Sunday, May 04, 2008

MI ENTREVISTA EN LA REVISTA MEXICANA SIEMPRE




a cargo de Eve Gil



“Mi pasión por el cine es una pasión que tiene algo de enfermizo —confiesa Eduardo Nabal—. Sé que puede sonar algo tópico pero cuando la vida real no te satisface buscas un sucedáneo, y para mí, al menos, mi infancia y adolescencia fueron los libros y el cine.”Nabal, nacido en Burgos, España, en 1970, es autor del libro El marica, la bruja y el armario (Egales Editorial, Barcelona, 2007), donde se analizan obras cinematográficas desde una perspectiva homosexual y de género y nos brinda, además, una variante de esta confesión, que tiene que ver con la película Thelma & Louise, de Ridley Scout.




El trayecto

“Me interesa contar —dice— cómo desde mi posición de espectador gay, saliendo del armario en la época en que me pilló su archipublicitado estreno en 1992, la propuesta funcionó también como una posible fantasía de liberación (o al menos afirmación) gay masculina.”“Yo quería ser cinéfilo y ver que el cine me tratara con dignidad —continúa el crítico y escritor—. Yo quería que ese señor (y casi siempre era un varón, al menos entonces) que hablaba de cine pudiera hablar de gays, lesbianas y transexuales sin paternalismos, exabruptos o subterfugios. En este trayecto sucedió algo doloroso en mi vida: dejé de pertenecer al aula de cine de la Universidad de Burgos por razones injustas, rastreras y mezquinas que no viene al caso mencionar. Así que me puse a escribir una idea que me rondaba por la cabeza… y nació este libro”.El título del libro puede parecernos duro a los mexicanos, pero los términos “marica” y “bruja” han sido acuñados por homosexuales y feministas, respectivamente, transformado en sinónimo de autoaceptación y orgullo. Y si bien ambos grupos han sido aliados en la lucha por el reconocimiento a sus derechos, Eduardo centra su análisis en la misoginia gay y la homofobia femenina, según se ha planteado en el cine de ayer y hoy.



Los insultos



“Queer es un insulto. En inglés significa maricón, bollera, marimacho… El término surge como apropiación de ese insulto para darle la vuelta. Digamos que era el grito de los pobres del mundo gay-lesbiano visible, el grito de los enfermos de sida mal entendido, de las microcomunidades o minorías sexuales peor vistas. Ahora bien, este término ha sido apropiado por muchas personas, entre ellos gente de la academia.”“Es precisamente de las lesbianas y para las mujeres de toda condición de quien surge lo queer —continúa el crítico—. Y sus grandes madres en el mundo son gente como Alice Walker, Gloria Anzaldúa, Cherrie Moraga o incluso diría que Adrienne Rich, muy reivindicadas por el movimiento feminista. También hay jotas. Lo que ocurre es que los varones, de una u otra orientación sexual, tendemos a acapararlo todo, a darnos prioridad. Pero el movimiento feminista tiene una tradición fuerte y la cuestión gay-les-queer es más reciente. Como decía Anzaldúa: «Hay algo irresistible en tener acceso a ambos mundos…»”. Las críticas más ácidas del libro están dirigidas hacia el cine español (hasta la película mexicana "Y tu mamá también" sale más o menos bien librada del despiadado análisis del crítico). Eduardo lamenta que en su país no existan un Eytan Fox, un Ferzan Ozpetek, un Patrice Chereau, o al menos un François Ozon. Si acaso un Almodóvar muy apegado a la tradición oral femenina. “Yo meto mucha caña al cine español porque quiero más de él. Almodóvar es un clásico y hay voces nuevas como Ramón Salazar, Marta Balletbó Coll (directora de la apasionante "Sevigne") Miguel Albadalejo o el controvertido Antonio Hens que se han dado a conocer tratando, entre otras muchas cosas, temas gays o lesbianas. ¿Por qué no hablar en primera persona? ¿Y por qué sus trabajos aquí no tienen tantos seguidores como los de Fox u Ozon en sus respectivos países? Estamos muy adelantados en cuestiones de legislación pero el cambio sociocultural deja mucho que desear. Lo vemos reflejado en las pantallas.”



