito” es casi imposible porque hay una saturación de códigos en los que el director, más que nunca hace guiños, no sabemos si voluntarios o no, a cuestiones abordadas de forma más intelectual por las teóricas queer sobre las normas reguladoras y productoras del género y el panóptico de Foucault instalado en esos hogares donde se libran batallas intimas que incluyen la violencia de género, las constricciones patriarcales, las servidumbres familiares y el ostracismo hacia el mundo LGTB.

La delicadeza que transmite el personaje de Jan Cornet contrasta con el aspecto de madraza antigua y estirada (con algo de ama de llaves de "Rebeca") de Marisa Paredes e incluso con la energía que desprende de Elena Anaya. El personaje se vuelve más activo y luchador cuando se convierte en mujer .Robert (Banderas) es un médico que, al igual que el doctor Frankenstein, ha creado una criatura que se le escapa a la vez que cree vengar la violación de su hija Normita al quien él mismo y una desastrosa historia familiar han convertido en una chica con “fobia social” y con tendencia a esconderse en el armario de la clínica mental para huir de la presencia paterna. Esa fobia social que trata de inculcar a una chica fuerte, que tiene las facciones de su mujer, pero que no cumple una promesa de fidelidad hecha por un estamento y un hombre que, a pesar de su resistencia casi vaticana, ya no son tomados en serio por todo el mundo y, en cierto sentido, empiezan a pertenecer al pasado.









Agradezo a Carlos Primo las referencias al mundo del arte en el filme.

Monday, July 11, 2011

PRINCIPIANTES...







PRINCIPIANTES (BEGGINERS)


"Caricias de amor atlántico y caribeño" (Howl)





Director y guión: Mike Mills







Interpretes: Ewan McGregor, Christopher Plummer, Melanie Laurent, Goran Visnjic.


“Principiantes” es una hermosa fábula sobre los lazos familiares menos convencionales, el amor, la amistad y sobre el efecto devastador del paso del tiempo. Inspirada en experiencias personales del realizador la película, con un arranque un tanto histriónico, sorprende por la calidez y ternura con la que nos muestra a unos personajes que buscan su verdadera identidad en un mundo que todavía rinde culto a las apariencias. Oliver Fields (Ewan McGregor) es un joven solitario y con problemas de comunicación que acompaña a su padre (Christopher Plummer) en su último, vitalista e inesperado trayecto existencial. El filme nos muestra las imágenes históricas de la evolución de una sociedad -observada quizá con más candor del que se merece- paralelas a la evolución de unos personajes a la vez que la sensación de liberar, y la necesidad de buscar y encontrar apoyo. También el extraño placer de ver el lado lúdico de aquellos aspectos más oscuros de la existencia humana: la muerte, la enfermedad, la mentira, el duelo o la impasibilidad de cambiar una sociedad más allá de lo meramente formal, de ser diferentes y ser escuchados por el "establishement".






La película se apoya en las dos grandes interpretaciones de los actores principales y en un eficaz trabajo de los secundarios, Goran Visnjic y Melanie Laurent, intérpretes descubiertos por el cine europeo y estadounidense independiente. Formado en el mundo del cómic, y con breves pero claras referencias a éste, Mills ofrece intimismo y ternura allí donde otros hubieran optado por la astracanada o el melodrama moralista; ofrece sutileza e ironía donde otros hubieran optado por la brocha gorda y el chiste fácil, pese a estar tentado por los esquemas del drama familiar y la comedia de costumbres en toda la tradición del cine comercial






“Principiantes” demuestra que aún se pueden decir cosas importantes sin alzar mucho la voz, con discrección y elegencia, y acaba resultando un regalo muy peculiar que no obstante exige al espectador un esfuerzo de concentración cada vez menos habitual en el cine comercial Una historia sobre el coraje, el amor, la amistad, los cambios culturales, sociosexuales y el humor que puede parecer algo lánguida y afectada, pero que esta trabajada con esmero y con atención a los detalles de la puesta en escena.

