Friday, July 10, 2009

EL PATINADOR Y LA MUERTE





PARANOID PARK





Con casi dos años de retraso y precedida por el relativo éxito de “Mi nombre es Harvey Milk” llega a las carteleras españolas “Paranoid Park”, una de las películas en las que el director de “Mala noche” se adentra nuevamente por los senderos de la experimentación lingüística y el retrato de una juventud desorientada. Incluida, algo a la ligera, en el bloque de obras que forman “Elephant”, “Last Days” y “Gerry” -todas realizadas con pocos actores y presupuesto- “Paranoid Park” es, seguramente, la más brillante de todas en su disección de los males que acechan a la sociedad estadounidense contemporánea y en el equilibrio entre sus ambiciones y logros artísticos . De nuevo, un escenario muy querido por Van Sant: los institutos de enseñanza media donde esos jóvenes mimetizan los peores valores de una sociedad enferma, y nuevamente una propuesta formal anti-narrativa apoyada en un esquema argumental más o menos coherente (aquí basado en una novela policiaca de Blake Nelson), que se desorganiza para que el relato adquiera su forma obsesiva y logre su sentido dentro de la mente de los actores. En esta ocasión el protagonista absoluto es Alex, un joven Squater, hijo de padres divorciados, que ve su vida solitaria desbaratada cuando mata accidentalmente a un guarda de seguridad después de una noche de juego.



Van Sant de nuevo combina imágenes hiperrealistas con otras de carácter onírico, aunque su apuesta es más contenida que en otras ocasiones y logra hacer un nudo en la garganta del público con ese diario íntimo de un adolescente embotado intentando dar sentido a un suceso que marcará su vida para siempre, pero que él no puede contar a nadie. Nadie está dispuesto a escucharle, todo sucede en tu interés . La cámara se encandila por igual con las imágenes semidocumentales de esos jóvenes patinadores en acción que con el deambular de Alex por las casas, los caminos, los parques de cemento y los pasillos del colegio donde estudia y descubre el sexo y la muerte con una extraña frialdad y desapego. La incomunicación, la pandilla, la búsqueda de afecto y la violencia soterrada en la sociedad norteamericana contemporánea son algunos de los temas de esta pequeña, pero bella y estremecedora, fábula sobre el asilamiento espiritual, la alienación y la pérdida de la inocencia.

Monday, April 13, 2009

Adios, Eve


Adios, Eve

Ha muerto Eve Kosofsky y Sedgwick cuya "Epistemología del armario" me hizo pensar de otro modo la literatura y el cine. Ella no tenía pelos en la lengua, su pensamiento desafío al heterocentrado canon académico. Adios, Eve.
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Thursday, April 09, 2009

DE HERMANO A HERMANO





"Nuestras ciudades están increíblemente faltas de amor"

James Baldwin

Wednesday, December 17, 2008

EVENING



EL ATARDECER



“Se un hombre, escandaliza a tus padres”
Anne (Claire Dannes)



“Ni Wittgenstein ni la clase de filosofía ¿que hay para comer?
Buddy(Hugh Dandy)




“El atardecer” de Lajos Koltai recupera el valor en alza como guionista del novelista Michael Cunningham autor de “Las horas” y “Una casa en el fin del mundo”. Bellamente rodada y con un impresionante plantel de actrices de todas las edades, “Evening” no ha tenido la repercusión de los otros filmes en los que ha participado Cunningham a pesar de incidir en las mismas constantes: la familia y sus roles, el paso del tiempo, la muerte, la sexualidad, cómo se determinan el pasado y el presente y una reflexión ambivalente sobre los sueños incumplidos. “El atardecer” comparte con “Las horas” un impresionante reparto coral femenino y con “Una casa en el fin del mundo” una reflexión -menos importante, pero más acerada aún - sobre la imposibilidad de vivir la homosexualidad en EEUU en épocas de constricción moral y cortapisas espirituales.


El filme transcurre a lo largo de la agonía de Anne (Vanessa Redgrave). Recuerda ésta su juventud, en particular la ocasión en que se enamoro localmente de un hombre llamado Harris (Patrick Wilson) durante la boda de su mejor amiga en una lujosa mansión de Newport. Harris era idolatrado por todas las chicas del lugar, y aunque estaba enamorado de “Anne joven” (interpretada por Claire Dannes) se casó con una enfermera, tras esa larga boda que acabó convertida en tragedia. Una trama folletinesca salvada por esos elementos de modernidad y delicadeza que Cunningham y Koltai ponen a la novela original de Susan Minot, coguionista del filme.