La bisexualidad de Shakespeare



Respecto a la vigencia que han cobrado William Shakespeare y Oscar Wilde en el cine hollywoodense, “las fuentes históricas de Shakespeare in love —dice el crítico— son imprecisas, pero la bisexualidad de Shakespeare es un hecho conocido y no podemos desligar su vida y su obra, como no lo hacemos cuando hablamos de la vida y los amores de los literatos heterosexuales. Hay que leer entre líneas, como en el caso de Lorca, Cernuda o Cervantes, pero ¡hostia!, que nos lo presenten enamorado y en una gran producción de Hollywood para dejar tranquilo «a no sé quién», me parece muy fuerte. De todas formas el filme que abordo en el libro es Belleza prohibida de Richard Eyre, basada en la obra «Complet female stage beuty», situada en el siglo XVII. Estamos ya más cerca de Virginia Woolf y de Oscar Wilde. Un filme muy hermoso sobre el género como teatro.” Prosigue Eduardo Nabal:“Wilde escribió sobre algo muy intemporal; las apariencias, la hipocresía, criticó con dureza la sociedad de su tiempo y para su desgracia se enfrentó a ella sin las armas que hoy tenemos en algunos países para combatir la homofobia…, ¡pero yo quiero ver una versión nueva de «Dorian Gray» donde se destape la carga homoerótica del original!”.De las películas recientes con temática gay que ha visto Eduardo Nabal, considera que las que más se aproximan a la realidad contemporánea son "Shortbus", de John Cameron Mitchell y "Crazy", del canadiense Jean Marc Vallé. “El primero sería una especie de paraíso de diversidad al que se aspira y el segundo uno de los muchos posibles retratos del mundo del que venimos. .

Sunday, April 06, 2008

FIN DE SEMANA PERDIDO









DIAS SIN HUELLA


De todas las películas que han abordado el alcoholismo en la sociedad estadounidense y sus efectos las que mejor se han mantenido en pie a pesar de los manierismos del periodo han sido sin duda “Dias sin huella” de Billy Wilder y “Dias de vino y rosas” de Blake Edwards, ambas retratos humanos y sociales de envergadura, situados en escenarios y coordenadas espacio-temporales bien diferentes y con distinto talante narrarivo




La primera – y posiblemente la más vigorosa de las dos- es la traducción macarrónica de “Un fin de semana perdido” título original de la novela de Charles Jackson en que se basa el filme y título del filme en inglés. Esta película puso a Billy Wilder en la alfombra roja tras la desigual acogida en su momento de otro título hoy legendario, la negrísima y espléndida “Perdición”.




“Días sin huella” es la historia de un joven alcohólico y su particular descenso a los infiernos. Wilder nos introduce con maestría- y de un modo progresivo pero implacable- en la mente atormentada de Don (Ray Milland) y en particular bajada al averno, de copa en copa, de bar en bar, por las calles y las escaleras, del hospital psiquiátrico a la casa, de la ópera a la casa de empeños hasta encontrarse con sus peores pesadillas, que se ejemplificarán en la estremecedora secuencia del “delirium tremens”, uno de los momentos más terroríficos del cine de los cuarenta. Uno de los grandes problemas del filme es que la censura del momento no dejó pasar de las páginas al celuloide que Don no bebe solo por carecer de inspiración- o por ser la “oveja negra” de la familia- sino que también bebe para reprimir su homosexualidad, mal vista en el momento y en la época dentro y fuera de las pantallas. Wilder como Dymitrick en “Encrucijada de odios” cambia los registros del original literario para pasar el código Hays y las inmorales trabas de la época y no indaga del todo en “los motivos de Don”, no obstante la solidez de la puesta en escena y la interpretación de Milland salvan este aspecto oscurecido de la narración.

Otro de los problemas es, a mi entender, la elección de la todavía jovencísima y novata Jane Wyman como Helen, novia de la protagonista, en un personaje que queda totalmente desdibujado. Asimismo hoy día algunos secundarios pueden parecernos algo tópicos- como ese barman parlanchín y comprensivo que interpreta el excelente Hodward da Silva- pero que en su momento y gracias a la maestría de los afilados diálogos de Wilder y Brackett supusieron todo un descubrimiento. Sin establecer odiosas comparaciones las breves apariciones de Da Silva (actor represaliado por la caza de brujas) en el filme son todo un reto a todos los actores y actrices que han encarnado con posterioridad un papel similar, sirviendo copas a fracasados con historias que contar.