Monday, May 09, 2011

YA EN LIBRERIAS










“Por el culo. Politicas anales” (Editorial Egales, 2011) es más que un libro, es una verdadera delicia que se consume en tus labios y luego te quedas pensando en demasiadas cosas…El rigor y la claridad, el desparpajo y la sabiduría de Sejo Carrascosa y Javier Saez (luchadores incansables contra ella heterocracia, la homofobia y la sidofobia) salen y entran de ese culo peludo y lleno de ideas que no cabe en la portada del libro como muchas de sus propuestas siguen sin caber en una sociedad homófoba y llena de dispositivos heterocentrados en los que la prohibición del placer anal ocupa un lugar clave. El oso Freud, la pandemia del Sida, Allen Ginsberg, Beatriz Prexiado, el fútbol y sus voceros, la culofobia, el heterosexismo de derechas e izquierdas, la analofobia mediática, el miedo a lo femenino y al sometimiento y la pasividad y la legendaria historia de una "injuria" son algunas de las claves de un ensayo fresco y provocador destiando a molestar a algunos paladares y, sobre todo, a servir de guía de repensar algunos aspectos de nuestras culturaa. Ameno, divertido, culto y lleno de vitriolo “Por el culo. Políticas anales” es una invitación a repensar un sistema de gestión del placer, el dolor, la imaginación y la dominación que empieza en nuestros cuerpos y se extiende por las capas sociopolíticas más diversas. Porque como dicen los autores “Todos tenemos un culo” aunque algunos/as hayan renuciado a “ello”.








Dedicado a la memoria del filósofo y activista Paco Vidarte el ensayo traspasa las fronteras de lo sexual y lo lúdico para situarse en una ácida arena sociopolítica.




Saturday, February 19, 2011





LA PÉRDIDA DE UN DIAMANTE LÁGRIMA




“La pérdida de un diamante lágrima” es una película algo plana y desangelada (una de esas películas hechas para cine-televisión- lo que se conoce como look "Estrenos TV"- ) inflamada por ser el único guión de cine firmado por una de las plumas más importantes de la literatura del siglo pasado, el dramaturgo estadounidense Tennessee Williams ("Un tranvia llamado deseo", "La gata...). Williams se hizo famoso gracias a las adaptaciones (unas buenas, otras regulares, otras malas y otras directamente censuradas o "retocadas" por las tijeras morales de la censura de la época ) que el Brodway y el Hollywood de los cuarenta, cincuenta y sesenta hizo de sus obras; sediento de nuevos temas, pasiones destadas, personajes complejos y sexualidades semiocultas . Su único guión para la gran pantalla es coherente con su universo dramático y poético, turbio y resultón, deprimente y luminoso, intimista y deslumbrante, aunque se ve limitado por una puesta en escena tan sobria y ajustada como carente de toda inventiva e imaginación, cayendo muchas veces en un estilo propio del teatro filmado pero no del buen cine, con una bella fotografía y ambientación pero una narrativa plana, lineal y poco convincente . La tensión no se respira y el filme no levanta el vuelo, a pesar del esfurerzo de los directores y los intérpretes que parecen temer la fuerza el material que ha caido entre sus manos.












El alma de Williams está en el corazón de esta historia de personajes heridos, estrellas errantes, presagios, pasado turbio, neurosis, caciquismo, intereses económicos, clasismo, rencor, ensueño y desquiciamiento. Elementos de un contiente inhabitable que, sin embargo, está abitado, el Memphis rural y sus figuras humanas, sus fantasmas recurrentes. Un relato donde, a partir de un pequeño detalle insignificante más propio de la comedia de enredo , se construye una visión del mundo incisiva, ambigua y conmovedora, llena de regiones de oscuridad y luz. Un guión escrito hace cerca de medio siglo, filmado por Jodie Merkell, una directora semidesconocida y sostenida por el talento de los jóvenes Bryce Dallas Hodward y Chris Evans que seducen a la cámara pero aparencen algo afectados en sus respectivos roles. Si este hermoso y delicado guión guardado en algun cajón de los estudios de Hollywood hubiera caido en mejores manos podría haber salido una obra maestra del sétimo arte.












