Tuesday, November 15, 2011

SE FUE EL ENFERMERO DE NOCHE

Hospital de día
Un enfermero de noche busca los pendientes de Angelina Jolie
Entre los escombros de las bombas plúmbeas de Allen Ginsberg
Una jura que se acuerda de cuando Nika Costa cantaba por los pasillos blancos canciones de amor y muerte
Se oyen los gritos de los suicidas frustrados, y de las anoréxicas que lucen panties largos y batas de las SS
Frustradas de no provocarnos demasiado a los maricas con un pierna al otro lado del espejo
Gimnasia
Sonidos fétidos
Tensión
Toma de medicación
Relajación
Heterocharla
Sermones
Escuchamos a James Blunt
mientras la guerra de Irak se libra en nuestros cuerpos
e invaden nuestras mentes como la Tatcher las malvinas
Cognitiva
Dia de las familias
Dia de la madre
Dia del padre ausente
Tosen los muertos y los vivos se ahogan
Solos estamos tu y yo en este desierto cultural
en esta tierra jubilada que un dia quisimos cambiar
y casi nos cambia a nosotras
Duelo al sol, tiernas mujeres que luchan contra la dictadura de la edad
No tengo valores religiosos
grita la psicologa del campo
Me los quitó la policía
respondo yo
mientras me registraba
por devolver películas malrobadas a negocios cada vez mas sucios, trepas, macarras, fascistas,
cahs, ladronzuelos, timadores, de cinturón negro y dependienta gorda
policias sin reciclar, detectives sin cuello que morder
profesores de universidad de que se fuman las clases
medicos que se fuman las terapias
más recortos
devueltas
a mi videoteca que mengua veriginosamente por los recortes de la sanidad
y las concedidas subvenciones del Aula de Circo y al Burgos de las Teatracciones,
se expande el Tontagente en el Espacio
Un poema nace de
la ira, de la rabia,el silencio que grita a la nada
¿Como es posible escribir poesía después de haber sido torturado?, se pregunta Judith Butler

La pregunta debía ser al revés.

Como no escribir algo después de vivir en la ciudad donde el fantasma de Franco sigue de veraneo?

Poesías en vasijas, Euros por pesetas, la ciudad se llena de mendigos con traje y corbata, de especuladores en las listas electorales, de votantes silenciosos y adolescentes que se pelean a la salida de la última cerveza.

El 20 N es la noche de los muertos vivientes en Burgos. Esa tierra "bendita" con veneno en sus arterias, este monstruo de cemento, parques temáticos y comadreos que nos matará lentamente.


las arpías de las oposiciones esconden los resultados, otras tienen la plaza de garaje asegurada

Espumillon sobre nuestros cuerpos castigados, sobre nuestras mentes venidas al mejor postor

No salen las listas, tienen miedo, y los tontos están en el Ayuntamiento, en el TontaTangente, radiando bobadas, comprando periódicos, echando a gente de sus casas

Mientras brilla la maquinaria de Atupuerca y las inauraciones no hay camas en nuestro hogar provisional

En este nido que se cae, y yo con ellos y ellas

mientas yo me mato fumando el alcalde celebra la resurrección de franco con una ralla de coca en su nariz de payaso pueblerino


Carl Solomon! I'm with you in Rockland

where you're madder than I am

I'm with you in Rockland

where you must feel strange

I'm with you in Rockland

where you imitate the shade of my mother

I'm with you in Rockland

where you've murdered your twelve secretaries

I'm with you in Rockland

where you laugh at this invisible humour

I'm with you in Rockland

where we are great writers on the same dreadful typewriter

I'm with you in Rockland

where your condition has become serious and is reported on the radio

I'm with you in Rockland

where the faculties of the skull no longer admit the worms of the senses

I'm with you in Rockland

where you drink the tea of the breasts of the spinsters of Utica

I'm with you in Rockland

where you pun on the bodies of your nurses the harpies of the Bronx

I'm with you in Rockland

where you scream in a straightjacket that you're losing the game of actual pingpong of the abyss

I'm with you in Rockland

where you bang on the catatonic piano the soul is innocent and immortal it should never die ungodly in an armed madhouse

I'm with you in Rockland

where fifty more shocks will never return your soul to its body again from its pilgrimage to a cross in the void

I'm with you in Rockland

where you accuse your doctors of insanity and plot the Hebrew socialist revolution against the fascist national Golgotha

I'm with you in Rockland

where you will split the heavens of Long Island and resurrect your living human Jesus from the superhuman tomb

I'm with you in Rockland

where there are twentyfive thousand mad comrades all together singing the final stanzas of the Internationale

I'm with you in Rockland

where we hug and kiss the United States under our bedsheets the United States that coughs all night and won't let us sleep

I'm with you in Rockland

where we wake up electrified out of the coma by our own souls' airplanes roaring over the roof they've come to drop angelic bombs the hospital illuminates itself imaginary walls collapse O skinny legions run outside O starry-spangled shock of mercy the eternal war is here O victory forget your underwear we're free

I'm with you in Rockland

in my dreams you walk dripping from a sea-journey on the highway across America in tears to the door of my cottage in the Western night

Wednesday, November 02, 2011

UNA GRATA SORPRESA





EVA

“Eva” es la opera prima de Kike Maíllo, un director español que aparentemente ha hecho su película de espaldas al gran público, a Tintín y al cine español del momento. Estamos ante un cuento de ciencia ficción “adulto” protagonizado por una niña y por Alex, un científico desarraigado que vuelve a su lugar de origen en busca de respuestas, recuerdos y amores perdidos. Alex está encarnado por un magnifico Daniel Bruhl en un papel muy lucido que deja en segundo plano a Marta Etura y a Alberto Amman e incluso a un delicioso Lluís Homar en un papel secundario insospechado. Solo el encanto y la fuerza expresiva (algo exagerada) de Claudia Vega - “la niña protagonista” que da título al filme - le roban a Bruhl alguna secuencia.
“Eva” es, como “La piel que habito” de Almovodovar, una variación del cuento de Frankenstein pero aquí en clave tierna, cálida y algo “naif” con una mezcla de austeridad y efectos visuales, robots y seres humanos, candidez, ternura y pesimismo.




Presenta los mismos paisajes helados y la atmosfera triste de “Déjame entrar” y la misma confusión en el comportamiento infantil-adulto y el mismo tono a la vez onírico, algo pretencioso y afectado pero intimista y sensible, atento a la inteligencia del espectador.
“Eva” es una película con trampa y trampas, pero el refinado estilo visual, la dirección artística y el esfuerzo del elenco lo salvan de la mediocridad y lo sitúan en aquellos filmes que nos devuelven la fe en un género tan maltratado como el cine fantástico y en la creatividad de los nuevos realizadores.




Entre los guionistas aparecen nombres como el del dramaturgo Sergi Belbel (habitual colaborador del realizador catalán Ventura Pons) que añaden algo de acidez y sabiduría a los diálogos de un filme, tal vez, demasiado dominado por lo audiovisual, algo tentado por la cursilería.

La inteligencia, el lirismo e ironía de los diálogos y el respeto con el que trata al espectador, a pesar de los efectos visuales y los robots que aparecen, hacen de “Eva” una disfrutable rareza que colma las expectativas visuales y narrativas de un espectador cada vez menos acostumbrado a los filmes donde el entrenamiento y la hondura no se dan, en absoluto, la espalda.