“The lost weekend” sorprende hoy por la maestría con la que Wilder disecciona con sinceridad,- pero sin descartar su habitual ironía y su particular tono cáustico- la odisea de Don, la gran interpretación de un actor desaprovechado donde los haya: Ray Milland. Una odisea que es una implacable mirada al mundo de los perdedores que tanto gustaron a Wilder desde “Double indemity” hasta “Fedora” pasando por “El apartamento”. La combinación de melodramas desatados y magistrales con comedias hilarantes y afilados- o la mezcla de ambos géneros- hacen hoy difícil analizar la desigual pero extraordinariamente fértil carrera de Wilder. “Días sin huella” es la historia de un intento de escapar de la vida, de una vida que se nos presenta anodina y pragmática en los personajes de Wick, el hermano del protagonista- estirado y receloso- y en esa novia demasiado abnegada e incapaz de rescatarlo de su encierro y su personal deriva, física y espiritual.

El hombre y la botella. El hombre y la página en blanco. La soledad y el murciélago. Caín y Abel. La bella y la bestia. El hombre y un mundo al que no quiere o no puede pertenecer. El filme, al igual que como “Sunset Boulevard” comienza con la cámara aproximándose a la ventana de un bloque de edificios, de un vecindario anodino. Un escenario poco habitual para el Hollywood del momento. La música de Miklos Rozna acompaña las primeras imágenes dando el tono ideal- de falsa apacibilidad- a esas imágenes duras, rodadas en una variada gama de grises. El tono neo-realista sorprende en un filme estadounidense de los cuarenta al igual que las aristas de un filme cada vez más oscuro a pesar de su final amable, de algunos secundarios borrosos y de las concesiones al público. Como la botella que Don esconde en el alfeizar la estabilidad emocional del personaje cuelga de una delgada cuerda desde le acompaña desde la autodestrucción a la redención.

Pero vayamos por parte. ¿Es “Días sin huella” una historia sobre el alcoholismo, sobre el bloqueo del escritor, sobre la soledad, la masculinidad, sobre la dificultad de adaptarse a un mundo seres pragmáticos por parte de seres creativos y distintos? Wilder ya en sus primeros filmes se permitió lanzar algunas de las puyas más violentas del periodo contra los valores establecidos de la sociedad estadounidense del momento, solo comparables a las de Mankiewicz, Kazan, Wyler, Ray, Rossen y Preminger en sus mejores momentos. La crítica, los Óscar y el apoyo de los sectores intelectuales progresistas de la sociedad del momento permitieron que se realizaran unas películas que hoy nos sorprenden por su audacia frente a otros títulos del periodo también considerados clásicos pero reblandecidos por la irrealidad de los relatos, los interpretes o los imperativos de los grandes estudios. El macartysmo intentaría sofocar esta corriente crítica tanto en el cine, como en la literatura, la radio, la prensa, la sociedad y la política. Este filme como todos los filmes de Wilder hasta la eclosión que supondría “Sunset Boulevard” fueron realizados para la Paramount que entonces, a diferencia de estudios como la Metro, y acercándose más a la Fox en sus mejores tiempos se atrevió con propuestas más atrevidas y las historias más valientes. Como en su obra maestra “El crepúsculo de los dioses” Wilder nos cuenta el relato de un fracaso existencial solo que si allí llegaba hasta el fondo de la tragedia aquí nos obsequia con un “final feliz” que no obstante no logra borrar el devastador retrato humano y social al que hemos asistido.