Uno parece ver a las niñatas y niñatos de la Castilla profunda en esas muchachas envidiosas y egoistas, en esos muchachos de smoking, ocultando sus flaquezas, huscando hueco en la política municipal, disfrutando con el dolor ajeno, con sus sonrisas falsas y a la vez sedientos de emociones fuertes que no llegan. Williams ridiculiza ese mundillo de Memphis de la Gran Depresión pero siempre se aproxima a la extraña luz que emiten algunas de sus criaturas, que se salvan de un filme sobre el totalitarismo, la envidia, la explotación y la necesidad de aparentar, sobre la extraña poesía de los solitarios, sobre el relevo generacional.












Los seguidores del dramaturgo no tardarán en reconocer su sello lo que hace a un filme realizado sin brío una pequeña joya, un diamante lágrima, por lo que pudo haber sido y no fue.

Friday, December 17, 2010

¿TRES SON MULTITUD?








Chloe es la última película de uno de los grandes del cine contemporáneo: Atom Egoyan. En esta ocasión el director canadiense vuelve al terreno de Exótica (Exótica, 1994) y a su indagación en los abismos del engaño y la seducción. Chloe es un filme hecho a la medida de Julianne Moore que nos ofrece una de las mejores interpretaciones de su carrera como Catherine, una exitosa ginecóloga de Toronto aturdida por la infidelidad de su marido, un guapo profesor de música (al que encarna con sobriedad algo aséptica Liam Nelson). Inspirada en el filme francés “Nathalie X” de Anne Fontaine, el filme tiene como principales escenarios apartamentos de diseño, caros restaurantes y grandes hoteles, pero también los laberintos mentales de una mujer presa de su propia trampa y que descubre su atracción física por una joven prostituta (Amanda Seyfried) de aspecto y comportamiento enigmáticos que viene a sacudir los cimientos bastante endebles de un núcleo familiar en crisis.

Egoyan vuelve a mostrar que es un gran director de actores y actrices y un diseccionador implacable de las pasiones humanas y también que sabe marrar historias con una mezcla extraña de frialdad, ironía y desasosiego recreándose visualmente en momentos aparentemente anodinos y utilizando la elipsis, las ausencias y la posición ambivalente de los personajes en el tiempo y en el espacio, jugando con el espectador al gato y al ratón como los personajes juegan entre sí a mentirse entre ellos o a sí mismos, a buscarse y separarse, a amarase y odiarse . No obstante, Chloe bellamente iluminada, salpicada de diálogos acerados, miradas esquivas y con una atmósfera familiar enrarecida, se ve algo lastrada por la artificiosidad del argumento y la inconsistencia de la enrevesada historia que nos cuenta, a la que no salva ni siquiera el buen hacer de la guionista Erin Cressida Wilson, conocida por los libretos de Secretaty y Fur: A imaginary portrait of Diane Arbus de Steven Shainberg (2006). Pero Chloe no es tanto una reflexión sobre la identidad sexual como un relato pesimista sobre las formas de relacionarse en el mundo contemporáneo, algo que, a pesar de sus numerosos altibajos narrativos y su aparatosa conclusión , lo acercan al universo temático de su creador.