Friday, September 02, 2011

LA PIEL QUE HABITO









DIOSES Y MONSTRUOS









“La piel que habito” es la mejor película de Pedro Almodóvar desde “La mala educación”. Un cuento gótico lleno de guiños cinéfilos (de Georges Franju al doctor Frankenstein) que, sin embrago, el controvertido realizador ha conseguido hacer suyo alcanzando una abstracción y un refinamiento estético difíciles de superar aunque manteniendo sus constantes: la codicia, la posesión, los celos, el odio, la traición, el rencor y el sexo. Es una adaptación libérrima de la novela de Thierry Jonquet “Tarántula”, en la que el director de “Todo sobre mi madre“ vuelve a enredarnos en un argumento imposible y difícil de tomar en serio todo el tiempo, pero que en más de un momento logra llegar a las tripas del espectador gracias a la fuerza que desprende el duelo interpretativo entre un hierático. entonado y terrorífico Antonio Banderas, como un cirujano enloquecido, y Elena Anaya, la victima que esconde en ese ominoso caserón gallego. Hay mucho humor o más bien mucha ironía en “La piel que habito” y es probable que su mezcla de goticismo, experimento visual y postmodernidad, sus coqueteos con el melodrama familiar y el cine de horror científico provoquen el rechazo de más de un paladar, pero nuevamente el director subyuga a través de sus formas visuales, su banda sonora y su manera de lograr personajes intensos, y hacer creíble y cercano lo más inverosímil, arremetiendo de paso contra la «clase médica» y sus miserias como no lo hacía desde “Hable con ella”. Y tal vez resulte ser este filme el más próximo en sus escenarios al mundo febril, deshumanizado, claustrofóbico y surrealista donde luchan sin tregua los y las protagonistas de “La piel que habito”.
Un trabajo libre que puede verse como una comedia negrísima o como un melodrama romántico con ecos de los clásicos del cine fantástico. Aunque en algunos pasajes Elena Anaya parezca superada por las aristas de su personaje, la película está llena de instantes cautivadores donde lo visual y lo narrativo se pelean y se entremezclan para goce de los que admiramos la caligrafía a la vez refinada y tosca de un director que aquí homenajea a los maestros del suspense psicológico al tiempo que vuelve a cuestionar algunas verdades aceptadas sobre las formas de dominación, sometimiento y maneras amar y sentir de los seres humanos. En el filme hay momentos en los que los personajes se ríen de su situación y otros en los que la tragedia casi goyesca inunda la pantalla igual que las referencias a clásicos del cine, a la escultura de Louise Bourgeois o al propio Almodóvar de “Átame” donde había logrado otra interpretación colosal de Banderas, inquietante maestro aquí de una ceremonia descabellada y donde la venganza, el “amour fou”, la transexualidad, la materialidad de los cuerpos, los miedos ancestrales a la locura, la pérdida, el dolor y la muerte y las fronteras entre la masculinidad y la feminidad se difunden de forma si no genial al menos asombrosa.

“La piel que habito” es la historia de un secuestro, pero también la historia de un cuerpo, de mentes enfermas y cuerpos que mutan, de seres que se odian o que fingen amarse para poder escapar. La imagen de Elena Anaya contemplada por Antonio Banderas en una gigantesca pantalla nos recuerda a la de José Luis Gómez espiando a Penélope Cruz en “Los abrazos rotos” en una gigantesca pantalla privada, al igual que los médicos arrogantes y el estado y el espacio febriles donde se debaten entre la vida y la muerte una pálida joven bailarina (Leonor Watling) y una morena e inconstante torera de éxito (Rosario Flores) agonizando en “Hable con ella”









Como en muchas de otras películas suyas, Almodóvar nos presenta heteros femeninos (en este caso el personaje interpretado con una extraña dulzura por Jean Cornet, no casualmente trabajando en una tienda de ropa femenina - esa ropa que luego Vera hará trizas en su jaula de oro-) cuya posición en el filme contrasta con las de sus compañeros de juerga. Escribir sobre “La piel que habito” es casi imposible porque hay una saturación de códigos en los que el director, más que nunca hace guiños, no sabemos si voluntarios o no, a cuestiones abordadas de forma más intelectual por las teóricas queer sobre las normas reguladoras y productoras del género y el panóptico de Foucault instalado en esos hogares donde se libran batallas intimas que incluyen la violencia de género, las constricciones patriarcales, las servidumbres familiares y el ostracismo hacia el mundo LGTB.

La delicadeza que transmite el personaje de Jan Cornet contrasta con el aspecto de madraza antigua y estirada (con algo de ama de llaves de "Rebeca") de Marisa Paredes e incluso con la energía que desprende de Elena Anaya. El personaje se vuelve más activo y luchador cuando se convierte en mujer .Robert (Banderas) es un médico que, al igual que el doctor Frankenstein, ha creado una criatura que se le escapa a la vez que cree vengar la violación de su hija Normita al quien él mismo y una desastrosa historia familiar han convertido en una chica con “fobia social” y con tendencia a esconderse en el armario de la clínica mental para huir de la presencia paterna. Esa fobia social que trata de inculcar a una chica fuerte, que tiene las facciones de su mujer, pero que no cumple una promesa de fidelidad hecha por un estamento y un hombre que, a pesar de su resistencia casi vaticana, ya no son tomados en serio por todo el mundo y, en cierto sentido, empiezan a pertenecer al pasado.









Agradezo a Carlos Primo las referencias al mundo del arte en el filme.

Monday, July 11, 2011

PRINCIPIANTES...







PRINCIPIANTES (BEGGINERS)


"Caricias de amor atlántico y caribeño" (Howl)





Director y guión: Mike Mills







Interpretes: Ewan McGregor, Christopher Plummer, Melanie Laurent, Goran Visnjic.


“Principiantes” es una hermosa fábula sobre los lazos familiares menos convencionales, el amor, la amistad y sobre el efecto devastador del paso del tiempo. Inspirada en experiencias personales del realizador la película, con un arranque un tanto histriónico, sorprende por la calidez y ternura con la que nos muestra a unos personajes que buscan su verdadera identidad en un mundo que todavía rinde culto a las apariencias. Oliver Fields (Ewan McGregor) es un joven solitario y con problemas de comunicación que acompaña a su padre (Christopher Plummer) en su último, vitalista e inesperado trayecto existencial. El filme nos muestra las imágenes históricas de la evolución de una sociedad -observada quizá con más candor del que se merece- paralelas a la evolución de unos personajes a la vez que la sensación de liberar, y la necesidad de buscar y encontrar apoyo. También el extraño placer de ver el lado lúdico de aquellos aspectos más oscuros de la existencia humana: la muerte, la enfermedad, la mentira, el duelo o la impasibilidad de cambiar una sociedad más allá de lo meramente formal, de ser diferentes y ser escuchados por el "establishement".






La película se apoya en las dos grandes interpretaciones de los actores principales y en un eficaz trabajo de los secundarios, Goran Visnjic y Melanie Laurent, intérpretes descubiertos por el cine europeo y estadounidense independiente. Formado en el mundo del cómic, y con breves pero claras referencias a éste, Mills ofrece intimismo y ternura allí donde otros hubieran optado por la astracanada o el melodrama moralista; ofrece sutileza e ironía donde otros hubieran optado por la brocha gorda y el chiste fácil, pese a estar tentado por los esquemas del drama familiar y la comedia de costumbres en toda la tradición del cine comercial






“Principiantes” demuestra que aún se pueden decir cosas importantes sin alzar mucho la voz, con discrección y elegencia, y acaba resultando un regalo muy peculiar que no obstante exige al espectador un esfuerzo de concentración cada vez menos habitual en el cine comercial Una historia sobre el coraje, el amor, la amistad, los cambios culturales, sociosexuales y el humor que puede parecer algo lánguida y afectada, pero que esta trabajada con esmero y con atención a los detalles de la puesta en escena.

Monday, May 09, 2011

YA EN LIBRERIAS










“Por el culo. Politicas anales” (Editorial Egales, 2011) es más que un libro, es una verdadera delicia que se consume en tus labios y luego te quedas pensando en demasiadas cosas…El rigor y la claridad, el desparpajo y la sabiduría de Sejo Carrascosa y Javier Saez (luchadores incansables contra ella heterocracia, la homofobia y la sidofobia) salen y entran de ese culo peludo y lleno de ideas que no cabe en la portada del libro como muchas de sus propuestas siguen sin caber en una sociedad homófoba y llena de dispositivos heterocentrados en los que la prohibición del placer anal ocupa un lugar clave. El oso Freud, la pandemia del Sida, Allen Ginsberg, Beatriz Prexiado, el fútbol y sus voceros, la culofobia, el heterosexismo de derechas e izquierdas, la analofobia mediática, el miedo a lo femenino y al sometimiento y la pasividad y la legendaria historia de una "injuria" son algunas de las claves de un ensayo fresco y provocador destiando a molestar a algunos paladares y, sobre todo, a servir de guía de repensar algunos aspectos de nuestras culturaa. Ameno, divertido, culto y lleno de vitriolo “Por el culo. Políticas anales” es una invitación a repensar un sistema de gestión del placer, el dolor, la imaginación y la dominación que empieza en nuestros cuerpos y se extiende por las capas sociopolíticas más diversas. Porque como dicen los autores “Todos tenemos un culo” aunque algunos/as hayan renuciado a “ello”.








Dedicado a la memoria del filósofo y activista Paco Vidarte el ensayo traspasa las fronteras de lo sexual y lo lúdico para situarse en una ácida arena sociopolítica.