“Dias sin huella” es un filme psicológico que no obstante elude con sabiduría cualquier atisbo de la moda freudiana y psicoanalítica tan de moda en la sociedad norteamericana del momento, una moda que lastró a filmes hermosos como “Recuerda” de Hitchcock” o “Vorágine” de Preminger. Wilder elude todo atisbo de “psicoanálisis barato” y en cambio crea un mundo propio y asfixiante que debe mucho a la literatura, el guión perfectamente construido y a la dureza con la que Wilder filmó sus mejores títulos La fotografía de Joseph La Shelle nos devuelve a la atmósfera turbia de “Perdición” pero aquí no hay crímenes, pasiones oscuras ni mujeres fatales aunque si engaños y crímenes “contra uno mismo” y contra un entorno cercano cada vez más ominoso y asfixiante, rodado con luces y sombras herederas del expresionismo alemán que pasaron con triunfo al cine negro desde los inicios a través de la mano de gente como Fritz Lang o Robert Siodmack. Hoy “Dias sin huella” es recordada por muchos por esa larga secuencia del protagonista recorriendo de madrugada la larga avenida en dirección a esa “casa de empeños” donde va a cambiar su máquina de escribir por dinero para beber. Con ese gesto parece desprenderse su único lazo con el mundo racional y con si mismo, con su talento sofocado por un mundo gris y endurecido, abandonándose totalmente a la caída en el abismo.

Wilder llega más lejos que otros filmes haciendo que Don sea el hilo conductor de su historia y el personaje con el que, a pesar de que su único propósito sea conseguir otro trago de whisky, empatizemos, intentando eludir moralismos o respuestas fáciles. “Dias sin huella” nos cuenta la vida de Don en un fin de semana “perdido” en la que se queda solo en una casa poblado por fantasmas que habitan en su propia cabeza. El final feliz, algo postizo, nos redime a Don comenzando a escribir esa novela que titulara “La botella”. Un final que lo une a Helen y a sus propios recursos y lo reconcilia, nunca del todo, con el mundo y el cine del momento.

Monday, November 19, 2007

¿QUE TENDRÁ LA PRINCESA?



¿QUÉ TENDRÁ LA PRINCESA?

ALEJANDRO MAGNO de Oliver Stone.


Roland Barthes decía que sin Edipo y su mitología no habría narración (literaria, cinematográfica...). El Rey, el padre, la madre, el trono, la sangre. Basta con ver las noticias para saber que la monarquía sigue siendo una fantasía poderosa sobre nuestras vidas de ciudadanos de la polis, una mitología que necesitamos, repudiamos, añoramos o de la que renegamos con furia. La reina (The Queen) de Frears, El Rey Lear, El Rey desnudo, La Malvada Reina… Alejandro fue según la película de Stone algo más que un Rey. Fue un emperador, un semidiós. Si la gran injuria griega fue deshumanizar a Safo, poetisa y musa lesbiana, para convertirla en Diosa, Stone no se ha atrevido ni a desexualizar a Alejandro ni tampoco (taquilla manda, Gran Estudio impera) a convertirlo en “reina” en condiciones. Me explicaré.

Entramos en la Historia con Mayúsculas, tras unos títulos de crédito ampulosos, con una potente banda sonora, que más parecen el comienzo de un filme de ciencia-ficción que de un filme histórico o un peplum ambicioso; pero si a la superproducción la despojamos de mapas amarillentos, de ínfulas imperiales, de largas batallas, sangre, celos y venganza ¿Qué nos encontramos? Con tres escenarios fundamentales en el filme: el lecho materno, el lecho conyugal y el lecho de muerte, todos bellamente fotografiados e iluminados por antorchas. Y ¿en medio de todo? Un príncipe melancólico que reclama el anillo que un día dejó atrás para arrasar a Europa, para conquistar terrenos, para invadir pueblos extranjeros a través del hermanamiento. El amor interracial y el amor incestuoso, la alcoba del rey nos siguen fascinando. Stone ha desexualizado a Hefestión (convertido en un Jared Leto insulso petrificado), a demonizado a Jolie pero Farrell (un actor en alza) rezuma carnalidad por todos los poros en su papel, incluso antes de ser él mismo: Magno Alejandro, en filme. Así su personaje es sobre todo una infancia que va a determinar una toda una vida. Una infancia atormentada y una adolescencia a la nueva usanza que fascinan a Hollywood. Olimpia, Filipo, Edipo, Medea, el caballo, el anillo y las serpientes.