Estamos pues ante una obra menor, una de las piezas más tibias de un director excepcional, ante una reflexión inquietante sobre la soledad, el erotismo, los celos y la imposible búsqueda de verdades absolutas estropeada por un desenlace típicamente hollywoodiense en el que la impureza es castigada y el orden familiar queda “algo dañado” pero en buen lugar. Algo así como una versión adulta, incisiva y lésbica de "Atracción Fatal" (Adrian Lyne, 1987) precedida por un hermoso prólogo, lleno de detalles inteligentes en la puesta en escena, pero indigno una conclusión tan convencional. Un filme adulto y cruel rodado como un cuento de Navidad sobre la sospecha y los sentimientos adormecidos que despiertan causando profundos desgarros. Sorpresas, pasiones y secretos varios que se desvelan con sutileza y nos dejan entrever un mundo sórdido, fatuo y crispado tras la apariencia del lujo y la sofisticación.

Thursday, December 09, 2010

IMAGENES DE UN VIRUS







EL SIDA Y SUS FICCIONES CINEMATOGRÁFICAS



Hace unos días se celebró el Día Mundial contra el Sida. Una fecha que ha pasado a ser un día de lucha contra la exclusión a una jornada de llamada a la precaución, la profilaxis y a luchar contra la intolerancia y los coletazos de la discriminación.
El cine, como la literatura, se ha hecho eco desde el principio- en el terreno de la ficción o el documental- de los relatos posibles en torno a una pandemia que apareció como enfermedad con connotaciones “morales” y “sociales” hasta pasar a ser una enfermedad más. Recientemente la oscarizada “Precious” de Lee Daniels, basada en una fantástica novela de Sapphire, nos contaba la odisea de una joven de Harlem, seropositiva, maltratada por su entorno, acosada por el heterosexismo y madre prematura. “Tres agujas” del canadiense Thom Fizgerald ha denunciado el “negocio de la sangre” en el llamado “tercer mundo” y la exclusión familiar de un actor porno heterosexual en “el primero”.






Hace unos años André Techiné nos contaba en su opera coral “Los testigos” el surgimiento de la pandemia en la Francia de los años ochenta a través de una historia de amor bisexual y de toma de conciencia colectiva. En “Cachorro” Miguel Albadalejo se hizo eco del surgimiento de la pandemia en nuestro país contándonos, en clave de comedia sentimental, la aventura de un dentista seropositivo (ubicado en Chueca) que debe enfrentarse a la intolerancia y los prejuicios pero también a la amistad y el apoyo. Directores como François Ozon han manifestado que todavía no se sienten preparados para rodar una película que hable directamente del VIH. Demasiados amigos muertos, demasiados recuerdos dolorosos, demasiados fantasmas. En Argentina “Un año sin amor”, los trabajos de Hervé Guibert o Patrice Chereau con “Son frérè” nos han mostrado toda la crudeza de la enfermedad y en México “Welcome” que es posible vivir y amar con el VIH. Otros dan un rayo de esperanza, optimismo y positividad. Es el caso de Oliver Ducastel que en sus películas nos habla de la existencia cotidiana de parejas homo y heteros que viven con el VIH. Han pasado los tiempos en que Gregg Araki con su “The living end” denunciaba con rabia la inactividad de los poderes públicos y otros en sus documentales o mediometrajes pedían la atención del ministerio de Sanidad. Las ficciones sobre el SIDA se multiplican en la historia de un virus que no conoce más fronteras que el látex y que se atreve a hablar sin complejos de sí mismo.

Thursday, July 22, 2010

DE REPENTE, EL ÚLTIMO VERANO




EL ÚLTIMO VERANO DE LA BOYITA





Tras la tibia acogida de “Hermanas” la realizadora argentina Julia Solomonoff cambia de registro y se adentra en una peculiar fábula de ambiente rural sobre la niñez, la adolescencia, el choque entre naturaleza y cultura y el descubrimiento de la sexualidad. “El último verano de la boyita”, un filme de raíces autobiográficas, nos cuenta la historia de la amistad íntima entre Jorgelina (Guadalupe Alonso), la hija de un médico, y Mario (Nicolas Treise), un muchacho intersexual que trabaja en esa finca flotante donde la familia pasa sus veranos. Alejándose del tenebrismo y también de la estilización formal que caracterizan a los trabajos de Lucía Puenzo, “El último verano…” es un filme de una naturalidad encomiable que huye de cualquier atisbo de morbo para, en clave de relato minimalista, contarnos el choque entre dos seres que, de modo diferente, escapan a lo que se espera de ellos por parte de sus respectivos ambientes familiares y comunitarios. La realizadora se apoya en el encanto y la frescura de la niña protagonista y nos muestra –con gran atención a los detalles y con el uso de primerísimos planos- su descubrimiento de la naturaleza, los cuerpos, los afectos y las verdades a medias.