Saturday, February 19, 2011





LA PÉRDIDA DE UN DIAMANTE LÁGRIMA




“La pérdida de un diamante lágrima” es una película algo plana y desangelada (una de esas películas hechas para cine-televisión- lo que se conoce como look "Estrenos TV"- ) inflamada por ser el único guión de cine firmado por una de las plumas más importantes de la literatura del siglo pasado, el dramaturgo estadounidense Tennessee Williams ("Un tranvia llamado deseo", "La gata...). Williams se hizo famoso gracias a las adaptaciones (unas buenas, otras regulares, otras malas y otras directamente censuradas o "retocadas" por las tijeras morales de la censura de la época ) que el Brodway y el Hollywood de los cuarenta, cincuenta y sesenta hizo de sus obras; sediento de nuevos temas, pasiones destadas, personajes complejos y sexualidades semiocultas . Su único guión para la gran pantalla es coherente con su universo dramático y poético, turbio y resultón, deprimente y luminoso, intimista y deslumbrante, aunque se ve limitado por una puesta en escena tan sobria y ajustada como carente de toda inventiva e imaginación, cayendo muchas veces en un estilo propio del teatro filmado pero no del buen cine, con una bella fotografía y ambientación pero una narrativa plana, lineal y poco convincente . La tensión no se respira y el filme no levanta el vuelo, a pesar del esfurerzo de los directores y los intérpretes que parecen temer la fuerza el material que ha caido entre sus manos.












El alma de Williams está en el corazón de esta historia de personajes heridos, estrellas errantes, presagios, pasado turbio, neurosis, caciquismo, intereses económicos, clasismo, rencor, ensueño y desquiciamiento. Elementos de un contiente inhabitable que, sin embargo, está abitado, el Memphis rural y sus figuras humanas, sus fantasmas recurrentes. Un relato donde, a partir de un pequeño detalle insignificante más propio de la comedia de enredo , se construye una visión del mundo incisiva, ambigua y conmovedora, llena de regiones de oscuridad y luz. Un guión escrito hace cerca de medio siglo, filmado por Jodie Merkell, una directora semidesconocida y sostenida por el talento de los jóvenes Bryce Dallas Hodward y Chris Evans que seducen a la cámara pero aparencen algo afectados en sus respectivos roles. Si este hermoso y delicado guión guardado en algun cajón de los estudios de Hollywood hubiera caido en mejores manos podría haber salido una obra maestra del sétimo arte.












Uno parece ver a las niñatas y niñatos de la Castilla profunda en esas muchachas envidiosas y egoistas, en esos muchachos de smoking, ocultando sus flaquezas, huscando hueco en la política municipal, disfrutando con el dolor ajeno, con sus sonrisas falsas y a la vez sedientos de emociones fuertes que no llegan. Williams ridiculiza ese mundillo de Memphis de la Gran Depresión pero siempre se aproxima a la extraña luz que emiten algunas de sus criaturas, que se salvan de un filme sobre el totalitarismo, la envidia, la explotación y la necesidad de aparentar, sobre la extraña poesía de los solitarios, sobre el relevo generacional.












Los seguidores del dramaturgo no tardarán en reconocer su sello lo que hace a un filme realizado sin brío una pequeña joya, un diamante lágrima, por lo que pudo haber sido y no fue.

Friday, December 17, 2010

¿TRES SON MULTITUD?








Chloe es la última película de uno de los grandes del cine contemporáneo: Atom Egoyan. En esta ocasión el director canadiense vuelve al terreno de Exótica (Exótica, 1994) y a su indagación en los abismos del engaño y la seducción. Chloe es un filme hecho a la medida de Julianne Moore que nos ofrece una de las mejores interpretaciones de su carrera como Catherine, una exitosa ginecóloga de Toronto aturdida por la infidelidad de su marido, un guapo profesor de música (al que encarna con sobriedad algo aséptica Liam Nelson). Inspirada en el filme francés “Nathalie X” de Anne Fontaine, el filme tiene como principales escenarios apartamentos de diseño, caros restaurantes y grandes hoteles, pero también los laberintos mentales de una mujer presa de su propia trampa y que descubre su atracción física por una joven prostituta (Amanda Seyfried) de aspecto y comportamiento enigmáticos que viene a sacudir los cimientos bastante endebles de un núcleo familiar en crisis.

Egoyan vuelve a mostrar que es un gran director de actores y actrices y un diseccionador implacable de las pasiones humanas y también que sabe marrar historias con una mezcla extraña de frialdad, ironía y desasosiego recreándose visualmente en momentos aparentemente anodinos y utilizando la elipsis, las ausencias y la posición ambivalente de los personajes en el tiempo y en el espacio, jugando con el espectador al gato y al ratón como los personajes juegan entre sí a mentirse entre ellos o a sí mismos, a buscarse y separarse, a amarase y odiarse . No obstante, Chloe bellamente iluminada, salpicada de diálogos acerados, miradas esquivas y con una atmósfera familiar enrarecida, se ve algo lastrada por la artificiosidad del argumento y la inconsistencia de la enrevesada historia que nos cuenta, a la que no salva ni siquiera el buen hacer de la guionista Erin Cressida Wilson, conocida por los libretos de Secretaty y Fur: A imaginary portrait of Diane Arbus de Steven Shainberg (2006). Pero Chloe no es tanto una reflexión sobre la identidad sexual como un relato pesimista sobre las formas de relacionarse en el mundo contemporáneo, algo que, a pesar de sus numerosos altibajos narrativos y su aparatosa conclusión , lo acercan al universo temático de su creador.

Estamos pues ante una obra menor, una de las piezas más tibias de un director excepcional, ante una reflexión inquietante sobre la soledad, el erotismo, los celos y la imposible búsqueda de verdades absolutas estropeada por un desenlace típicamente hollywoodiense en el que la impureza es castigada y el orden familiar queda “algo dañado” pero en buen lugar. Algo así como una versión adulta, incisiva y lésbica de "Atracción Fatal" (Adrian Lyne, 1987) precedida por un hermoso prólogo, lleno de detalles inteligentes en la puesta en escena, pero indigno una conclusión tan convencional. Un filme adulto y cruel rodado como un cuento de Navidad sobre la sospecha y los sentimientos adormecidos que despiertan causando profundos desgarros. Sorpresas, pasiones y secretos varios que se desvelan con sutileza y nos dejan entrever un mundo sórdido, fatuo y crispado tras la apariencia del lujo y la sofisticación.

Thursday, December 09, 2010

IMAGENES DE UN VIRUS







EL SIDA Y SUS FICCIONES CINEMATOGRÁFICAS



Hace unos días se celebró el Día Mundial contra el Sida. Una fecha que ha pasado a ser un día de lucha contra la exclusión a una jornada de llamada a la precaución, la profilaxis y a luchar contra la intolerancia y los coletazos de la discriminación.
El cine, como la literatura, se ha hecho eco desde el principio- en el terreno de la ficción o el documental- de los relatos posibles en torno a una pandemia que apareció como enfermedad con connotaciones “morales” y “sociales” hasta pasar a ser una enfermedad más. Recientemente la oscarizada “Precious” de Lee Daniels, basada en una fantástica novela de Sapphire, nos contaba la odisea de una joven de Harlem, seropositiva, maltratada por su entorno, acosada por el heterosexismo y madre prematura. “Tres agujas” del canadiense Thom Fizgerald ha denunciado el “negocio de la sangre” en el llamado “tercer mundo” y la exclusión familiar de un actor porno heterosexual en “el primero”.






Hace unos años André Techiné nos contaba en su opera coral “Los testigos” el surgimiento de la pandemia en la Francia de los años ochenta a través de una historia de amor bisexual y de toma de conciencia colectiva. En “Cachorro” Miguel Albadalejo se hizo eco del surgimiento de la pandemia en nuestro país contándonos, en clave de comedia sentimental, la aventura de un dentista seropositivo (ubicado en Chueca) que debe enfrentarse a la intolerancia y los prejuicios pero también a la amistad y el apoyo. Directores como François Ozon han manifestado que todavía no se sienten preparados para rodar una película que hable directamente del VIH. Demasiados amigos muertos, demasiados recuerdos dolorosos, demasiados fantasmas. En Argentina “Un año sin amor”, los trabajos de Hervé Guibert o Patrice Chereau con “Son frérè” nos han mostrado toda la crudeza de la enfermedad y en México “Welcome” que es posible vivir y amar con el VIH. Otros dan un rayo de esperanza, optimismo y positividad. Es el caso de Oliver Ducastel que en sus películas nos habla de la existencia cotidiana de parejas homo y heteros que viven con el VIH. Han pasado los tiempos en que Gregg Araki con su “The living end” denunciaba con rabia la inactividad de los poderes públicos y otros en sus documentales o mediometrajes pedían la atención del ministerio de Sanidad. Las ficciones sobre el SIDA se multiplican en la historia de un virus que no conoce más fronteras que el látex y que se atreve a hablar sin complejos de sí mismo.