Hay algo de la herencia de Kane-Welles (ciudadano-emperador, de infancia errática y juventud ambiciosa) y algo de irreal en los vericuetos que toma la historia. El filme parece, dotado de varios prólogos, haber sido cortado por muchas partes, oscilar entre un drama delirante, la comedia negra y una pretenciosa reconstrucción histórica. La sexualidad es un tema central y a la vez silenciado en el filme; porque aunque Alex-Farrell conoce “muchas formas de amar y odiar” solo pone algunas en práctica. Bagoas y los muchachos persas, la princesa Roxana de mirada felina piel Oscura, Olimpia esperándolo impaciente desde Atenas , ese padre juerguista y carnicero al que nunca llega a matar del todo, ese Hefestión de mirada insinuante que reclama inútilmente un huequito en su lecho imperial…

Stone intelectualiza el peplum, más que Scott en “Gladiador” y mucho más que Petersen en la también homoerótica “Troya”, casi tanto como Kubrick y “Espartaco”. Pero las voces que lo intelectualizan son voces varoniles y autorizadas, voces en off o en on, que determinarán la vida de Alejandro, que cosifican a Olimpia, que dibujan mapas en la arena.


Aristóteles, pilar de la misoginia y homofobia griegas, Ptolomeo y la “Historia con mayúsculas”; una historia de libros polvorientos frente a esas historias con minúsculas de las imágenes, unas imágenes que rezuman odio, amor celos, crueldad, pasiones insatisfechas. La separación entre lo privado y lo público está presente en la vida de los Grandes Hombres, de las princesas de los cuentos de hadas, de los guerreros y los monarcas.

Alejandro es un gran estratega, un batallador incansable, pero también un rey melancólico, un príncipe triste. La princesa está triste ¿Qué tendrá la princesa?

Saturday, November 17, 2007

MI CUERPO QUEER




( a todas las personas psiquiatrizadas por su género, su deseo, su cuerpo o su mente)


El cerebro es un organo hombre


el corazón un organo hembra


mi culo es maravilloso


aunque no siempre está libre


amo a bolleras fugitivas y a maricas mientras buscan trabajo


odio el heteroschock de psicólogos, pediatras, educadores y endocrinólogos


mate al psiquiatra y no tengo remordimientos


ame mi pene y ahora ya no me sirve


ese aparatito para mear de pie


ahora me sirve para gozar sentada


he oteado cárceles y psiquiátricos, reformatorios del género y salas de espera del sexo


pero solo he sido un turista


he tenido un cuerpo de hombre


pero solo he sido una turista


soprendida por la cantidad de nombres


que le ponen a órganos tan pequeños


mi sangre es ahora siempre menstrual


porque no llego a fin de mes


me miro al espejo


y ya no se quién soy


hombre-mujer, pajaro-araña


¿puedo reivindicar mis ovarios sin que me los hayan señalado?


¿Tengo mi carta astral y me ahora me niegan mi menú cromosómico?


Mi cuerpo sigue sexuado


pero no como ellos quisieran


¿quienes son ellos?


yo, tu


el


ella

Sunday, November 04, 2007

CLANDESTINOS


Tuve la ocasión de asistir en el festival de cine gay-les-trans de Madrid al estreno mundial de “Clandestinos”, el primer largometraje de Antonio Hens. Este director se dio a conocer por su valiente y premiado cortometraje “En malas compañías” que, al igual que este filme, está protagonizado por el joven Israel Rodríguez. Hens se embarca aquí en un argumento difícil y algo rocambolesco sobre el amor ¿imposible? entre un joven abertzale y un maduro guardia civil.