Tal vez podamos echar en cara al trabajo de Solomonoff un exceso de metáforas visuales, pero la fisicidad que logra extraer de los pobladores de ese lugar, a la vez salvaje e idílico, consigue eludir cualquier atisbo de cursilería. Los mejores momentos del filme son aquellos en que parece que Jorgelina y Mario van a entenderse y, en ese universo algo primitivo en el que habitan, nos obsequian con algunos toques de comedia en una historia que tiene algo de “western crepuscular” y algo de drama sobre la pérdida de la inocencia. “El último verano…” es una película pequeña pero poderosa en su puesta en imágenes y llena de fuerza interior, ironía y luminosidad, aunque el trasfondo vuelve a ser amargo ya que la realizadora denuncia, sin alzar mucho la voz, la violencia que los dispositivos médicos, las normas reguladoras del género y los patrones culturales caducos ejercen sobre los cuerpos sexuados y las mentalidades que empiezan a conformarse.

Tuesday, July 20, 2010

EL REFUGIO



LE REFUGE


“El refugio” es la última película de François Ozon, un director aclamado por algunas de sus películas y vilipendiado por otras pero siempre coherente con su peculiar universo temático y estilístico. Esta última entrega de su llamada “trilogía de la muerte” nos cuenta una historia amistad y amor entre Mousse (Isabel Carré, en la mejor interpretación de su carrera) una mujer embarazada y el hermano de su novio, fallecido por una sobredosis de heroína. De nuevo las playas, las casas, los colores, los secretos, la redefinición de los roles , la homoparentalidad, la masculinidad y la feminidad son algunos de los temas que surcan esta película, madura, serena, lírica estremecedora. Un regalo para los admiradores del creador de otros títulos maduros y delicados “Sous le sable” y “Le temps qui reste”. Una muestra de la cara más sensible del otrora llamado "enfant terrible" del cine francés. Destacan en el filme no solo la presencia de algunas de sus constantes (como la naturaleza, el mar, la búsqueda de la libertad o el aislamiento espiritual) sino también la fuerza de los secundarios, como ese enigmático Mevil Poupaud cuya ausencia va a marcar el transcurso, a la vez sereno y desagarrado, de un filme íntimo y majestuoso. En el universo de esa mujer sola irrumpe un hombre poco convencional y lleno de misterio (interpretado por el cantante francés Louis-Ronan Choisy).

Estamos ante el retrato de una huida y un reencuentro, el renacimiento a la vida y a la esperanza, los lazos afectivos menos convencionales y el redescubrimiento del cuerpo, otra mirada a la maternidad, la paternidad y la esperanza en la vida. Tal vez echemos de menos un poco de la mala uva que ha caracterizado al realizador de "Sitcom" o “Huit femmes” pero "El refugio" es un regalo para los sentidos, una película a la vez dura y frágil. Una obra de cámara que condensa muchas de sus habituales obsesiones y, también, algunas de las nuestras.