Thursday, July 22, 2010

DE REPENTE, EL ÚLTIMO VERANO




EL ÚLTIMO VERANO DE LA BOYITA





Tras la tibia acogida de “Hermanas” la realizadora argentina Julia Solomonoff cambia de registro y se adentra en una peculiar fábula de ambiente rural sobre la niñez, la adolescencia, el choque entre naturaleza y cultura y el descubrimiento de la sexualidad. “El último verano de la boyita”, un filme de raíces autobiográficas, nos cuenta la historia de la amistad íntima entre Jorgelina (Guadalupe Alonso), la hija de un médico, y Mario (Nicolas Treise), un muchacho intersexual que trabaja en esa finca flotante donde la familia pasa sus veranos. Alejándose del tenebrismo y también de la estilización formal que caracterizan a los trabajos de Lucía Puenzo, “El último verano…” es un filme de una naturalidad encomiable que huye de cualquier atisbo de morbo para, en clave de relato minimalista, contarnos el choque entre dos seres que, de modo diferente, escapan a lo que se espera de ellos por parte de sus respectivos ambientes familiares y comunitarios. La realizadora se apoya en el encanto y la frescura de la niña protagonista y nos muestra –con gran atención a los detalles y con el uso de primerísimos planos- su descubrimiento de la naturaleza, los cuerpos, los afectos y las verdades a medias.

Tal vez podamos echar en cara al trabajo de Solomonoff un exceso de metáforas visuales, pero la fisicidad que logra extraer de los pobladores de ese lugar, a la vez salvaje e idílico, consigue eludir cualquier atisbo de cursilería. Los mejores momentos del filme son aquellos en que parece que Jorgelina y Mario van a entenderse y, en ese universo algo primitivo en el que habitan, nos obsequian con algunos toques de comedia en una historia que tiene algo de “western crepuscular” y algo de drama sobre la pérdida de la inocencia. “El último verano…” es una película pequeña pero poderosa en su puesta en imágenes y llena de fuerza interior, ironía y luminosidad, aunque el trasfondo vuelve a ser amargo ya que la realizadora denuncia, sin alzar mucho la voz, la violencia que los dispositivos médicos, las normas reguladoras del género y los patrones culturales caducos ejercen sobre los cuerpos sexuados y las mentalidades que empiezan a conformarse.

Tuesday, July 20, 2010

EL REFUGIO



LE REFUGE


“El refugio” es la última película de François Ozon, un director aclamado por algunas de sus películas y vilipendiado por otras pero siempre coherente con su peculiar universo temático y estilístico. Esta última entrega de su llamada “trilogía de la muerte” nos cuenta una historia amistad y amor entre Mousse (Isabel Carré, en la mejor interpretación de su carrera) una mujer embarazada y el hermano de su novio, fallecido por una sobredosis de heroína. De nuevo las playas, las casas, los colores, los secretos, la redefinición de los roles , la homoparentalidad, la masculinidad y la feminidad son algunos de los temas que surcan esta película, madura, serena, lírica estremecedora. Un regalo para los admiradores del creador de otros títulos maduros y delicados “Sous le sable” y “Le temps qui reste”. Una muestra de la cara más sensible del otrora llamado "enfant terrible" del cine francés. Destacan en el filme no solo la presencia de algunas de sus constantes (como la naturaleza, el mar, la búsqueda de la libertad o el aislamiento espiritual) sino también la fuerza de los secundarios, como ese enigmático Mevil Poupaud cuya ausencia va a marcar el transcurso, a la vez sereno y desagarrado, de un filme íntimo y majestuoso. En el universo de esa mujer sola irrumpe un hombre poco convencional y lleno de misterio (interpretado por el cantante francés Louis-Ronan Choisy).

Estamos ante el retrato de una huida y un reencuentro, el renacimiento a la vida y a la esperanza, los lazos afectivos menos convencionales y el redescubrimiento del cuerpo, otra mirada a la maternidad, la paternidad y la esperanza en la vida. Tal vez echemos de menos un poco de la mala uva que ha caracterizado al realizador de "Sitcom" o “Huit femmes” pero "El refugio" es un regalo para los sentidos, una película a la vez dura y frágil. Una obra de cámara que condensa muchas de sus habituales obsesiones y, también, algunas de las nuestras.

Tuesday, May 04, 2010

UN MUNDO AL ATARDECER




UN HOMBRE SOLTERO




"Un hombre soltero", el debut en el largometraje del diseñador Tom Ford, es una elegante y sofisticada adaptación de la novela más triste de Christopher Isherwood, más conocido como por ser el autor del relato en que se basa la famosa "Cabaret" (Bob Fosse, 1972). Apoyada en una fantástica interpretación de Colin Firth -nominado al Oscar-, la película de Ford nos cuenta, con altas dosis de talento audiovisual, la historia de George, un maduro profesor universitario británico que trata que recuperarse de la trágica pérdida de su compañero sentimental, Jim (Mathew Goode). El filme se acerca de modos muy diferentes al actor, a su rostro, a su cuerpo, a sus deseos, a su tristeza, su coraje y su cobardía y logra, con una puesta en escena llena de pequeños aciertos, el retrato de un hombre que trata de ocultar su dolor en la Norteamérica de los años sesenta. Sus únicos compañeros en esa larga jornada “antiheróica” van a ser su antigua amiga Charlie (Julianne Moore, perfecta para el papel), un joven alumno (Nicholas Hoult)- extrañamente atraído por la personalidad del profesor- y los recuerdos intermitentes de los momentos vividos con su antiguo amante. La interpretación de Firth –premiado con la Copa Volpi en el último festival de Venecia- es la gran baza que juega Ford para dar un soporte psicológico sólido y perturbador a un filme que tiene algo de “ejercicio de estilo” por la importancia dada a los pequeños detalles pictóricos de su puesta en imágenes. Así Ford da entidad visual a recursos tomados de la literatura como el “monólogo interior” o las imágenes mentales prolongadas para describir el violento choque entre el abatido mundo interior de George y las situaciones cotidianas a las que les debe hacer frente. La presencia física de Firth –oscilando entre el aspecto de galán y la de hombre maduro a las puertas de un mundo otoñal- es decisiva para el despegue de un filme construido desde una subjetividad obsesiva. Uno de los momentos claves del filme es su largo y vehemente discurso ante un alumnado que observa atónito como ese profesor de modales perfectos está a punto de quitarse la máscara.


"Un hombre soltero" puede parecer una película algo artificial -arropada por una elaborada fotografía en blanco y negro y color de Eduard Grau, elegantes escenarios y una partitura sinfónica de Abel Korzeniowski-, pero, gracias a los matices que el actor protagonista da a su personaje y a la sólida realización, el filme se sostiene como una propuesta arriesgada y, a ratos, arrebatadora. Ambientada en Los Ángeles durante la llamada “crisis de los misiles”, con evidentes guiños al cine realizado en la misma época en que transcurre la trama, el trabajo de Ford consigue trasmitirnos el dolor íntimo de un hombre incapaz de encarar el futuro. Algo discursiva en sus diálogos, tentada por la estética de “videoclip” y la sofisticación, A single man triunfa como fábula sobre el amor y el duelo, la cobardía y el coraje, como un filme que reivindica el derecho a la diferencia y a la libertad, pero fracasa en su retrato de una sociedad hipócrita y asfixiante allí donde triunfaban trabajos de sabor igualmente “retro” como la suntuosa "Lejos del cielo" (Far from Heaven, 2002) de Todd Haynes, protagonizada también por Julianne Moore e inspirada en el universo plástico de Douglas Sirk. Otro filme que lanza una mirada moderna e irónica a los códigos del melodrama clásico, a los roles sociosexuales, a los tapujos y a los usos y costumbres de la burguesía de la época que retrata.


Nos encontramos, pues, ante una •”obra de cámara”, rodada con un montaje agresivo que acerca su filme a las filas del llamado “new queer cinema” y ante un recital interpretativo filmado con inusitada vitalidad por un realizador novel que demuestra una cautelosa atención a la ambientación y a los pequeños motivos de la puesta en escena. En resumen, una mirada rutilante y corrosiva a un mundo gris, mediocre y materialista y a un personaje atormentado que habita más cerca de “los muertos” que de “los vivos”. "Un hombre soltero", debido a su transcurso algo abrupto, su lapidaria conclusión y cierta ampulosidad y autosuficiencia, puede llegar o no al espectador, pero no podemos negar una impresionante fuerza plástica, un sobrado oficio, unas actuaciones intensas y más de un momento de una humanidad cautivadora.