Algunas imágenes de postal, remedos del melodrama clásico forzados y varios trucos característicos del cine de Hollywood no impiden que “Evening” sea un filme hermoso, una bella tragedia sobre los errores del pasado y la cobardía ante la autenticidad y de la dificultad de ser uno mismo ante un mundo patriarcal y asfixiante en el que las mujeres y los gays fueron educados en la renuncia. Hay varios protagonistas en un relato coral que, a pesar de la vitalidad de algunos momentos, deja un poso de languidez y amargura. Uno es Anne, otro es su hija Nina (Toni Colette), enfrentada a su embarazo, y Harris, pero desatasca la figura de Buddy al que da vida con intensidad Hugh Dancy -secretamente enamorado de Harris-, un personaje que parece salido de la pluma de Tennesse Williams. Destacable es un gran cameo: el de Meryl Streep como Lila, aquella chica que se casó con un hombre al que no quería.

Algunas de sus imágenes nos recuerdan a los melodramas de los años cincuenta, algunos recursos visuales son algo acaramelados y hay instantes algo convencionales pero otros están dotados de una extraña fuerza dramática: particularmente aquellos en que el director enfrenta a las dos hijas de Anne (Toni Colette y Natacha Richardson) o en los que encara-con mayor pasión aun- a “Anne Joven” con Buddy, sorteando la verdad, “guardando las apariencias”. La vitalidad de Redvrage y Dannes hacen creíble un personaje femenino complejo que mientras delira en su agonía hurga en las heridas de su pasado al tiempo que recuerda momentos felices como aquel en el que canta con felicidad y pasión en la boda de su amiga.


“Evening” es, como “Las horas”, una historia sobre la frustración de las mujeres del pasado vista por las mujeres del presente y “el futuro” y a la vez la historia de un personaje gay que se destruye por ser incapaz de enfrentarse a un mundo anticuado y varonil. El mismo mundo que retrata Cunningham en sus novelas y que han retratado con desiguales pero interesantes resultados Stephen Daldry, Nicholas Meyer y Lajos Koltai.

Thursday, November 27, 2008

AUSENTE






STOP- LOSS (AUSENTE)

REESCRITURAS DE LA MASCULINIDAD EN EL CINE ESTADOUNIDENSE ACTUAL





El protagonista de “Ausente (Stop-Loss) Ryan Phillippe se llama Brandon, al igual que la/el protagonista del primer largometraje de la realizadora Kimberley Pierce, la dura y laureada “Boys don’t cry”, sobre el fatal destino de un transexual masculino que va a parar con sus errabundos huesos en un pequeño pueblo de Nebraska. En su segundo trabajo la joven e intrépida directora se adentra en el tema de jóvenes soldados enviados a Irak y en las secuelas personales y psicológicas que su estancia en el territorio de guerra tienen sobre sus cuerpos y sus almas. “Ausente (Stop-Loss)” es una virulenta crítica contra el militarismo patriotero instalado en el seno de la sociedad estadounidense pero se aleja de la denuncia semidocumental de los filmes de Michael Moore para adentrarse -sin escamotear esas escenas realistas de la crudeza de la guerra, con las que se abre el filme y que repiten con una clara intención de denuncia sociopolítica- para instalarse, de nuevo, en un crudo drama intimista con la pandilla disfuncional, la familia y la soledad en el interior de una sociedad que se debate entre la aparente modernidad en sus formas y la pervivencia de valores y rituales caducos que se materializan de forma violenta en la acción que las instituciones de poder tienen sobre la vida de los y las jóvenes de hoy. Esos mismos moteles de carretera, esas mismas escenas de tensión, amor y desamor en el interior de las casas, esa misma huida en coche hacia un futuro mejor que no se materializa.


Brandon "King" es un “héroe”, un rey de pies de plomo instalado en un mundo falsamente apacible, y esa etiqueta va a volverse contra él cuando creyendo haber finalizado su andadura en los territorios (Irak, Afganistán) de la matanza vuelva a ser reclutado a la fuerza para volver a ese mundo de horror y deshumanización que creía haber abandonado del todo. El protagonista, presentado como el más equilibrado de los jóvenes que vuelven -emocionalmente desbaratados- de esa guerra se encontrará con una pesadilla kafkiana cuando trate de eludir la “letra pequeña” de ese contrato vital que quiere enviarlo de nuevo a matar, a ver morir y a la posibilidad de ser matado. Su huida es un desastre y las heridas del pasado y el presente salen a flote. La institución militar que ha moldeado su vida y lo ha alejado de esa Texas natal- aparentemente idílica- lo requiere de nuevo, porque necesita más soldados jóvenes para una guerra absurda que es vista de modo diferente por los que la patrocinan y sostienen que por los que, contra su voluntad, participan en ella.

