Wednesday, December 28, 2011

HUIS CLOS




UN DIOS SALVAJE

En poco más de una hora Roman Polanski realiza una de sus mejores y más sorprendentes películas adaptando con fidelidad -al texto pero también a su propio estilo y sus obsesiones habituales- la obra de teatro de Yasmina Reza “Carnage”. “Un dios salvaje” como la fallida “Cul de sac” o la incomprendida “El quimérico inquilino” es una comedia, lo que de entrada sorprende algo a los admiradores del director de “La semilla del diablo”, aunque el humor, negro y caústico, la falta de fe en ser humano y la obsesión por los espacios cerrados hayan estado presentes a lo largo de su irregular pero dilatada y fecunda obra. Pero, si Polanski en películas como “La muerte y la doncella” encerraba a sus personajes para hacernos sufrir, en “Un dios salvaje” se decanta por una comedia ácida pero relativamente amable a pesar de las miserias personales que van revelando los cuatro protagonistas (Jodie Foster, John C. Reilly, Christopher Waltz y Kate Wislet) dos matrimonios que se reúnen en casa de uno de los dos bandos para solucionar pacíficamente la “agresión” del hijo de unos al vástago de los otros en un parque, a la salida del colegio. Y, como escolares enfurruñados o encerrados en su mundo, se nos muestran esos dos matrimonios “adultos” que progresivamente revelan sus flaquezas y sus obsesiones.





Podemos decir que no hay demasiadas sorpresas en el transcurso nada apacible de “Un dios salvaje” ya que cada uno de los cuatro protagonistas se comporta tal y como el público espera de ellos, pero si una sabia dosificación de los momentos de humor y crueldad, de reflexión y rabia, de ironía y desastres íntimos. La cámara de Polanski se mueve con soltura e inteligencia en este pequeño piso que da al puente de Brooklyn pero cuyo mensaje (la crítica a lo “políticamente correcto”, las crisis de pareja, la mentira y la violencia soterrada en las relaciones humanas) queda bastante claro al espectador. Y tal vez sea el único fallo de un filme exquisitamente rodado e interpretado con entusiasmo: la falta de zonas oscuras en los cuatro personajes luchando verbalmente hasta la extenuación. Si parece evidente que Wislet le gana la partida a una algo afectada Jodie Foster, de los dos personajes masculinos (un tanto peor parados en esta tragicómica sucesión de pequeños disparates de “clase media” estadounidense llena de aspiraciones, sueños, miserias y complejos) no sabemos si es John C. Reilly o Waltz quien se gana al público con sus personajes -en particular este último- cargados de antipatía.



“Un dios salvaje” es una de las películas más sanas de Polanski porque, aunque se ríe de sus personajes, también se ríe con ellos cuando, inesperadamente, nos vemos reflejados en algunos de los aspectos de su personalidad, de sus acciones o de la situación “absurda” en que se ven envueltos.

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