Sunday, March 21, 2010

YA EN DVD



PARIS

Cédric Kaplish sigue siendo una “rara avis” en el cine francés contemporáneo y dentro del cine europeo en general. Autor de comedias dramáticas originales como y dotadas de indiscutible frescura como “Cada uno busca su gato”, y de películas tirando a banales y preferentemente destinadas al público y a la taquilla como su saga de “El albergue español”, se adentra en esta ocasión, con brío y desiguales resultados, en el drama humano e intimista y en la ópera social y el drama costumbrista. “Paris” es la historia de una ciudad, mitificada donde las haya, observada con un tono a la vez grave, irónico, distanciado, humano y colorista. El eje de la historia es la enfermedad grave de Pierre (Romain Duris) quien, creyéndose a punto de morir, se convierte en un observador pasivo de los encantos y miserias de una ciudad caleidoscópica y llena de contrastes. El desapego existencial, la melancolía y su hundimiento emocional de Pierre nos recuerdan la mirada tierna y lúcida de algunos personajes de Francois Ozon o Eric Romer aunque la aproximación de Kaplish es más despreocupada y mucho menos honda. Entre los muchos -tal vez excesivos- temas del filme, encontramos el desamor, las relaciones familiares, la búsqueda de la dignidad y la estabilidad económica y la infinita soledad que se dejan sentir en el seno de una ciudad bulliciosa que resulta para unos un paraíso de colores y mezcla de culturas y para otros una trampa o un lugar inhóspito y lleno de dolor y de heridas abiertas por el paro, la inmigración, la infelicidad, los prejuicios raciales, los dilemas familiares y la virulenta escisión entre la realidad y las apariencias.


“Paris” es un filme tentado por la grandilocuencia y que abarca demasiadas historias y “vidas cruzadas”, demasiados temas y nudos dramáticos planteados con cierta fuerza y realismo, pero que o bien no se resuelven de modo satisfactorio o, sencillamente, no se resuelven. El filme se apoya en una espléndida Juliette Binoche que ha alcanzado una madurez interpretativa encomiable, aunque abuse de recursos dramáticos y matices que ya ha utilizado para otros personajes en filmes de Techiné u Oliver Assayas. El tono del filme resulta algo frío e insincero a pesar de la eficacia y sobriedad con la que Kaplish se acerca a sus criaturas que siguen viviendo, trabajando y amando pese a las heridas intimas y la incertidumbre colectiva que parece haberse adueñado de una ciudad luminosa presentada en tonos grises, filmada con cierto amor, pero también con algo de tristeza y desencanto. Así, nos vamos encontrando con la enfermedad de Pierre y la soledad afectiva de Elise (Binoche) que trata de fingir entereza ante circunstancias cada vez más adversas, la búsqueda del éxito profesional de un locutor de televisión o un profesor de universidad, el viaje desesperado de un inmigrante procedente de Camerún, etc.. Un relato balzaciano con ecos del neorrealismo italiano tardío y del cine francés social, algo devaluado por la necesidad de contar demasiadas historias y de cautivar al espectador con escenarios variopintos, planos enfáticos o motivos visuales que chocan violentamente entre sí.

Kaplish logra un filme interesante y lleno de buenos momentos, en particular gracias a la eficacia de actores y actrices y a la fuerza de los personajes, pero mezcla demasiados temas como si quisiera contarlo todo sobre una ciudad desbordante a través de la historia demasiado compleja de personajes desamparados a los que describe de una forma eficiente pero algo apresurada, tópica y superficial. Estamos, pues, ante un filme apreciable y ante un director al que hay que seguir la pista, pero también ante un melodrama romántico y una comedia satírica algo ampulosa donde Kaplish se decanta por una mirada epidérmica y deshilvanada sobre conflictos graves que traza con brío para después pasar de puntillas sin llegar nunca al fondo del asunto.

Thursday, March 18, 2010

ELOISE


Recién estrenada en DVD, "Eloise" es una agradable sorpresa en el desértico panorama del cine lésbico de producción española. Dirigida por el catalán Jesus Garay- realizador mal conocido donde los haya- "Eloise" es una historia de amor imposible entre dos chicas jóvenes de caracteres muy diferentes y que, aparentemente, están destinadas a no encontrarse. Narrada como un largo flash-back, "Eloise" destaca más por su universo visual que por su dramaturgia algo trillada. Con ecos del clásico "When night is falling" de Patricia Rozema y también con imágenes más propias del universo crispado y malsano del director de "Manderlay" o "La bañera", "Eloise" es una hermosa fábula romántica algo estropeada por un guión algo altisonante y unos personajes que, en algunos momentos. se acercan al estereotipo.
Eso no me impide disfrutar de las imágenes llenas de gancho de esas dos chicas que se unen en un momento crucial de sus vidas. Hay sexo, erotismo y sensibilidad en "Eloise" al contrario que en otras de historias de amor entre mujeres del cine reciente y hay también una violenta requisitoria contra una sociedad hipócrita y machista, dominada por la envidia, el tradicionalismo, la avaricia, la ñoñería y el odio a todo lo diferente. Garay logra gracias a una puesta en escena meticulosa que entremos en un universo donde nada es lo que aparenta. Solo el innecesario tono elegiaco, fatalista y el aparatoso final estropean el disfrute de una película rodada con afecto, delicadeza e interpretada de manera más que digna. Eloise y Asia son dos nombres femeninos que junto con Jesus Garay ya forman parte de la "otra historia del cine catalán". Villaronga, Garay, Jordá, Marta Balletbó-Coll , Marc Recha, Ventura Pons, Chus Gutierrez se han abierto ya camino entre la incomprensión y la estulticia. Un filme no estrenado comercialmente en Burgos y que tampoco veremos ya que el Aula de Cine y Circo de la Ubu esta más corrompida que la calle Génova, Gurtel, etc. Pero como diría Almodovar "Ese melón mejor no abrirlo..."

Monday, January 18, 2010

RECOMENDACIÓN DVD





Hoy me hacen feliz las sábanas de la vida.
Enjuagué las sábanas de la cama.
Tendí las de la cama y las contemplé
dar palmadas y alzarse como gaviotas.
Cuando estuvieron secas las descolgué
escondí mi cabeza entre ellas.
Todo el oxígeno del mundo estaba en ellas.
Todos los pies de bebés del mundo,
Todas las ingles de los ángeles del mundo,
todos los besos matinales estaban en ellas.
Todos los juegos a la pata coja en las aceras,
Todos los ponis de trapo estaban en ellas.

De modo que esto es la felicidad,
ese jornalero


Anne Sexton


TAKING WOODSTOCK de Ang Lee


Tras sus poderosas y desgarradas "Deseo, peligro" y "Brokeback mountain", Ang Lee nos ofrece una apuesta aparentemente más modesta, cálida e intimista acordándonos a la historia de un festival de música y baile mítico en la historia de los EEUU del pasado siglo. Aparentemente estamos más cerca del mundo de "La tormenta de hielo" y la radiografía de un microcosmos en crisis y una sociedad cambiante aunque su "Taking Woodstock" nos sitúa en un universo más plácido y unos personajes aparentemente más sencillos.


De nuevo, su apuesta rezuma sabiduría, inconformismo, serenidad y juventud y Lee demuestra que dirige con igual maestría a actores y actrices en situaciones de drama y de comedia. En su último filme encontramos intimismo, nostalgia y sinceridad audiovisual en una propuesta pequeña pero llena de vida, ritmo y color.


Una película sensible y tierna que se aleja del documental colosalista y mistificadora del evento musical en favor de un formato a la vez realista, irónico y sensual. Dividendo la pantalla, mezclando formatos, dosificando los tiempos, las canciones y los espacios, conjugando cotidianeidad, hedonismo y espectáculo , Lee ha conseguido otro fresco a la vez tierno e implacable de un mundo que, al mismo tiempo, le sorprende, indigna y fascina. La llegada de los jóvenes inconformistas de finales de los sesenta a un mundo provinciano invadiendo cuerpos y mentes, removiendo pasiones, intereses y conciencias esta observada con tenue nostalgia y cierto distanciamiento. Ambivalente añoranza del pasado y búsqueda incierta de la renovación en una sincera, vitalista y más que apreciable muestra de cine independiente. A destacar el fantástico trabajo actoral de Henry Goodman como Elliot, un joven que no se arredra ante circunstancias adversas y cuyo mundo interior entra en conexión con la eclosión de una sociedad en crisis.

Saturday, November 28, 2009

KISS ME DEADLY. Un clásico a rescatar.



Recuérdame después de haberme ido
cuando, bajo la tierra silenciosa
no me alcance tu mano temblorosa
ni pueda desandar lo recorrido.