Hay algo no obstante que falla en “Stop-Loss” y que no fallaba en “Boys don´t cry” y es el actor protagonista y una construcción dramática redonda. Frente a la espléndida Hilary Swank del filme citado encontramos aquí un esforzado trabajo de un actor de recursos limitados, Ryan Phillippe. Con todo el segundo largo de Kimberley Pierce reflexiona sobre la alienación de esos soldados convertidos en máquinas de matar, en tigres de papel y sobre el fascismo latente en la sociedad occidental que trata de importar democracia cuando ni siquiera la tiene en sus propias fronteras. Aunque su final ambivalente nos deja un poco desconcertados el filme contiene dos secuencias impagables en el cine del momento: la visita de Brandon y Michelle (un esforzado trabajo de la joven Abbie Cornish) al hospital de heridos de guerra -donde se contrapone la falsa entereza del “soldado ejemplar” con la sinceridad y sensibilidad de los “cuerpos mutilados” a los que va a visitar- y la pelea entre Brandon y su mejor amigo en el cementerio, rodada casi como una escena de amor. “Stop-Loss” es una violenta requisitoria contra la política interior y exterior militarista del gobierno Bush y una tímida aunque interesante reflexión sobre el disciplinamiento de los cuerpos masculinos y la destrucción de las mentes de esos chavales que, como los soldados de Eytan Fox, tienen que creer que luchan por algo antes de darse cuenta de que han luchado contra sí mismos por valores caducos y banderas ya gastadas. El regreso a casa pone de relieve que han estado en un territorio que no es el suyo, que han matado en pasillos y cocinas como las ellos mismos habitan. Cronista implacable de las cloacas de la Norteamérica provinciana Kimberley Pierce es un nombre al que hay que seguir la pista.

Friday, October 31, 2008

¿SEGUIMOS EN EL DESIERTO?






“Media hora más contigo” de Donna Deitch sigue maravillosamente en pie, gracias a la fuerza de la construcción dramática de un relato que oscila entre el cine clásico y el cine provocador e independiente. Una pequeña obra maestra de la que, aún hoy, no me explico por qué es tan borroso el recuerdo de la primera vez que la vi ni por qué los espectadores de uno y otro lado del mundo no le han otorgado el lugar que merece en el la historia séptimo arte.

Parece como si Cay (Patricia Charbonneau) nunca hubiera subido a ese tren y los espectadores se hubieran quedado en Reno dándole vueltas al asunto, escuchando la música del rancho, jugando en el casino o haciendo de sheriff del condado. “Desert Hearts” supuso una bocanada de aire fresco en el cine del momento protagonizado por mujeres y no digamos ya en el aún más exiguo cine realizado por mujeres.

Media hora más contigo” contiene algunos recursos narrativos característicos del momento como la cortinilla, los lugares idílicos y asfixiantes o los secundarios definidos con trazo grueso, pero estos elementos -aparentemente molestos- están utilizados con notable inteligencia al igual que su construcción en sólidos episodios narrativos y sin ningún tipo de aspaviento visual. Estamos ante el transcurrir implacable de una fábula que a la vez parece lánguida y acelerada, tierna y dura, suave y dolorosa.

La escena central de la película es una de las secuencias de amor mejor rodadas de la historia del cine con un empleo asombroso del fundido encadenado y un sobrio juego con los colores encendidos y apagados, una variedad cromática que han presidido toda la narración.

Jane Rule, autora de la novela original y coguionista del filme, desafió a la sociedad estadounidense de los ochenta de forma más lúdica y menos pesimista de lo que lo ha hecho Annie Proulx recientemente con “Brokeback moutain”. A diferencia de la historia de Jack y Ennis, la de Cay y Viven tiene un final feliz y sus secuencias de erotismo no muestran ningún tapujo. Aún hoy sirven de modelo para actrices que dudan como interpretar una secuencia de amor entre mujeres. El sentimiento de culpabilidad y el desconcierto se diluyen y aparece la dicha. Aunque su construcción es la de un drama familiar, coral y se enmarca en una microcomunidad que pretende ser el reflejo de un universo aparentemente convencional, la fuerza que adquieren los personajes de Cay y Vivien y la inversión final de sus papeles logran un broche de oro para un trabajo que destila a la vez vitalidad y melancolía.


Tuesday, September 02, 2008

WALK ON WATER





El espía que ¿me amó?


