Monday, November 19, 2007

¿QUE TENDRÁ LA PRINCESA?



¿QUÉ TENDRÁ LA PRINCESA?

ALEJANDRO MAGNO de Oliver Stone.


Roland Barthes decía que sin Edipo y su mitología no habría narración (literaria, cinematográfica...). El Rey, el padre, la madre, el trono, la sangre. Basta con ver las noticias para saber que la monarquía sigue siendo una fantasía poderosa sobre nuestras vidas de ciudadanos de la polis, una mitología que necesitamos, repudiamos, añoramos o de la que renegamos con furia. La reina (The Queen) de Frears, El Rey Lear, El Rey desnudo, La Malvada Reina… Alejandro fue según la película de Stone algo más que un Rey. Fue un emperador, un semidiós. Si la gran injuria griega fue deshumanizar a Safo, poetisa y musa lesbiana, para convertirla en Diosa, Stone no se ha atrevido ni a desexualizar a Alejandro ni tampoco (taquilla manda, Gran Estudio impera) a convertirlo en “reina” en condiciones. Me explicaré.

Entramos en la Historia con Mayúsculas, tras unos títulos de crédito ampulosos, con una potente banda sonora, que más parecen el comienzo de un filme de ciencia-ficción que de un filme histórico o un peplum ambicioso; pero si a la superproducción la despojamos de mapas amarillentos, de ínfulas imperiales, de largas batallas, sangre, celos y venganza ¿Qué nos encontramos? Con tres escenarios fundamentales en el filme: el lecho materno, el lecho conyugal y el lecho de muerte, todos bellamente fotografiados e iluminados por antorchas. Y ¿en medio de todo? Un príncipe melancólico que reclama el anillo que un día dejó atrás para arrasar a Europa, para conquistar terrenos, para invadir pueblos extranjeros a través del hermanamiento. El amor interracial y el amor incestuoso, la alcoba del rey nos siguen fascinando. Stone ha desexualizado a Hefestión (convertido en un Jared Leto insulso petrificado), a demonizado a Jolie pero Farrell (un actor en alza) rezuma carnalidad por todos los poros en su papel, incluso antes de ser él mismo: Magno Alejandro, en filme. Así su personaje es sobre todo una infancia que va a determinar una toda una vida. Una infancia atormentada y una adolescencia a la nueva usanza que fascinan a Hollywood. Olimpia, Filipo, Edipo, Medea, el caballo, el anillo y las serpientes.

Hay algo de la herencia de Kane-Welles (ciudadano-emperador, de infancia errática y juventud ambiciosa) y algo de irreal en los vericuetos que toma la historia. El filme parece, dotado de varios prólogos, haber sido cortado por muchas partes, oscilar entre un drama delirante, la comedia negra y una pretenciosa reconstrucción histórica. La sexualidad es un tema central y a la vez silenciado en el filme; porque aunque Alex-Farrell conoce “muchas formas de amar y odiar” solo pone algunas en práctica. Bagoas y los muchachos persas, la princesa Roxana de mirada felina piel Oscura, Olimpia esperándolo impaciente desde Atenas , ese padre juerguista y carnicero al que nunca llega a matar del todo, ese Hefestión de mirada insinuante que reclama inútilmente un huequito en su lecho imperial…

Stone intelectualiza el peplum, más que Scott en “Gladiador” y mucho más que Petersen en la también homoerótica “Troya”, casi tanto como Kubrick y “Espartaco”. Pero las voces que lo intelectualizan son voces varoniles y autorizadas, voces en off o en on, que determinarán la vida de Alejandro, que cosifican a Olimpia, que dibujan mapas en la arena.


Aristóteles, pilar de la misoginia y homofobia griegas, Ptolomeo y la “Historia con mayúsculas”; una historia de libros polvorientos frente a esas historias con minúsculas de las imágenes, unas imágenes que rezuman odio, amor celos, crueldad, pasiones insatisfechas. La separación entre lo privado y lo público está presente en la vida de los Grandes Hombres, de las princesas de los cuentos de hadas, de los guerreros y los monarcas.

Alejandro es un gran estratega, un batallador incansable, pero también un rey melancólico, un príncipe triste. La princesa está triste ¿Qué tendrá la princesa?

Sunday, November 04, 2007

CLANDESTINOS


Tuve la ocasión de asistir en el festival de cine gay-les-trans de Madrid al estreno mundial de “Clandestinos”, el primer largometraje de Antonio Hens. Este director se dio a conocer por su valiente y premiado cortometraje “En malas compañías” que, al igual que este filme, está protagonizado por el joven Israel Rodríguez. Hens se embarca aquí en un argumento difícil y algo rocambolesco sobre el amor ¿imposible? entre un joven abertzale y un maduro guardia civil.

Tres chicos se escapan de un reformatorio, dos inmigrantes y Xabi, un muchacho vasco (Rodríguez), que tras su máscara de fanatismo adolescente oculta una profunda necesidad de amor. En el filme hay dos figuras paternales: el antiguo mentor del intrépido joven, un hombre del entramado de ETA, y el maduro y solitario guardia civil retirado al que encarna Juan Luís Galiardo, co-productor del filme. En toda la película está la sombra de Eloy de la Iglesia, amigo y, en cierto sentido, gurú espiritual de parte del cine de Hens. “Clandestinos”, no obstante, se acerca más a la comedia iconoclasta que al melodrama social, rompiendo tabúes vigentes como el del terrorismo en nuestro país y otros más trabajados como la prostitución masculina, las relaciones intergeneracionales y la búsqueda de la identidad en un mundo mediatizado, donde las fuerzas policiales y el caos espiritual se han instalado en las vidas de las grandes urbes y en el corazón de jóvenes de diferentes razas y procedencias que tratan de sobrevivir y encontrar su lugar en un mundo violento, insensible, homófobo y ajeno a la verdadera naturaleza de sus problemas sociales y existenciales. El desnudo masculino, la alienación, el retrato de las capas más desfavorecidas de nuestro país y las relaciones hombre-hombre, hombre-mujer están presentes en “Clandestinos”,le como en parte del cine del ya desparecido Eloy de la Iglesia. Pero “Clandestinos” es el trabajo de Hens, un director joven y con pocos prejuicios a la hora de disparar aquí y allá. De nuevo, como en “En malas compañías” encontramos la desinhibición sexual de los protagonistas, las grandes superficies de los centros comerciales convertidas en sitios de ligue, la vigilancia de unos adultos, a la vez fascinados y atemorizados por las acciones y las actitudes nuevas de los jóvenes. Aunque algunos de sus escenarios están reconstruidos en Málaga, Hens sitúa su acción en el Madrid actual con su anquilosamiento espiritual y con la presencia creciente de la inmigración frente al fanatismo reaccionario. En los recuerdos de Xabi el filme incluye paisajes y paisanajes del norte de España, donde ese joven aprendió otro tipo de fanatismo y descubrió el amor-pasión de manos de Iñaki, un hierático etarra que ahora se niega a reconocerlo.

No sé cual será el destino comercial y crítico de “Clandestinos”; pero, pese a algunas imperfecciones o apresuramientos, es un título refrescante en el bastante acomodado panorama del cine gay de nacionalidad española. A Hens le gusta romper esquemas , pero una vez más en este filme, -incluso de forma más evidente que en sus cortos- se deja ver que ama con pasión a sus criaturas.