Recuérdame sin más cuando perdido
el sueño que soñaste, cual la rosa,
se deshoje, pues ya ninguna cosa,
promesa o ruego, llegará a mi oído.

Mas si me olvidas por un tiempo, amado,
al reparar en ello no te aflijas.
Si la muerte y los vermes han dejado

algún vestigio de mi pensamiento,
prefiero que me olvides si contento
estás a que me evoques y te aflijas

Cristina Rosetti.

Thursday, November 05, 2009

VAMPIROS NÓRDICOS







DEJAME ENTRAR





Director: Tomas Alfredson



Guión: John Ajvide Lindqvist



Intérpretes: Kåre Hedebrant, Lina Leandersson, Per Ragnar.





“Déjame entrar” ha sido saludada como una bocanada de aire fresco sobre el cine de terror contemporáneo, en concreto, sobre uno de sus subgéneros o corrientes más denostados: el cine de vampiros. Tras el éxito de taquilla de sagas infumables como “Crepúsculo” nos llega de un pequeño y algo destartalado lugar de Noruega una peculiar historia de amor, "no muertos" y sangre protagonizada por dos niños: Oskar –que sufre la violencia de los matones de su clase y la indiferencia de sus padres- y Eli, una joven vampira adolescente de aspecto pálido y macilento pero mirada cálida e intensa.



En esos fríos bloques de apartamentos, en esas escuelas desangeladas, en esos hospitales gigantescos, en esos bosques eternamente nevados transcurre la acción de “Déjame entrar”, una mirada a la vez respetuosa e iconoclasta al género fantástico insertado en un contexto social rancio en costumbres y carente de expectativas personales, profesionales y vitales. Matrimonios mal avenidos, hombres mayores que se juntan en la taberna, profesores grises y lugares tirando a inhóspitos son el telón de fondo en el que se encuentran Eli- sedienta de sangre y amor- y Oskar –sediento de amor y venganza-, dos criaturas aparentemente retraídas y solitarias pero llenas de vida y fuego interno. “Déjame entrar” es un filme sobre la incomunicación , la búsqueda del amor en un mundo adormecido por la rutina, una historia de “amour fou” que se desmarca de cualquier pretensión efectista característica del cine fantástico en favor de planos largos, composiciones cuidadas, interpretaciones contenidas y cierto realismo al mostrar el surgimiento de una fuerza atávica en una comunidad provinciana y adormecida. No hay apuntes de psicología barata, ajos, redención ni más truculencia que la necesaria para dar sentido a la historia de dos soledades, de dos lenguajes que se encuentran y chocan con violencia en contra de un mundo atemorizado antes y después de su llegada. Un filme algo descompesado y tramposo en su resolución pero apasionante por su modestia narrativa y una factura visual inusitada en el cine de terror de los últimos años.



“Déjame entrar”, con su bellísima fotografía en colores apagados, con sus tristes paisajes invernales, su ritmo lánguido y su ambigüedad sexual ha obtenido ya una notable repercusión en nuestras salas y está destinada a convertirse en un clásico de culto, uno de esos que nos reconcilian con un subgénero maltratado donde los haya.

Saturday, October 17, 2009

BLUES Y OTROS POEMAS



BLUES Y OTROS POEMAS
Autor: Iñaki Echarte Vidarte
Editorial: Sitio de Fuego

“Blues y otros poemas” es una buena muestra de que la gran literatura se esconde nuevamente en formatos pequeños y se edita sin ningún tipo de bombo y platillo. Recuerdos íntimos, heridas observadas con saludable distancia e ironía, historias de amor y desamor, búsqueda de una identidad, la pequeña epopeya de una y mucha juventudes…Iñaki Echarte Vidarte, escritor de pura cepa, editor, inquieto removedor del mundo literario de jóvenes y no tan jóvenes autores, nos muestra que su talento dista mucho de la altisonancia sino que se esconde en frases modestas, delicadas, cuentos y poemas en prosa sin grandes pretensiones, aparentemente triviales pero de apabullante sinceridad y belleza formal. La pátina del malditismo se diluye a favor de una mirada tierna y llena de brío sobre personajes cercanos, urbanitas o enfermos de alma, solitarios o cosmopolitas.
Historias de amor, homoerotismo, recuerdos de infancia, amistad entre hombres y mujeres con los barrios de Madrid como telón de fondo, hay en el libro Iñaki una clara influencia de los clásicos de la llamada “literatura moderna” (con un título que evoca a Jack Kerouak) pero una mirada intimista, a la vez fresca y delicada que lo hacen absolutamente personal. Es difícil destacar un relato sobre los demás porque todos son diferentes y esconden sus propias perlas pero podemos resaltar la madurez narrativa de “Amed y Hugo en Lavapiés” en un libro de historias de afecto y desencuentros que es sí mismo una historia de amor al mundo desde una mirada lúcida, en ocasiones pesimista y lánguida y en otras llena de fuerza, calidez y optimismo. Un libro a descubrir y recomendar.


Blues y otros poemas.

Autor: Iñaki Echarte Vidarte.

Editorial: Sitio de Fuego/92

Wednesday, September 30, 2009

EL TIEMPO QUE QUEDA







LE TEMPS QUI RESTE (EL TIEMPO QUE QUEDA)
¿La mirada inocente?







“(…) Unas veces son imágenes subjetivas, recuerdos de infancia, sueños o fantasías auditivos y visuales donde el personaje no actúa sin verse actuar, espectador complaciente de el rol que él mismo desempeña..
Gilles Deleuze “La imagen-tiempo. Estudios sobre cine II”





La muerte y su aceptación. La memoria y la herida. El egocentrismo y la entrega. La desdicha y la felicidad. La juventud y la vejez. La playa y la muerte. Las fotos como retratos superficiales de realidades físicas artificiales o como desvelamiento de aspectos ocultos del “alma” humana. La imagen y el espejo. La pérdida y la separación. La huida y el reencuentro. La familia y la soledad. La disputa y la reconciliación. El tiempo que pasa irremisiblemente. La historia que puede, y no, cambiarse. La mirada hacia atrás y hacia adelante. Los seres queridos, los no tan queridos, los recuperados. El estrellato y la cotidianidad. Las miserias íntimas. La ternura íntima. El encuentro con la muerte y el miedo a ésta y a la vida. Homo y bisexualidad. Descendencia y permanencia. Amor a dos y a tres bandas. Padres e hijos. Matrimonios heterosexuales y esterilidad. Trabajo y arte. Homosexualidad y procreación.




Ozon dentro de la tragedia -abordada, como veremos, de un modo harto singular- incluye una de sus características situaciones que, sin parecerlo, resultan divertidas o cuando menos estrafalarias, provocando una mezcla de empatía y distanciamiento en el espectador/a. Me estoy refiriendo naturalmente a la secuencia del ménage à trois con el que Romain deja embarazada a la camarera del bar de carretera (encarnada por Valeria Bruni-Tedeschi, la protagonista femenina de “5x2” y realizadora y estrella absoluta del simpático filme francés “Es más fácil para un camello…”) Al principio Romain había rehusado la petición de ésta y su marido: “no quiero tener hijos” afirma Ya hemos visto, en una de las primeras secuencias del filme, cómo no congenia demasiado con sus sobrinos, no porque no le gusten los niños, según manifiesta con inusitada dureza, sino más bien porque son los hijos de su hermana con la que mantiene una tensa relación. Romain hasta el final se resiste a hacer fotos a los suyos.