Tres chicos se escapan de un reformatorio, dos inmigrantes y Xabi, un muchacho vasco (Rodríguez), que tras su máscara de fanatismo adolescente oculta una profunda necesidad de amor. En el filme hay dos figuras paternales: el antiguo mentor del intrépido joven, un hombre del entramado de ETA, y el maduro y solitario guardia civil retirado al que encarna Juan Luís Galiardo, co-productor del filme. En toda la película está la sombra de Eloy de la Iglesia, amigo y, en cierto sentido, gurú espiritual de parte del cine de Hens. “Clandestinos”, no obstante, se acerca más a la comedia iconoclasta que al melodrama social, rompiendo tabúes vigentes como el del terrorismo en nuestro país y otros más trabajados como la prostitución masculina, las relaciones intergeneracionales y la búsqueda de la identidad en un mundo mediatizado, donde las fuerzas policiales y el caos espiritual se han instalado en las vidas de las grandes urbes y en el corazón de jóvenes de diferentes razas y procedencias que tratan de sobrevivir y encontrar su lugar en un mundo violento, insensible, homófobo y ajeno a la verdadera naturaleza de sus problemas sociales y existenciales. El desnudo masculino, la alienación, el retrato de las capas más desfavorecidas de nuestro país y las relaciones hombre-hombre, hombre-mujer están presentes en “Clandestinos”,le como en parte del cine del ya desparecido Eloy de la Iglesia. Pero “Clandestinos” es el trabajo de Hens, un director joven y con pocos prejuicios a la hora de disparar aquí y allá. De nuevo, como en “En malas compañías” encontramos la desinhibición sexual de los protagonistas, las grandes superficies de los centros comerciales convertidas en sitios de ligue, la vigilancia de unos adultos, a la vez fascinados y atemorizados por las acciones y las actitudes nuevas de los jóvenes. Aunque algunos de sus escenarios están reconstruidos en Málaga, Hens sitúa su acción en el Madrid actual con su anquilosamiento espiritual y con la presencia creciente de la inmigración frente al fanatismo reaccionario. En los recuerdos de Xabi el filme incluye paisajes y paisanajes del norte de España, donde ese joven aprendió otro tipo de fanatismo y descubrió el amor-pasión de manos de Iñaki, un hierático etarra que ahora se niega a reconocerlo.

No sé cual será el destino comercial y crítico de “Clandestinos”; pero, pese a algunas imperfecciones o apresuramientos, es un título refrescante en el bastante acomodado panorama del cine gay de nacionalidad española. A Hens le gusta romper esquemas , pero una vez más en este filme, -incluso de forma más evidente que en sus cortos- se deja ver que ama con pasión a sus criaturas.

Saturday, October 27, 2007

ETICA MARICA



ETICA MARICA. Proclamas libertarias para una militancia LGTBQ.

Autor: Paco Vidarte

Editorial: Egales. Punto G, 2007.



“Ética marica” no es un libro, es un cortocircuito. Apagar unas bombillas para encender otras, fundir lamparas para abrir pantallas. El autor parece desprenderse de su propio y amplio legado para gritar a pleno pulmón acerca de aquellas cuestiones que afectan a la comunidad LGTBQ. Unas siglas que se desmontan y se revuelven en las páginas del libro porque la subjetividad es un dispositivo desde el que es difícil hablar por otros pero que no nos impide quedarnos quietos ante situaciones como la derechización consumista de gran parte de la comunidad gay, la indiferencia o la deferencia nada desinteresada de los poderes públicos, la apropiación de nuestros culos o vaginas por parte de intereses espurios. El libro es una virulenta diatriba a favor las voces silenciadas de aquellos que abrieron brecha en un mundo gay, lésbico o trasn, un universo que hoy se ha convertido en capitalino y capitalista y que nos gustaría que fuera de otra manera. O al menos que tuviera el valor de mirarse al espejo, con la descarnada lucidez con la que lo hace Vidarte en estos a la vez iracundos, lúcidos y delicados textos. Textos que, me temo, nunca entraran en los programas de una asignatura de “Educación para la convivencia”, pero que pueden ayudarnos a vivir de otra manera.
“Ética marica” nos dice que más allá de las simples y simplistas proclamas revolucionarias existen formas de hacer y deshacer política, en un mundo en el que identidades y diferencias (sociales, raciales, sexuales, identitarias) no pueden servirnos de mordaza sino de nuevos puntos de partida. El libro de Vidarte puede ofender a muchos oídos, puede levantar ampollas o simplemente desconcertar pero plantea muchas cuestiones candentes hoy en día: los diferentes senderos de la lucha por las libertades sexuales (como la presencia incómoda del reciente “Bloque alternativo”), las diferentes formas de concebir el espacio público, la búsqueda de un yo/tú políticos que necesitan reinventarse ante realidades que nos aplastan. “Ética marica” es un libro escrito desde las tripas, o desde el culo, y que te golpea y te hace repensar cuestiones que hoy por hoy parecen ya dadas por sentadas. Y es que un culo que no reinventa el mundo, es un culo en peligro de apoltronamiento.