Tuesday, May 04, 2010

UN MUNDO AL ATARDECER




UN HOMBRE SOLTERO




"Un hombre soltero", el debut en el largometraje del diseñador Tom Ford, es una elegante y sofisticada adaptación de la novela más triste de Christopher Isherwood, más conocido como por ser el autor del relato en que se basa la famosa "Cabaret" (Bob Fosse, 1972). Apoyada en una fantástica interpretación de Colin Firth -nominado al Oscar-, la película de Ford nos cuenta, con altas dosis de talento audiovisual, la historia de George, un maduro profesor universitario británico que trata que recuperarse de la trágica pérdida de su compañero sentimental, Jim (Mathew Goode). El filme se acerca de modos muy diferentes al actor, a su rostro, a su cuerpo, a sus deseos, a su tristeza, su coraje y su cobardía y logra, con una puesta en escena llena de pequeños aciertos, el retrato de un hombre que trata de ocultar su dolor en la Norteamérica de los años sesenta. Sus únicos compañeros en esa larga jornada “antiheróica” van a ser su antigua amiga Charlie (Julianne Moore, perfecta para el papel), un joven alumno (Nicholas Hoult)- extrañamente atraído por la personalidad del profesor- y los recuerdos intermitentes de los momentos vividos con su antiguo amante. La interpretación de Firth –premiado con la Copa Volpi en el último festival de Venecia- es la gran baza que juega Ford para dar un soporte psicológico sólido y perturbador a un filme que tiene algo de “ejercicio de estilo” por la importancia dada a los pequeños detalles pictóricos de su puesta en imágenes. Así Ford da entidad visual a recursos tomados de la literatura como el “monólogo interior” o las imágenes mentales prolongadas para describir el violento choque entre el abatido mundo interior de George y las situaciones cotidianas a las que les debe hacer frente. La presencia física de Firth –oscilando entre el aspecto de galán y la de hombre maduro a las puertas de un mundo otoñal- es decisiva para el despegue de un filme construido desde una subjetividad obsesiva. Uno de los momentos claves del filme es su largo y vehemente discurso ante un alumnado que observa atónito como ese profesor de modales perfectos está a punto de quitarse la máscara.


"Un hombre soltero" puede parecer una película algo artificial -arropada por una elaborada fotografía en blanco y negro y color de Eduard Grau, elegantes escenarios y una partitura sinfónica de Abel Korzeniowski-, pero, gracias a los matices que el actor protagonista da a su personaje y a la sólida realización, el filme se sostiene como una propuesta arriesgada y, a ratos, arrebatadora. Ambientada en Los Ángeles durante la llamada “crisis de los misiles”, con evidentes guiños al cine realizado en la misma época en que transcurre la trama, el trabajo de Ford consigue trasmitirnos el dolor íntimo de un hombre incapaz de encarar el futuro. Algo discursiva en sus diálogos, tentada por la estética de “videoclip” y la sofisticación, A single man triunfa como fábula sobre el amor y el duelo, la cobardía y el coraje, como un filme que reivindica el derecho a la diferencia y a la libertad, pero fracasa en su retrato de una sociedad hipócrita y asfixiante allí donde triunfaban trabajos de sabor igualmente “retro” como la suntuosa "Lejos del cielo" (Far from Heaven, 2002) de Todd Haynes, protagonizada también por Julianne Moore e inspirada en el universo plástico de Douglas Sirk. Otro filme que lanza una mirada moderna e irónica a los códigos del melodrama clásico, a los roles sociosexuales, a los tapujos y a los usos y costumbres de la burguesía de la época que retrata.


Nos encontramos, pues, ante una •”obra de cámara”, rodada con un montaje agresivo que acerca su filme a las filas del llamado “new queer cinema” y ante un recital interpretativo filmado con inusitada vitalidad por un realizador novel que demuestra una cautelosa atención a la ambientación y a los pequeños motivos de la puesta en escena. En resumen, una mirada rutilante y corrosiva a un mundo gris, mediocre y materialista y a un personaje atormentado que habita más cerca de “los muertos” que de “los vivos”. "Un hombre soltero", debido a su transcurso algo abrupto, su lapidaria conclusión y cierta ampulosidad y autosuficiencia, puede llegar o no al espectador, pero no podemos negar una impresionante fuerza plástica, un sobrado oficio, unas actuaciones intensas y más de un momento de una humanidad cautivadora.