El niño que fue, con su intensa, tierna y a la vez hierática y escalofriante mirada, aparece de modo esporádico en la imaginación del protagonista y a los ojos de los espectadores, sobre todo ante el espejo, o en los recuerdos que le suscita el bosque donde va a buscar a su abuela anciana. Cuando, abriéndose de un modo particular al mundo, en su proceso de aceptación de la muerte, de su propia ausencia en un entorno en el que hasta entonces era una especie de estrella, el protagonista accede a inseminar a la mujer, El director sitúa al matrimonio y al joven fotógrafo en una pequeña habitación en la que ella aparece tumbada en la cama, en una posición de espera casi mortuoria, vestida únicamente con ropa interior. El marido parece que va a limitarse a mirar. Es una situación a la vez terriblemente incómoda y divertida. Ozon hace que el marido -para facilitar la excitación de Romain que es gay- acabe participando activamente en ese coito en el que lo que se pretende es la fecundación de la esposa, ya que él es estéril. Ozon parece reírse por un momento de la seriedad con la que ha abordado la tragedia de este joven fotógrafo condenado a morir, que, a priori y a pesar de su dolorosa situación, no es simpático al público, pero al que éste termina comprendiendo y hasta amando. Recordemos, en un tono mucho más irreverente, la secuencia en la que los cuatro malavenidos protagonistas de la fassbinderiana tragedia de “Gotas de agua sobre piedras calientes” se arrancan a bailar y cantar, sin ningún sentido del ridículo, una ensayada pero torpemente ejecutada coreografía al son de una famosa canción de Rafaela Carrá (¡cantada en alemán!) o las escenas a tres, a cuatro o a ocho de otros filmes del realizador francés. Ozon nunca renuncia del todo, incluso en sus filmes más graves y serios- y estamos ante una tragedia en toda en regla-, al humor corrosivo y la extravagancia; a cierta ironía negra, a cierto bretchiano distanciamiento, a cierto gusto por la hipérbole que lo había caracterizado sobre todo en sus primeros filmes. Alcanza, en cambio, un momento de enorme gravedad cuando Romain y su abuela (una envejecida e intensa Jeanne Moreau, que renuncia a cualquier tipo de glamour y embellecimiento) intercambian confidencias. Ella, recluida en una casa de campo, es un personaje femenino plenamente ozoniano, con su reclusión espiritual, su alejamiento del mundo, su satisfecha soledad y su dificultoso pasado, una suerte de hada buena recluida en esos bosques por donde han paseado tantos personajes de su cine.. Ella encarna una fuerza positiva en el mundo, físico y espiritual del protagonista masculino que se derrumba.. La anciana es el único personaje del filme, aparte de los dispositivos médicos, al que Romain confía su grave secreto- enfermedad (el cáncer que se ha apoderado de su cuerpo joven ) y ambos entablan un diálogo interesante y desgarrador sobre la soledad, el amor y el egoísmo. Una relación intimista en la que algunos comentaristas han querido ver ciertos rasgos incestuosos.




“Le temps qui reste” ha sido inoportunamente comparado con la mediocre, falócrata y efectista “Las noches salvajes”, dirigida y protagonizada por Cyril Collard, o con la mucho más descarnada y ascética “Son frère”, notable obra del todavía aquí mal conocido Patrice Chereau ( realizador que ya se dio a conocer con “L´homme blessé” igualmente lúcida y pesimista). Pero por ahora hay que verla como un eslabón coherente e importante en la obra del realizador parisino, capaz de sorprendernos en sus cambios de registro temático que no rompen su trayectoria estilística, su inventiva plástica- aquí plasmada en un elegante formato alargado- y su particular visión de las debilidades humanas. La deriva espiritual de Romain, su huida de una cotidianeidad que ya ve de otro modo, se plasma en la deliberada tensión que pone en su reencuentro, después de recibir la noticia de su incurable enfermedad y de rechazar la quimioterapia, en una agresiva actitud hacia su hermana o en la tensa escena de sexo con su joven amante, donde Ozon reproduce una situación de desigualdad dentro de una pareja pues el protagonista, gracias a su éxito profesional, mantiene económicamente a un chico más joven que él. La oscuridad, la tensión sexual y los estadillos de violencia física o verbal presiden estos encuentros que ponen al espectador, durante el primer cuarto del filme, en su contra o al menos en guardia con respecto al carácter del protagonista, aunque se le haya concedido el privilegio de conocer su terrible secreto.




Como en “5x2”, Ozon disecciona de un modo poco convencional un drama privado, íntimo, a la vez que plantea desde su personalísimo punto de vista cuestiones que todavía resultan espinosas para la sociedad francesa actual como la homoparentalidad, el sexo fuera del matrimonio, la infidelidad matrimonial, la inseminación, las nuevas formas de relación y la adopción o la ruptura de los lazos afectivos más tradicionales. Aunque “Le temps qui reste” es, a diferencia del puzzle que constituye la arquitectura narrativa ya no tan original de “5x2”, una narración lineal y cronológicamente coherente -salvo los breves y oníricos flash-backs de la niñez de Romain-, resulta una vez más un filme fácilmente divisible en actos. Y también una película en la que se da mucho juego a actores y actrices para el lucimiento, pese a que tengamos, a diferencia de otras obras suyas construidas sobre tríos, bino o polinomios , a un protagonista absoluto. Como en “Sous le sable” (otro filme sobre el luto, en este caso el de un ser querido) o como en “5x2”, un drama sarcástico sobre “la muerte del amor”, la acción concluye en la playa, a la orilla del mar. Pero, si en las imágenes finales de los trabajos citados se nos transmitía un raro optimismo y una extraña calidez, en este caso se trata de un final melancólico- con ecos viscontinianos- para una historia trágica que, no obstante, pretende en el fondo contener un mensaje de esperanza y redención.“Le temps qui reste” es, seguramente, y a pesar de sus imperfecciones y ambigüedades éticas, uno de los filmes mejor rodados de Ozon, si no el mejor (junto con “Swiming pool”), con una maravillosa fotografía, utilizando con inteligencia por primera vez el formato panorámico y logrando un extraordinario contraste entre luz natural, artificial y oscuridad sólo comparable a la sinfonía cromática que componía, en un tono mas tenue, otro filme suyo sobre el la pérdida, el duelo y la melancolía: “Sous le sable”.




Muchos críticos, un tanto apresuradamente, han visto la sombra del SIDA planeando sobre el último trabajo de este director, que obtuvo la espiga de Plata en Festival de Cine de Valladolid, y Ozon tuvo que aclarar, con inteligencia, que aquí el tema es otro y que realizar un filme sobre el VIH está entre sus proyectos, pero aún no se siente preparado para hacerlo. Se le han adelantado, de diferentes formas, Patrice Chereau con la agria “Son frére” y sobre todo el cálido André Téchiné de “Les témoins”, pero sin duda la propuesta del joven parisino – si llega- tendrá un carácter personalísimo.

Sunday, August 30, 2009

CURRICULUM OCULTO. Un artículo rescatado.













LA MASCULINIDAD ALMODOVARIANA

Y SUS LÍMITES EN "LA MALA EDUCACIÓN"

















"Enrique, creo que lo conseguí..."







No soy un devoto incondicional del cine de Almodóvar, aunque considero que hasta en sus peores películas hay aspectos interesantes para los que nos dedicamos a analizar la cultura y el cine teniendo en cuenta las cuestiones de género y diferencia sexual. "La mala educación" al contrario que sus dos anteriores filmes ha sido recibida con cierta frialdad por gran parte del público y la crítica especializada. El director de mujeres de "Que he hecho yo para merecer esto" o "La flor de mi secreto" vuelve a abordar una historia de hombres tras varios años de filmes consagrados a los retratos femeninos (si exceptuamos, en parte, esa fascinante rareza que es "Hable con ella"). No son tantas las ocasiones en que Almodóvar ha tenido protagonistas masculinos y - a pesar de las lecturas camp, de la estética equívoca y los aspectos “perversos” de todos sus filmes, - es la segunda vez que realiza un filme sobre las relaciones amorosas y sexuales entre hombres gays. De nuevo como ya ocurriera en "La ley del deseo", un filme estrechamente ligado a "La mala educación" en más de un aspecto, el resultado causa más desconcierto que entusiasmo entre sus seguidores con la particularidad de que la representación más o menos explícita de la homosexualidad en el cine español ha dejado de ser tan novedosa como cuando surgió su "Law of desire" , perdiendo, de en consecuencia, parte de su atractivo trasgresor.






La película aporta, no obstante, un enfoque nuevo al incorporar los temas de los colegios religiosos (el nacionalcatolicismo de la España tardofranquista, vigente en los últimos años de la vida del dictador e incluso después, la derecha española y sus secretos de alcoba ) y los abusos a menores- bien tapados- por parte del sacerdocio. Pero las expectativas creadas en torno a estas temáticas quedan frustradas si se espera algún tipo de denuncia, profundización, alegato o sincera autobiografía ya que ni la infancia ni la homosexualidad son el eje del relato sino dos elementos más. Elementos que quedan aún más distorsionados por lo rocambolesco de la trama y el tratamiento irónico y distanciado del director.




