Wednesday, September 13, 2006

LA NARRATIVA BREVE DE TENNESSEE WILLIAMS





Hoy Tennessee Williams (nombre original: Thomas Lainer Williams) es recordado como uno de los dramaturgos estadounidenses más brillantes y destacados del siglo XX. Se le sitúa desde las enciclopedias y programas educativos más elementales junto a otro gigante de la escena norteamericana de los cuarenta, cincuenta y sesenta: Arthur Miller .No obstante, el único lazo de unión entre ambos, a mi entender, se encuentra en cómo su teatro coincidió con el surgimiento del Actor´s Studio aplicando el famoso “Método” Stanislavky de interpretación y en que algunas de sus obras más populares fueron llevadas con gran éxito a las salas de Broadway por el mismo director de escena: Elia Kazan. Yo diría paralelismo acaba ahí. Como manifestó el propio Kazan en sus voluminosas memorias, el serio y, en ocasiones, moralista Miller jamás hubiera una escrito una frase como la que el sureño pone en boca de su personaje Blanche DuBois “La crueldad deliberada es el único pecado imperdonable”. Ambos son profundamente estadounidenses, ambos retrataron el fracaso de los seres humanos en una sociedad que se pretende opulenta y que se mira en los triunfadores; ambos mostraron actitudes políticas progresistas, pero las brechas temáticas y estilísticas que los separan son en mi opinión mucho más hondas y se van haciendo más visibles a medida que pasa el tiempo y podemos releer no sólo sus textos teatrales -algunos de ellos convertidos en películas de gran éxito comercial y discutible resultado artístico- sino en el resto de literatura que produjeron y que, sobre todo,en el caso del sureño, ha pasado injustamente desapercibida.
La faceta de narrador de Williams ha sido eclipsada por la sensación que causó su escritura dramática y por la buena acogida que siguen teniendo las reposiciones de los mejores filmes basados en sus obras más populares como es el caso de “Un tranvía llamado deseo” que el propio Kazan llevó a la pantalla con notables resultados, a pesar de los molestos retoques impuestos por la censura católica.