Hansel y Gretel están vivos y bien
Y residen en Berlín
Ella es camarera y sirve cócteles
Él participó en una película de Fassbinder
Y ahora, de noche, se sientan juntos
A tomar Schapps y Gin
Y ella dice: Hansel, de veras me deprimes
Y ella responde: Gretel, de veras puedes ser una perra
Y continúa: he malgastado mi vida en tu tonta leyenda
Cuando mi único y verdadero amor
Fue la malvada bruja
Y él le responde: la historia es un ángel
Obligado a avanzar de espaldas al futuro
Y él ángel quiere regresar y arreglar las cosas
Reparar lo que fue destruido
De espaldas al futuro
Y a esa tormenta, a esa tormenta
la llaman
Progreso.

Laurie Anderson (“El sueño previo”)


Un asesinato al borde del mar. Un agente de la Mossad en busca de dos hermanos. Él guarda un secreto pero también ellos esconden los suyos propios. Del contacto mutuo ninguna de las dos partes puede salir indemne. Hansel y Gretel se han refugiado en Israel, su felicidad no es del todo completa, ya que Gretel-Pía sabe más que Hansel-Axel sobre las zonas oscuras del pasado familiar y casi tanto como Eyal, el agente justiciero “venido del pasado”.
La tierra prometida donde los dos hermanos quieren olvidar el pasado y encarar el futuro no es una tierra plácida, como nos indican esos atentados suicidas, que aquí resuenan como un eco en las noticias y que serán el eje temático de “The Bubble”, el último trabajo de Fox.


“Caminar sobre las aguas” es un filme amable y de visionado gratificante si lo comparamos con “Yossi & Jagger” o “The Bubble”, pero las cuestiones heredadas del uno (las sexualidades en un mundo militarizado o en conflicto) y las que se pondrán de relieve en el último (el conflicto palestino-israelí, la frontera, los nuevos modelos de familia, el choque de culturas, la salida del armario) ya aparecen apuntadas en su hábil construcción dramática, donde no obstante, Fox y Uchovsky quieren ganarse al público internacional con una apuesta más apacible y, al menos en apariencia, más convencional.
Este es su primer filme rodado en inglés y el que les ha abierto definitivamente las puertas al mercado internacional, estrenándose en las salas comerciales de muchos países. Y ello pese a que la película contiene- en una de sus secuencias de acción, la más tensa del filme- una de las declaraciones políticas más violentas de Fox cuando Axel lamenta que Eyal no haya disparado sobre la banda de neonazis que los asaltan a la salida del metro y los golpean al verlos junto con un grupo de gays, travestís y transexuales, visibles… Estamos lejos del ascetismo, la sobriedad y la radicalidad ética y estética de Gitai o Avi Mogravi, pero a cambio tenemos una mirada fresca, joven u desinhibida sobre los mismos temas y algunos más.





El ángel de la muerte encarnado por Eyal (Lior Ashkenazi) encarna una masculinidad fálica, retrógrada, monolítica, inseparable de su pistola, incapaz de derramar una lágrima, carencia que él achaca a un trauma de nacimiento. Un ser que representa un papel y que busca venganza. Eyal ha provocado indirectamente el suicidio de la mujer que lo amó y ahora busca obsesivamente encontrar y asesinar al abuelo -un antiguo nazi escondido- de esos dos hermanos que, en cambio, van a conducirlo por terrenos desconocidos.

La sombra del pasado es como un fantasma impreciso que pesa en todo el filme sobre la vida de dos jóvenes aficionados a la música y el baile; que buscan encarar el presente y dejar atrás un pasado familiar sombrío, materializado en ese agente disfrazado de guía turístico, un varón de maneras corteses e intenciones homicidas . El segundo largo de Fox es un filme más digerible que “Yossi & Jagger”, o al menos no tan extremo, con un final más optimista y plácido y sus hábiles puntos de giro argumentales. Esta vez el conflicto bélico Israel-Palestina se encarna sobre todo en la furia vengadora de un agente secreto, un hombre que va a encontrarse con muchos secretos que acabarán enfrentándolo a su propia identidad. Eyal monta en cólera cuando Axel se pregunta por las motivaciones de los terroristas palestinos, “por lo desesperada que tiene que estar esa gente…”. En cierto modo Fox está anunciándonos el tema de su siguiente largo, donde va a implicarse de lleno en el conflicto que sigue sacudiendo su país.