Las relaciones masculinas en el cine de Almodóvar, al contrario que muchas de las relaciones entre mujeres que aparecen en sus filmes, suelen estar marcadas por la competitividad, el recelo y las relaciones de poder (véase "Matador" o "Carne trémula") . En "La ley del deseo" la relación entre el personaje de Eusebio Poncela y sus dos amantes es la relación de un demiurgo con sus criaturas, de un creador ególatra que se sabe con talento hacia dos chicos desorientados a los que posee más que ama. Al rescribir las cartas de amor que éstos le envían nos demuestra su propia incapacidad para mostrar sentimientos de verdadero afecto hacia ellos. En "La mala educación" la vanidad del director y el actor chocan en varias ocasiones y las relaciones sexuales no surgen de la compenetración tanto como de la rivalidad, la autoafirmación, la vampirización o el deseo ocasional. La dependencia, los (re)celos, la inmadurez afectiva y la búsqueda de un lugar en el sol enturbian lo que puede haber de auténtico en su acercamiento mutuo. Mención aparte merecerían los papeles de Javier Cámara en "Hable con ella", Eloy Azorín "Todo sobre mi madre" y Tamar Novas en "Los abrazos rotos" tres hombres heterosexuales que no lo parecen bien sea por sus gustos, su delicadeza o por su forma obtusa de acercarse a la sexualidad considerada "normal"






El director de "Hable con ella" parece sentirse más suelto ante los personajes femeninos, más dispuestos a interactuar y a resolver las situaciones complejas sin tantos momentos de violencia soterrada o abierta hostilidad entre sí. La rivalidad entre mujeres parece, casi siempre, poder resolverse mientras que los varones almodovarianos, recluidos en su torre de marfil o simplemente a la deriva y en búsqueda de una identidad perdida, suelen acabar condenados a la soledad.

La figura del "travesti" que aparece ya desde sus primeros filmes no supone realmente una alternativa a la masculinidad hegemónica (con alguna excepción como la transexual Agrado de "Todo sobre mi madre") sino una imitación de una feminidad grotesca tomada del melodrama, el vodevil y cercana al estereotipo. Así personajes como el Miguel Bosé de "Tacones lejanos" (serio juez de día y rutilante estrella nocturna) debe conformarse con aproximarse a modelos femeninos prefabricados limitando su capacidad performativa en aras de una idealización esencialista de “mujeres reales”. El personaje de Gael García Bernal decide tomar "clases de pluma" con la ayuda de un/a imitador/a de Sara Montiel pero no parece mostrar mas afinidad con su personaje que la de recrear una ficción imposible, la de encarnar a su hermano/a muerto, la de continuar un engaño, la de conseguir el éxito y a la vez limpiar su conciencia.






El camp y el kitch, algunos de los elementos más destacados por los críticos anglosajones, aparecen en esta ocasión unidos a la memoria cinéfila en la que se mezclan las estrellas de Hollywood con sus imitadoras en el cine de español franquista (“que guapa es Sara” dice uno de los niños en el cine al ver a Sara Montiel en uno de sus rancios musicales con pretensiones). Así la iconografía escapista de Hollywood se mezcla con la imaginería religiosa de las escuelas represivas y con la cutrez de una España oscurantista que sigue pesando sobre el presente y el futuro de los protagonistas en los años ochenta. “La basura está en alza” dice Ignacio al sacerdote, amenazándole con revelar a los medios de comunicación de masas los abusos de los que fue objeto en su infancia. Y, aunque añade “Ahora se valora más mi libertad que su hipocresía”, tenemos la sensación de que expresa más un deseo incumplido que la constatación de un profundo cambio social. Al presentar los abusos sexuales como desencadenantes de la crisis de identidad y de las diferentes trayectoria de los dos alumnos Almodóvar se muestra más comprometido que en otras ocasiones pero de nuevo simplifica a unos protagonistas que no dejan, por momentos, de rozar el estereotipo. Lo más meritorio de sus caracterizaciones es la mezcla de frialdad y vulnerabilidad que intuimos, a ratos, en el personaje de Fele Martínez y la capacidad camaleónica de Gael García Bernal, una acertada elección si tenemos en cuenta que se trata posiblemente del más cotizado y admirado galán en alza del cine latinoamericano reciente.






Como en "La ley del deseo" el tono de la narración es sombrío, el reencuentro entre los dos antiguos compañeros está lejos de ser feliz y la suplantación de identidades conduce a enredos que se alejan del tono de comedia sofisticada con tintes hollywoodienses de "Mujeres al borde de un ataque de nervios" . La muerte y la soledad planean sobre todo el filme, la muerte por accidente (otra coincidencia con el citado filme de 1987) o por un asesinato que parece o se hace parecer un accidente. El humor, en ocasiones esperpéntico, se ve agriado por las siniestras implicaciones de las acciones u omisiones de los personajes. Como en "La ley del deseo" un personaje transexual vuelve a una iglesia para visitar a su sacerdote-“educador” lo que reafirma el interés del director por hermanar estéticas a la vez opuestas y complementarias, mundos antagónicos pero secretamente interrelacionados. La iconografía católica tiene un gran juego para el director de "Entre tinieblas" aunque parece más interesado por su lado ornamental que por sus implicaciones ideológicas. Si comenzaba "Átame" con la imagen de una estampa del Sagrado Corazón y concluía "La ley del deseo" con una recreación homerótica de “La Piedad”, en "La mala educación" el colegio religioso es un rito de paso traumático pero también un lugar donde conjugar el kitch con el tradicionalismo hispánico. Así el cine se erige como lugar de escapismo, de reconstrucción de una identidad tullida a partir de las imágenes inalcanzables de las glamurosas estrellas femeninas.






La confusión entre realidad y ficción es una de las bazas más criticadas del filme en base a un guión algo confuso donde se entremezclan ambos planos. Algo que Almidonar ya experimentó en otros filmes donde no faltan las citas cinéfilas y los homenajes. Si en "Todo sobre mi madre" hay referencias a "Un tranvía llamado deseo" y "Eva al desnudo" que se insertan en la narración (dos clásicos y dos clásicos campy reapropiados por el publico gay-lésbico) aquí los referentes se encuentran en el propio filme, en el juego de cajas chinas entre la realidad vivida, los recuerdos novelados (un relato breve titulado “La visita”) y la película que ruedan a partir de ese relato. Varios flashbacks salpican el filme que concluye con una serie de incómodos letreros que nos explican lo que sucedió con los personajes “después de...”. Como en "Tacones lejanos" o "Todo sobre mi madre" Almodóvar trata de llevar hasta sus últimas consecuencias la máxima wildeana de que “La vida imita al arte” planteando una confusión lúdica entre ambas.






De colores saturados y tonos chillones que refuerzan la sensación de irrealidad que se desprende del relato, con algunos interesantes movimientos de cámara y un tono pausado poco habitual en su filmografía, "La mala educación"- virulento análisis de la represión, la codicia y la pérdida de la estabilidad- es otra muestra de las posibilidades y limitaciones del cine de Almodóvar, de su intento de apropiación de la cultura popular y las estrategias del folletín y de su tan comentada como superficial desestabilización de los géneros y de las identidades sexuales. Lo sacro y lo profano, lo masculino y lo femenino, lo homo y lo hetero, la realidad y la ficción.

Tuesday, August 18, 2009

EL NIÑO PEZ




“El niño pez” es la segunda película de la realizadora Lucía Puenzo tras su sonado debut con “XXY”, un filme más valorado por su temática (el hermafroditismo) que por sus desiguales resultados artísticos. Con “El niño pez” Puenzo se consolida como una directora inquieta y dispuesta a hurgar en los misterios de la feminidad juvenil, de la sexualidad fuera de la norma, y en las tripas mismas de la sociedad argentina. De nuevo la protagonista es Inés Efrón, una joven actriz de limitados recursos, que da lo mejor de sí misma interpretando a Lala, una muchacha de la alta burguesía del país, locamente enamorada de la Guayi, que trabaja como criada en su casa familiar . Una historia de amor interclasista e interracial tratada en clave de fábula onírica, tal vez lastrada por el excesivo amor de la directora por las metáforas de su original literario, pero salvada por la forma de acercarse a las actrices, tratar con sinceridad los aspectos más espinosos del relato y no abusar de escenarios ni personajes.



“El niño pez” es la historia de un “amour fou” que parece condenado al fracaso cuando Lala asesina a su padre y decide vender sus bienes, pero es salvada por la directora a través de una pirueta narrativa bastante lograda en la que se nos muestra que la sociedad en la que viven y se aman Lala y la Guayi sigue siendo una sociedad dominada por el machismo y la corrupción en todos los estratos. Lucía Puenzo se arriesga al unir a dos personajes diferentes en una relación extrema tratada con una mezcla de naturalidad y fantasía y, aunque no escatima frases cursis, encuadres rebuscados ni algunas imágenes relamidas, aprovecha de forma inteligente esos tonos apagados y esa fotografía a la vez bella y tenebrista que ya utilizó para contarnos la odisea de la protagonista de “XXY”. Maltratada por la crítica, “El niño pez” es quizá un filme imperfecto pero está lleno de pequeños logros que nos acercan a la vida, el sexo, la familia, el dinero, el amor y la muerte de una forma peculiar y arriesgada.