Saturday, October 13, 2007

LES TEMOINS





LOS TESTIGOS de André Téchiné

“Los testigos”
es la última apuesta fílmica de uno de los grandes autores del cine francés contemporáneo. El otrora epígono de la nouvelle vague André Téchiné, recuperado para el público y la crítica gracias al éxito internacional filmes como “Los juncos salvajes” o “Les voleurs” , se atreve con un tema difícil: el surgimiento de la pandemia del SIDA en la Francia de los primeros años ochenta.

Dividida en tres episodios y estaciones del año: Verano (Los días felices), Invierno (Guerra) Verano (Regreso de la Paz), “Les témoins” está caracterizada por el pulso narrativo de Téchiné, el uso del movimiento y la tensa humanidad de la que dota a sus siempre desconcertantes y contradictorios personajes.



Emmanuel Beart, Michel Blanc nombres consolidados del cine francés del momento y nuevas caras se dan cita en una historia en tres actos en la que los protagonistas se enfrentan a varias pérdidas: la de Manu (Johan Libéreau) un joven gay -caído por la enfermedad- y la de la pédida su propia inocencia que supone también el temor y el desconcierto de los que le rodean. Ya no pueden limitarse a ser meros espectadores, el drama íntimo se ha convertido en un explosión de rabia colectiva. De nuevo el racismo, el mestizaje cultural, la juventud, la sexualidad y la naturaleza se dan cita en “Los témoins” como ya lo hicieron en “Alice et Martin” o incluso en la menos lograda “Otros tiempos”.




Téchiné conserva su juventud interior y soltura narrativas y sus constantes visuales: los cuerpos, el agua, la tensión de los espacios, los rostros, el dolor de la pérdida, el descubrimiento del otro y la música ( de su inseparable Phillipe Sarde) como un eterno contrapunto del silencio. El propio realizador ha señalado no existen el bien o el mal absolutos en su historia pero era necesario incluir la presencia de dos fuerzas que se han impuesto recientemente en nuestras sociedades ante realidades como el SIDA o la inmigración: “la medicina” y “los dispositivos policiales”. Dos fuerzas ominosas que no obstante no tienen respuesta ante una pandemia que pone en evidencia las debilidades humanas y sociales del universo crispado en el que habitamos.




Así el tono luminoso y el hedonismo de su primera parte contrastan con la invasión de la tensión , el silencio o la violencia hasta un final donde el director nos deja de nuevo un rayo de esperanza. “Les temoins” es la prueba de la vitalidad de un realizador que se ha adentrado en las constantes más difíciles del cine y la sociedad francesa en la que vivimos antes que nombres tan importantes como Patrice Chereau y François Ozon.
Esperemos que "Les temoins" no pase desapercibida como lo han hecho otros de sus mejores títulos: "Les innocents", "En la boca, no" o "Rendez-vous", filmes que poco a poco vamos podiendo recuperar en DVD.




"Los testigos" es un filme inabarcable, discutible en algunos de sus planteamientos éticos y estéticos, pero lleno de intensidad, donde es difícil no sentir el dolor y el desgarro, la herida y la cura, al tiempo que nos encandila la desarmante humanidad de la que el autor de “Mi estación preferida” dota a sus criaturas. De nuevo los personajes hablan de sí mismos y de sus circunstancias en un universo donde todavía es difícil mostrarse con autenticidad, donde los nuevos tipos de familia no se reconocen y donde las barreras sociales, sexuales y raciales siguen vigentes.




Estamos ante un filme a la vez terrible y luminoso, sensual y sangrante, vital y dolorido; una invitación a la reflexión íntima desde unas vidas que nunca se detienen. Como esa novela inacabada que reescribe la intensa Sarah (Emmanuel Beart) intentando dar sentido las vidas de unos seres que, a partir de un determinado momento momento, ya no pueden explicarse a sí mismos.