Ediciones Alba en su interesante colección “Clásicos Modernos” -ahora también disponibles en edición de bolsillo- bajo el título "La noche de la iguana y otros relatos" ha reeditado algunos de los relatos cortos de Williams, pertenecientes a diferentes etapas de su trayectoria vital y creativa. Quienes se tomen la molestia de acercarse a éstos verán el germen de muchos de sus grandes dramas escénicos sino un nivel literario de una delicadeza y a la vez brutalidad no sólo comparable a las de sus piezas e incluso aún mayor. Nos sorprende la modernidad de un narrador que algunos se empeñan en seguir calificando de antiguo, por tener una visión de la sociedad, de los conflictos éticos y morales, de la sexualidad en general (y la homosexualidad en particular) que pueden parecer harto superados. Pero la relectura de algunos de sus mejores cuentos no sólo nos devuelve a la intemporal atmósfera del profundo y decadente Sur (ya convertido en tópico literario y cinematográfico) que también retrataron con éxito otros autores como Capote, Faulkner, O´Connor, Carson McCullers o Eudora Welty sino a una universalización del problema del sufrimiento humano llevado al extremo y de la búsqueda de la redención y autorrealización en medios hostiles, una cuestión que traspasa fronteras y coordenadas espacio-temporales. La narrativa breve de Williams tiene cualidades casi pictóricas, de un arrebatador y colorista lirismo, también presente en las extensas, minuciosas acotaciones de su teatro, que lo sitúan más cerca de nuestro Lorca que de cualquier otro dramaturgo anglosajón y que se mezcla con un gusto por retratar a seres anímicamente tullidos pero también llenos de una extraordinario vitalismo, de tal modo que su escritura sólo puede calificarse de poética.
Sorprende en la selección que se ha hecho para la traducción al castellano de algunos de sus relatos cortos la presencia de algunos, como el primerizo y aburrido “La venganza de Nicrotis”, y la ausencia de otros, como el delicado y chejoviano “El parecido entre la caja de un violín y un ataúd”, el tristísimo y evocador “Caramelo fundido” o el brutal y desconcertante “El masajista negro”.
No obstante esta reedición (algunos de ellos pudieron ya leerse en la edición mexicana de Losada) nos da la oportunidad de redescubrir la escritura mágica de textos como “Lo importante” sobre el amor imposible de dos adolescentes en un campus escolar típicamente estadounidense o “El ángel en la alcoba” - con claros aspectos autobiográficos - en los que un aspirante a escritor se encuentra con una serie de personajes a la vez tiernos y monstruosos sobre los que planea la sombra de la enfermedad, el sexo, la muerte y la resurrección a través de la memoria. Autobiográfico es también “Retrato de una joven en cristal” el esbozo de lo que luego sería su primer éxito en Broadway, “El zoo de cristal”, un frágil microcosmos de su propia familia marcada por la modestia, la ausencia del padre, los sueños y, sobre todo, por el recuerdo de su hermana Laura que sufriría graves problemas psiquiátricos y hasta sería objeto de una lobotomía que el autor incluyo en una de sus piezas más crudas “De repente, el último verano” convertida en famosa y taquillera película por Joseph L. Mankiewicz.
No obstante, en esta ocasión como en otras, sus piezas teatrales se vieron desvirtuadas por los condicionamientos del cine del momento que parecía saber lo que el público esperaba de una película basada en un drama de Williams:morbo, poesía, crueldad y unas dosis de sexualidad poco habituales para el cine del momento. Otra de sus obras más famosas, “La gata sobre el tejado de zinc caliente”, fue convertida en un atractivo pero descafeinado melodrama en techicolor por Richard Brooks más preocupado por lucir el talento interpretativo de Paul Newman y Elizabeth Taylor que por la fidelidad al texto, al que se le despojó de parte de su crudeza lingüística y de la referencia directa a la homosexualidad de su protagonista masculino.
Los personajes de Williams, sobre todo en sus primeros relatos, suelen ser seres débiles, abocados fracaso y la autodestrucción, pero a la vez con una extraordinaria energía interna que brota del uso que hace de modelos narrativos aparentemente clásicos para llevarlos al desbaratamiento del uso habitual de la lengua literaria a través de la introspección psicológica y el desmoronamiento espiritual.
Reciente ediciones Alba ha vuelto a apostar por los cuentos de Williams con la reedición de "Ocho mujeres poseidas", una recopilación, también algo variopinta, de relatos suyos en los que las protagonistas son mujeres de diferentes edades, generalmente muy próximas a sus retratos femeninos más famosos como la Alexandra del Lago de "Dulce pajaro juventud", la Blanche de "A streetcar..." o la Karen de su novela "La primavera romana...".
Williams parece, como literato, atrapado en su popio universo poético y desolador de seres solitarios y neuróticos, llenos de humanidad pero incapaces no sólo de salvarse a sí mismo sino, en muchas ocasiones, de no acabar aniquilando a los que les rodean.
Esta reseña no pretende ser un estudio de la obra de un escritor inmenso sino una invitación a acercarse a la que es, junto con la su aquí inédita producción poética, la parte menos conocida de su producción como escritor.

4 comments:

José L. Serrano said...

Una invitación de lo más sugerente.

Gracias una vez más.

Aquiles said...

tennessee williams es uno de mis autores preferidos. ¿Conoces un artículo, "remembering tenneessee", que truman capote escribió cuando murió williams? es bastante curioso
saludos

Maria said...
This comment has been removed by the author.
Maria said...

Hola Aquiles, podrías indicarme ¿dónde puedo adquirir el artículo que escribió Truman Capote? A propósito de artículos, les recomiendo el ensayo de Hermando Valencia Goelkel, "El Gato en el Tejado Caliente", un sorprendente análisis de la obra de Tenneeessee Williams, basado en la película de Brooks. Lo podeís bajar de internet desde la web de la biblioteca Luis Angel Arango