Tuesday, January 24, 2006

Olivia encontrada en una libreria "de viejo" de Madrid

Siempre me he preguntado porque a las librerias donde venden libros antiguos, ediciones agotadas o usadas, títulos "ya de ocasión",reliquias o rarezas, las llaman "librerias de viejo" como si fueran tiendas de antigüedades donde se acumula el polvo, o tanatorios, o catedrales donde contemplar el brazo incorrupto de Santa Teresa, detrás de una vitrina. Los libros están vivos, sea cual sea su fecha de edición, sea cual sea su edad. Y hay muchos libros y mucha gente joven- de edad que no lo está, hay nuevos y novedades que nacen muertos y muertas. Me gustán los libros usados, subrayados, maltratados. Dicen, así, que han sido leídos, devorados con pasión o enfado, alegría o rabia. Nunca con la indiferencia del que se compra lo último de lo último en el Corte Inglés, leyendo el Babelia o mirando los rankings de los más vendidos. En las librerias de viejo (¿porque no "de vieja" si según las estadísticas las mujeres leen más y mejor que los varones?) desaparece la guía de la academia, la bibliografía recomendada o la gacetilla de últimos lanzamientos. En esas librerias hay que buscar y buscarse. Y esa es mi pasión. Buscar, (h)ojear, revolver hasta encontrar aquel ejemplar que te seduce y se deja seducir, que te dice, "estoy hecho para tí", "soy lo que andabas buscando" o "me olvidaron y no me lo merecía". En sendas librerias antiguas de Madrid encontré una edición del ya agotado "Las guerrilleras" de Monique Wittig y, hace poco, por tres euros, una edición finísima de "Olivia" de Olivia Strachey, miembra poco recordada del grupo de Bloomsbury. En ambos casos los libreros eran jóvenes y el segundo además muy guapo y simpático.
"Olivia", más convencional que el otro, ha sido reeditado por Lumen hace unos años. La edición que yo tengo, es más bonita, más frágil, más delicada. Nada que ver con un burdo "Codigo Da Vinci" o un flamante nuevo título de Loriga o Etxebarría. "Las guerrilleras" sigue sin reedición. La que tengo es de Seix-Barral, de los años setenta, y en la solapa hay una foto juvenil de la autora. ¿Por qué "Las guerrilleras" no han visto otra vez la luz? Tal vez porque sigue siendo un libro incómodo, un manual de combate contra el lenguaje del amo, del patriarca, del opresor desde un lesbianismo intrépido, que busca en los intersicios del lenguaje, de los símbolos y la historia, los orígenes de la rebeldía de las mujeres que aman a mujeres, empezando desde el 0 o la O nuevas formas de subvertir el discurso. Wittig se apoya en la tradición clásica y lesbianiza sus simbolos. Esta autora ha muerto hace poco. Sólo se ha editado (por Egales) su ensayo "El pensamiento heterosexual", pieza muy trabajada ahora por la teoria queer, traducido por primera vez al castellano, veinte años después de su aparición en inglés. Sus otros libros, sus máquinas de guerra literarias, poéticas y língüísticas, siguen sin (re)editor. "El cuerpo lesbiano", "Borrador para un diccionario de las amantes". A pesar de que han tenido un amplio público. Algunas ni siquiera fueron traducidas como tampoco podemos ver sus trabajos cinematográficos. Yo tuve que leerme su cautivador "Borrador para un diccionario de las amantes" (bellamente traducido, creo por Peri Rossi o Ana Moix) enclaustrado en un cuartucho de la Biblioteca Pública de Burgos, conseguido por préstamo interbibliotecario, sin poder sacarlo, llevármelo a casa. Tuve que devorarlo sin detenimiento, como quién hace algo sucio o anacrónico. El libro, su borrador del diccionario, sigue, no obstante, en mi memoria, como me imagino que en la de muchas mujeres y lesbianas que se redesubrieron, se renombraron, se reencontraron en él. "Olivia", creo, es de más facil acceso hoy, fuera incluso de las bibliotecas públicas o universitarias, aunque no se si tiene ahora, en su nueva edición, el precioso prólogo que yo encontrado en Lumen de los setenta.
He querido poner un trocito de la introducción de "Olivia", escrita por su propia autora, que escribió, tal vez temiéndo de antemano, los efectos de un libro que, tal vez, a algunos, hoy parezca hasta soso o naive. Para mí sigue trátandose de una delicada joyita, tal vez menor, pero , a ratos, también una evocadora autobiografía novelada, recuerdos de una infancia y adolescencia raritas, que vió por primera vez la luz en 1949 y de la que se ha hablado muy poco, a pesar de ser, muy superior, a otras de su género.
(La traducción es de Angel Jové y está dedicada a Virginia Woolf, aunque sólo aparezcan las iniciales. Para V.W.)
"He llenado este invierno melancólico y vacío escribiendo una historia. La he escrito sin modestia y sin fatuidad, para la propia satisfacción personal, sin preocuparme por los demás, sin inquietarme por apenar o escandalizar a los vivos, sin tener escrúpulos de hablar de los muertos.
El mundo, lo sé, está cambiando. No soy indiferente a la revolución que nos ha atrapado entre sus poderosos engranajes, a la enormidad del diluvio que amenaza con engullirnos. Pero ¿que puedo hacer yo? En el caso de la tempestad que nos rodea, he buscado refugio en una pequeñaa balsa, construida con lo salvado del recuerdo. He intentado conducirla al tranquilo puerto del arte, en el que todavía creo. He intentado evitar los arrecifes y los bancos que defienden la entrada".
¿Para cuando un comienzo tan sencillo y honesto en la novela, los recuerdos o el relato de algún autor burgalés?.

2 comments:

Marisol said...

¿Podrías decirme quien traduce Las Guerrilleras al español? La edición de Seix Barral ya está agotada.
Gracias.

Derrilyn said...

O_o ¿miembra?

membrus-membri (neutro)

no tengo nada más que añadir