Sunday, March 21, 2010

YA EN DVD



PARIS

Cédric Kaplish sigue siendo una “rara avis” en el cine francés contemporáneo y dentro del cine europeo en general. Autor de comedias dramáticas originales como y dotadas de indiscutible frescura como “Cada uno busca su gato”, y de películas tirando a banales y preferentemente destinadas al público y a la taquilla como su saga de “El albergue español”, se adentra en esta ocasión, con brío y desiguales resultados, en el drama humano e intimista y en la ópera social y el drama costumbrista. “Paris” es la historia de una ciudad, mitificada donde las haya, observada con un tono a la vez grave, irónico, distanciado, humano y colorista. El eje de la historia es la enfermedad grave de Pierre (Romain Duris) quien, creyéndose a punto de morir, se convierte en un observador pasivo de los encantos y miserias de una ciudad caleidoscópica y llena de contrastes. El desapego existencial, la melancolía y su hundimiento emocional de Pierre nos recuerdan la mirada tierna y lúcida de algunos personajes de Francois Ozon o Eric Romer aunque la aproximación de Kaplish es más despreocupada y mucho menos honda. Entre los muchos -tal vez excesivos- temas del filme, encontramos el desamor, las relaciones familiares, la búsqueda de la dignidad y la estabilidad económica y la infinita soledad que se dejan sentir en el seno de una ciudad bulliciosa que resulta para unos un paraíso de colores y mezcla de culturas y para otros una trampa o un lugar inhóspito y lleno de dolor y de heridas abiertas por el paro, la inmigración, la infelicidad, los prejuicios raciales, los dilemas familiares y la virulenta escisión entre la realidad y las apariencias.


“Paris” es un filme tentado por la grandilocuencia y que abarca demasiadas historias y “vidas cruzadas”, demasiados temas y nudos dramáticos planteados con cierta fuerza y realismo, pero que o bien no se resuelven de modo satisfactorio o, sencillamente, no se resuelven. El filme se apoya en una espléndida Juliette Binoche que ha alcanzado una madurez interpretativa encomiable, aunque abuse de recursos dramáticos y matices que ya ha utilizado para otros personajes en filmes de Techiné u Oliver Assayas. El tono del filme resulta algo frío e insincero a pesar de la eficacia y sobriedad con la que Kaplish se acerca a sus criaturas que siguen viviendo, trabajando y amando pese a las heridas intimas y la incertidumbre colectiva que parece haberse adueñado de una ciudad luminosa presentada en tonos grises, filmada con cierto amor, pero también con algo de tristeza y desencanto. Así, nos vamos encontrando con la enfermedad de Pierre y la soledad afectiva de Elise (Binoche) que trata de fingir entereza ante circunstancias cada vez más adversas, la búsqueda del éxito profesional de un locutor de televisión o un profesor de universidad, el viaje desesperado de un inmigrante procedente de Camerún, etc.. Un relato balzaciano con ecos del neorrealismo italiano tardío y del cine francés social, algo devaluado por la necesidad de contar demasiadas historias y de cautivar al espectador con escenarios variopintos, planos enfáticos o motivos visuales que chocan violentamente entre sí.

Kaplish logra un filme interesante y lleno de buenos momentos, en particular gracias a la eficacia de actores y actrices y a la fuerza de los personajes, pero mezcla demasiados temas como si quisiera contarlo todo sobre una ciudad desbordante a través de la historia demasiado compleja de personajes desamparados a los que describe de una forma eficiente pero algo apresurada, tópica y superficial. Estamos, pues, ante un filme apreciable y ante un director al que hay que seguir la pista, pero también ante un melodrama romántico y una comedia satírica algo ampulosa donde Kaplish se decanta por una mirada epidérmica y deshilvanada sobre conflictos graves que traza con brío para después pasar de puntillas sin llegar nunca al fondo del asunto.