Una de los principales objetivos de “Walk on water” es mostrar cómo el amor, no sexual pero sí extremadamente sensual entre Eyal y Axel va a cambiar al primero, haciéndole abandonar la idea de matar. Fox de nuevo interpela a las gentes de su país, hace un tímido canto pacifista, aunque no llegue al desgarrado alegato antibelicista y la reflexión sociopolítica de “The Bubble”. El novio palestino de Axel está encarnado por Yousef Yoed Seid el mismo actor árabe que cobrará un trágico y romántico protagonismo en “The Bubble”, y a pesar de su presencia fugaz en el filme su frase lapidaria “los judíos estáis obsesionados con lo que os hicieron y no os molestáis en ir más allá…” resuena en todo el filme. Pero habremos de esperar al filme siguiente de Fox-Uchovsky para que la frase se materialice en una historia verdadera y en unas imágenes de amor y dolor, en las que la tragedia palestina aparece como la sombra de un nuevo tipo de holocausto, tal vez más sutil pero no menos devastador.

La reacción homófoba de Eyal cuando descubra el secreto de Axel (Axel es gay) será extrema porque en los rituales homosociales que han compartido- mear juntos, ducharse y bañarse juntos en el mar- Axel no ha revelado “su secreto”- no ha hablado lo bastante- pero Eyal, en esos mismos momentos de contacto físico y humano, ha compartido una parte íntima de sí mismo e incluso ha comenzado a feminizarse. Cuando por primera vez falla en las pruebas de tiro, Eyal lo achaca directamente “al exceso de cantantes femeninas”. Cuando frente al Muro de las Lamentaciones el arrogante Eyal se muestra indignado por todo lo que se le ha ocultado, la desgarrada y algo arrogante Pía (Carolina Peters) no le da una respuesta fácil. Para ella su hermano Axel y su sexualidad -de la que se pavoneaba de adolescente- tampoco es un tema fácil, como tampoco lo es el hecho de encarar que su abuelo siga con vida, manchando su presente y la relación con sus padres. La relación entre Axel y Pía es a la vez tensa, cariñosa y con un punto incestuoso que pertenece, sin duda, a la cultura alemana. Hansel y Gretel también salieron de plumas germánicas. Y es en Berlín, en la mansión donde ocultan al antiguo miembro de las SS, donde este ángel-demonio herido aprende a llorar en los brazos de Axel, siendo Axel quién ponga fin a la vida de su abuelo nazi.




El guión es habilidoso hasta el malabarismo- mezclando con sabiduría el drama y la comedia de situación-, pero puede parecernos demasiado alambicado y hasta algo tramposo a quienes admiramos la no menos hábil contención de "Time off" o “Yossi & Jagger”. Sin duda la mano de Uchovsky está más presente en este filme, del que es guionista y no sólo productor. Un trabajo en el que se incide más en la situación actual de Israel que en el machismo y la homofobia del ejercito y donde se nos muestra la vida en un Tel-Aviv moderno y colorista bellamente fotografiado en todos sus escenarios y, de nuevo, acompañado de la música de Ivri Lider. La identidad sexual en las fuerzas armadas de su país vuelve, no obstante a estar presente aquí personificado en el personaje que más drásticamente evoluciona, el falsamente hierático Eyal. Aunque quizá el cambio de Eyal pueda dejarnos insatisfechos porque esperábamos que cayera en los brazos de Axel y cae en los de Pía. Su contacto con el lado femenino es espiritual y carnal y su redención tiene algo de mesiánica. Eyal se convierte en padre. Pero su recuerdo final en la cinta es para Axel y se materializa con un lirismo que no teme rozar la cursilería en esa imagen final en la que ambos caminan sobre el mar de Galilea. No obstante, el filme nos ha planteado complejos interrogantes sobre las identidades que se mezclan, las culturas que chocan y las palabras que se contagian. La curiosidad de Eyal sobre la sexualidad de Axel se encuadra dentro de una política de lo normal que en realidad no acaba de cuajar, a pesar de la placidez del hermanamiento final.

Todas estas cuestiones sobre masculinidad y feminidad se llevan a primera línea en “The Bubble”, otra historia que puede parecernos demasiado rocambolesca pero que mantiene un magnífico equilibrio entre lo descarnado, lo realista, lo romántico y lo poético. En un momento de la cinta uno de los protagonistas de “The Bubble” dice “No empieces con Judith Butler”, una judía también desgarrada por cuestiones de género, raza y sexualidad que está quizás delante -o detrás- del espíritu de estos filmes, por la forma de cuestionar en su obra ensayística la dicotomía masculinidad/feminidad como un producto de las tecnologías de la raza, la nacionalidad y el militarismo o incluso como un abismo que confunde al sujeto entero/hetero en una posición fóbica. Como decía Trevor Hope “La homosexualidad no es la lógica que sostiene al sujeto masculino sino el abismo que lo confunde y lo arroja en su fóbica ex-sistencia”.